Brigadistas y voluntarios trabajan entre los escombros de los edificios colapsados durante un sismo de magnitud 7,1
Brigadistas y voluntarios trabajan entre los escombros de los edificios colapsados durante un sismo de magnitud 7,1 - EFE

«Fue la primera vez en mi vida que creí que me moría»

El terremoto se ha cobrado la vida de al menos un español y más de veinte desaparecidos

MADRIDActualizado:

Al menos un español ha muerto y más de veinte están desaparecidos desde que el martes un terremoto sacudiera el corazón de México. El Ministerio de Asuntos Exteriores español confirmó ayer la muerte de un español residente en el país mesoamericano, cuya identidad no ha trascendido.

Las familias de los desaparecidos están en permanente contacto con el departamento de Alfonso Dastis en busca de cualquier noticia que arroje luz sobre el paradero de sus parientes. Ocurrió ayer, con final feliz, con una familia de Ciudad Real, que vivió casi 24 de horas de angustia mientras su hija, Sofía Rodríguez González, no daba señales de vida. Su madre dio la voz de alarma ayer por la mañana tras intentar localizarla sin éxito. Unas horas después, la joven de 25 años y residente cerca del lugar donde se produjo el terremoto, comunicó a su familia que estaba bien. La suerte hizo que el día del seísmo se desplazara a Tuluca por motivos de trabajo, donde se sintió el temblor, pero no se produjeron daños. En la zona del terremoto sí se encontraban los artistas vigueses Teo Cardalda y María Monsonís, integrantes del dúo Cómplices, que se vieron sacudidos por el temblor en un estudio de grabación de la capital, junto al productor mexicano Aleks Syntek. Allí estaban grabando un disco y tenían previsto dar un concierto, que finalmente quedó anulado por el seísmo. El dúo comentó que aunque no es el primer terremoto que viven en el país y están bien y «tranquilos», las escenas en la ciudad son grotescas. «Se cayó el edificio de al lado», describieron ayer con pavor.

El fantasma de 1985

Ciudad de México parece una «zona de guerra». Otra imagen gráfica de cómo está la ciudad la facilitó Alberto Moreno, un español que reside en Ciudad de México y que ha sobrevivido al terremoto, aunque confiesa su pesar porque diez conocidos siguen desaparecidos. Solo la primera planta de un bloque de seis pisos donde trabaja quedó en pie. «Lo he notado como el de hace unos días, una sacudida muy fuerte con la que te mareas». Según Moreno, los mexicanos «tienen un trauma tremendo con el terremoto de 1985 y ha sido el mismo día». Quiso la fatalidad que coincidiese el último temblor de gran magnitud con un simulacro en la calle, donde la gente conmemoraba el seísmo que se llevó por delante miles de vidas. La tierra tembló bajo sus pies nuevamente, algo que mucha gente no creía posible.

El director de desarrollo de negocios de una multinacional en la capital de México, Ángel Llorente, de 38 años, estaba manteniendo una conversación por Skype con Guatemala y «de repente me dijeron: “Corta, corta, que viene un terremoto”. Sentí como todo vibraba. Los focos y las paredes empezaron a temblar y me pegué a la pared. Es de las cosas más fuertes que he vivido». Horas antes había habido un simulacro de terremoto, pero «no le había hecho caso», confiesa.

Llorente asegura que durante el tiempo que duró el temblor «no te da tiempo ni a tener miedo. Son diez o quince segundos». Este directivo español se confiesa afortunado porque en una de las zonas más afectadas, La Condesa, pensaba instalar su residencia hace siete meses cuando llegó a México. Tras el terremoto quiso ofrecerse para ayudar, «pero la ciudad estaba muy saturada y con muchos voluntarios». Ayer aseguraba a ABC que va a «intentar ir a echar una mano» en las zonas más afectadas por el seísmo.

«Yo en La Mancha no he vivido ningún terremoto similar y el sentirlo aquí ha sido algo raro, me quedé flipado», relató por su parte a Efe el antropólogo y cineasta Jorge Moreno, que estaba impartiendo un taller en la localidad de Tlalpan. Tras el seísmo, para promover la localización de personas, todas las compañías telefónicas están permitiendo hacer llamadas gratuitas, y el metro y el autobús están brindando servicios también gratuitos, cuenta.

«Hay que salir de aquí»

Alicia Bessa, pareja de un directivo español que llegó a México el pasado día 12, se encontraba en un supermercado «comprando un vinito español y de repente empecé a marearme y me fuí a la caja a pagar. Entonces todo se movía y la gente empezó a caminar muy deprisa. Nos sacaron a la calle. Ha sido la cosa peor que me ha pasado». Su pareja, el empresario José María Vall, estaba «en una reunión de la empresa donde trabajo y escuchamos un ruido fortísimo, como si hubiera explotado algo. Alguien dijo: “Esto es un terremoto y hay que salir de aquí”. La sensación de miedo fue de unos segundos que parecieron horas. Era como ir en un barco con temporal de un lado a otro».

Regina Pérez Santana, de 22 años estaba trabajando en un edificio cercano a la Plaza Inn, en Ciudad de Mexico. Horas antes había participado en el simulacro por el aniversario del seís,o de 1985. Cuando todo empezó a temblar de verdad no se escucharon sirenas, ni hubo avisos. La joven asegura que «fue horrible, se movía todo, estaba en el séptimo piso y veía cómo caía el yeso de las paredes, cómo se cuarteaban. Al bajar las escaleras nos quedamos sin luz y tuve que iluminar con mi teléfono. Había gente que se quedaba en su sitio y no quería salir. Fue la primera vez en mi vida que creí que me moría».