Sociedad

«Pasé de ser una alumna más a ser el maricón con el que meterse, al que humillar y golpear»

La infancia de Roberta Marrero se convirtió en «un infierno» por ser transexual

El dibujo de «El bebé verde», por Roberta Marrero
El dibujo de «El bebé verde», por Roberta Marrero - ROBERTA MARRERO (FOTO CEDIDA A ABC)

El color verde no siempre transmite esperanza, sino que, en ocasiones, tiene connotaciones negativas y se utiliza para referirse a cosas extrañas, poco habituales. Así ocurre cuando se utiliza la expresión «perro verde» para referirse a alguien, o calificativos como extraterrestre o alien. Sin embargo, la autora de «El bebé verde. Infancia, transexualidad y héroes del pop». (Lunwerg, 2016), Roberta Marrero, no pensó en estas connotaciones a la hora de decidir el título, aunque lo cierto es que bien puede relacionarse con su realidad. En su obra recoge cómo fue su infancia siendo una niña transexual.

«No nací ni hombre ni mujer, nací bebé», comienza el libro, lleno de ilustraciones y hojas de cuadernos con una caligrafía propia de una niña. En una entrevista con ABC, Roberta Marrero relata cómo se sintió durante su infancia: «Cuando era pequeña, obviamente sabía que me pasaba algo que no le pasaba a los niños que estaban a mi alrededor, pero tampoco lo podía nombrar porque en esa época no teníamos la información que tenemos hoy en día. Sabía que me pasaba algo, sabía que me gustaban cosas que eran de niña y no de niño, sabía que no podía evitar pensar como una niña y no como un niño… Pero en realidad yo siempre he sido yo», explica. La autora hace hincapié en este aspecto, pues asegura que su personalidad siempre ha estado ahí, siempre ha sido ella misma: «Yo no tengo esa cosa en mente de pensar que nací en un cuerpo equivocado. No hay un antes y un después, yo siempre he sido yo, desde que nací hasta ahora».

«No hay un antes y un después, yo siempre he sido yo, desde que nací hasta ahora»

La infancia fue, sin duda, el momento más duro para Roberta Marrero. Llegó un momento en el que ir al colegio se convirtió en un auténtico infierno por el bullying, cosa que no solo le afectó a nivel emocional, sino también a nivel académico, pues sus notas comenzaron a bajar. «Pasé de ser una alumna más a ser el maricón con el que meterse, al que humillar y golpear», escribe. Además, la autora explica que muchas veces se le pasó por la cabeza la idea de que era culpa suya que los demás se metieran con ella y fuera víctima de acoso escolar: «Hoy en día educamos a los niños en la autoestima y aunque en el colegio puedan tener problemas por ser distintos intentamos inculcarles valores, decirles que no es culpa suya, que es culpa de los otros niños, es decir, el agresor es en realidad el débil, no el agredido. Pero en aquella época, nadie me decía eso. Si de repente sufría bullying en el recreo, los profesores lo que hacían era dejarme sola en una clase, y no ir al recreo, lo que en realidad no era una solución real. Nunca nadie me dijo de pequeña que lo que me pasaba no era culpa mía. Que quien yo era estaba bien».

Uno de los hechos que ha marcado su vida es el no contar con el apoyo de sus padres. Marrero explica que, como todos los niños, necesitaba sentir el respaldo de sus progenitores, pero aprendió a vivir sin él gracias a su fuerza interior. Además, con el tiempo se ha dado cuenta de que el mejor apoyo que puede tener es el suyo. «Es importante tener amigos, familia... pero en realidad tu mundo empieza y acaba en ti. Quien tiene que ponerse en paz con las cosas eres tú. Por eso considero que la transexualidad es un viaje interior, y me refiero a eso, a estar en paz contigo, y eso depende exclusivamente de ti», asegura.

Roberta Marrero
Roberta Marrero

Precisamente a medida que fue creciendo fue dejando atrás ese «infierno» de su infancia. Ha conseguido recuperar su autoestima y ser feliz: «Me lo tuve que trabajar para que esas heridas cicatrizaran, pero una vez tuve capacidad de decisión no he tenido una vida ni más ni menos dramática que el resto de las personas». Sin embargo, es consciente de que la transexualidad continúa siendo un «estigma social», y por ello aboga por no dudar de su identidad en ningún momento: «Hay que tomar conciencia de eso, no darle a la gente el poder de que su estupidez pueda amargarle el día. Tenemos que llegar al punto de no dudar de quiénes somos, no poner en los otros el poder de nuestra identidad».

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