El Papa Francisco abandona la catedral de Santa Maria del Fiore durante su visita a Florencia (Italia)
El Papa Francisco abandona la catedral de Santa Maria del Fiore durante su visita a Florencia (Italia) - OSS_ROM

El Papa exhorta a «combatir el cáncer de la corrupción y el veneno de la ilegalidad»

Advierte a la Iglesia italiana que «no debemos obsesionarnos por el poder político, aunque fuese útil y funcional»

Corresponsal en el VaticanoActualizado:

Durante su visita de una jornada Florencia, el Papa Francisco ha advertido vigorosamente por la mañana que «la vida de cada comunidad exige que se combata hasta el fondo el cáncer de la corrupción y el veneno de la ilegalidad».

El Santo Padre hizo esos comentarios durante un encuentro con trabajadores, profesionales y empresarios en la plaza de la catedral de Prato, la ciudad industrial contigua a Florencia donde trabajan decenas de millares de inmigrantes chinos y de otros países, en buena parte clandestinos. Muchos de ellos dedicados al negocio de la falsificación de productos de marcas de lujo.

El Papa invitó a todos, incluidos los jóvenes y las autoridades que participaban en el acto, a poner fin a una cultura del secreto, la trampa y el engaño pues «no se puede fundar nada bueno sobre las tramas de la mentira y la falta de transparencia».

Francisco pidió «trabajo digno», y puso el dedo en la llaga recordando «a los cinco hombres y dos mujeres de nacionalidad china muertos hace dos años por un incendio en la zona industrial de Prato. Vivian y dormían en la fábrica, en un pequeño dormitorio de yeso y cartón, con literas. Es una tragedia de explotación inhumana. ¡Esto no es trabajo digno!».

Poco después, en la catedral de Florencia, el Papa dirigió el discurso decenal a la Conferencia Episcopal Italiana.

Ante los representantes de las 226 diócesis de Italia –un numero absolutamente excesivo pero que los localismos y «carrerismos» impiden reducir-, el Santo Padre presentó su mensaje central: «No debemos estar obsesionados por el poder, ni siquiera cuando sea un poder útil y conveniente a la imagen social de la Iglesia».

Les estaba diciendo que dejen definitivamente atrás la vieja tradición de aliarse con la democracia cristiana o de intrigar con los políticos de turno, ocupando en el tira y afloja con las autoridades una atención y un tiempo que deben dedicar a los fieles.

La Iglesia debe ser misionera, salir a las calles y, sobre todo, «tener los sentimientos de Jesús. Si no, se desorienta y pierde su sentido. Los sentimientos de Jesús nos indican que una Iglesia que piensa en sí misma y en sus propios intereses sería triste».

Francisco les dijo que deseaba ponerles en guardia frente a «dos tentaciones fundamentales» y, al ver los rostros inquietos, disipo la tensión con una broma: «No os asustéis, son solo dos. ¡No como las quince que dije a la Curia vaticana!».

La primera tentación es la «pelagiana», que lleva a la Iglesia «a no ser humilde, y desinteresada. El pelagianismo nos lleva a poner la confianza en las estructuras, en la organización, en la planificación… Nos lleva a actitudes de control, de dureza de reglamentación».

El Papa reiteró que «ante los problemas de la iglesia es inútil buscar soluciones en el conservadurismo y el fundamentalismo, en la restauración de conductas y formas superadas, que no tienen capacidad de ser significativas culturalmente».

La segunda tentación es el gnosticismo, «que lleva a un razonamiento lógico y claro, pero que pierde la ternura de la carne del hermano». Francisco les hizo notar que Jesús era la idea, la palabra hecha carne «en el misterio de la encarnación», para poder acercarse a todos los necesitados.

Y se despidió con un consejo en forma de oración: «Que Dios proteja a la Iglesia italiana de todo sucedáneo de poder, imagen y dinero. La pobreza evangélica es creativa, acogedora y rica de esperanza».

El programa del Papa había incluido a primera hora una breve visita al famoso baptisterio de Florencia, donde pudo contemplar uno de sus cuadros favoritos, la «Crucifixión blanca», de Marc Chagall, realizado en 1938 para representar como un Gólgota la creciente persecución de los judíos en Europa.

La pieza es propiedad del Instituto de Arte de Chicago, pero forma parte de una exposición en Palazzo Strozzi, de donde fue trasladada al baptisterio para que el Papa pudiera verla a su paso.

Almuerzo con pobresalmorzó con un grupo de personas pobres en un comedor de beneficencia antes de iniciar el programa

El Santo Padre almorzó con 60 personas pobres en un comedor de la Cáritas. Hizo la cola como todos, tarjeta en mano, y compartió el cocido toscano en platos de plástico y con servilletas de papel.

Según el director de Cáritas de Florencia, Alessandro Martini, «el Papa les saludó uno por uno, habló con todos y les hizo sentirse muy a gusto. Bendijo los objetos que le enseñaban y les regalo un rosario a cada uno».

Según Martini, «la directora del comedor es fantástica, organiza todo muy bien, y Francisco le dijo Usted es la papisa», porque dirigía la situación. Para mí, el gesto de venir a comer con nosotros marca la continuidad con el discurso de la mañana en la catedral sobre la cercanía a los necesitados: nos enseña a poner las cosas en práctica inmediatamente».

Poco después, el Papa presidía una misa multitudinaria en el estadio de la ciudad y comentaba a los florentinos que «el hecho de celebrar la misa en un estadio nos recuerda que la Iglesia, como Jesús, vive en medio de la gente y para la gente».

Al final de su homilía se despidió invitando a todos a «entrar en contacto con la humanidad con el espíritu del buen samaritano. El humanismo, del que Florencia ha sido testigo brillante, ha tenido siempre el rostro de la caridad».