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El Papa cumple 80 años a un ritmo que agotaría a dos personas de 40

Está muy sereno y agradecido a los fieles en la última fase de una reforma misionera y sinodal de la Curia vaticana

Francisco recibe un regalo durante la audiencia general del pasado miércoles - EFE
Juan Vicente Boo - juanvicenteboo Corresponsal En El Vaticano - Actualizado: Guardado en: Sociedad

Para ser una persona que no hace deporte ni se toma vacaciones, que sufre problemas articulares y a la que le falta medio pulmón, el Papa Francisco llega este sábado a los 80 años trabajando a un ritmo que agotaría a dos personas de 40. Cualquier persona que desee felicitarlo puede hacerlo directamente a alguna de las cuentas de correo en distintos idiomas. La española es PapaFrancisco80@vatican.va.

Muy en su estilo, Francisco celebrará su cumpleaños trabajando con normalidad. La única excepción será retrasar una hora la misa para celebrarla a las ocho de la mañana con los cardenales residentes en Roma. El resto del día los dedicara a audiencias y trabajo en equipo con sus colaboradores.

Su jornada habitual, que comienza a las cuatro y media de la mañana, incluye cuatro horas de oración, repartidas en distintas devociones a lo largo del día, y nueve de trabajo.

Aunque el Papa está recibiendo felicitaciones y regalos de todo el mundo, el cumpleaños no es su fiesta preferida. En la intimidad valora más el aniversario de su ordenación sacerdotal, que ha vuelto a celebrar discretamente el pasado 13 de diciembre, fiesta de Santa Lucia: nada menos que 47 años como sacerdote desde 1969.

Francisco llega a los 80 años en mejor forma física y con mayor capacidad de trabajo que al comienzo del pontificado

A lo largo del 2013 y 2014, Francisco manifestó a algunas personas la impresión, o más bien la corazonada, de que su pontificado sería corto, quizá de cuatro, cinco o seis años. Al ritmo que se gastaba, no podía esperar mucho más.

En mejor forma física

También dijo que estaba decidido de antemano a renunciar, siguiendo el ejemplo de Benedicto XVI, en cuanto notase que le faltan las fuerzas, pero no al cumplir una edad determinada como, por ejemplo, la de 80 años, a la que los cardenales pierden toda función de gobierno y el derecho a participar en el conclave.

Curiosamente, Francisco llega a los 80 años en mejor forma física y con mayor capacidad de trabajo que al comienzo del pontificado. Ha conseguido perder parte de los kilos que le sobran, y organizarse mejor para evitar que la ciática le juegue malas pasadas. En los últimos dos años no ha estado enfermo ni ha tenido que cancelar ningún acto en el último minuto debido al agotamiento, como sucedía al principio.

Por otra parte, el Papa está muy sereno y en paz. El Año Santo de la Misericordia ha supuesto un buen impulso a la renovación espiritual de los fieles de todo el mundo, a los que había proporcionado orientaciones claras con sus dos documentos principales: «La alegría del evangelio», sobre la actitud misionera de todos, y «La alegría del amor», sobre la familia.

En 2017 el Santo Padre espera recuperar las visitas «ad límina» de los obispos y viajar a India, algún país africano y a Fátima

Durante el Año Jubilar Francisco había suspendido las visitas «ad límina», al Papa y a la Curia vaticana, de las conferencias episcopales de los distintos países.

El Santo Padre espera recuperar el retraso en el 2017, pero sin renunciar a los viajes internacionales, como el ya anunciado a la India, que probablemente se extienda a Bangladesh, y el viaje a un país de África, todavía sin identificar pues dependerá de la situación de guerra y desastres climáticos en ese momento.

Ninguno de esos tres viajes tiene fecha. La única fijada es la del viaje a Fátima el 13 de mayo del 2017, centenario de las apariciones de la Virgen María a los tres pastorcillos portugueses. Inicialmente, el Papa tenía la idea de ir y volver en el día, pero es probable que termine aceptando la propuesta de viajar a Fátima el día anterior para participar en la vigilia nocturna en el Santuario.

Reajuste de la Curia vaticana

El Santo Padre culminará en el 2017 la tarea de reforma y reajuste de la Curia vaticana, el más latoso de los «deberes» encomendados por el pre-cónclave al cardenal que resultase elegido.

A estas alturas, la mayor parte del trabajo está hecho, pues se han creado las secretarías de economía y de comunicación para reunir funciones dispersas, así como la nueva Pontificia Comisión de Protección de Menores para enseñar medidas prácticas de prevención de abusos sexuales de menores, primero a las conferencias episcopales y después a otras entidades civiles.

Lo ya realizado por Francisco en tres años y medio en los frentes interno y externo es considerablemente mayor que cualquier otro papa de la época contemporánea

El día uno de enero de 2017 entran en funcionamiento los dos primeros dicasterios que reagrupan organismos previamente separados: el Dicasterio de Laicos, Familia y Vida, que dirige el cardenal norteamericano Kevin Farrell, y el de Servicio al Desarrollo Humano Integral, liderado por el cardenal ghanés Peter Turkson.

Precisamente los tres primeros días de esta semana el Papa ha trabajado con su Consejo de 9 cardenales de todos los continentes en el reajuste del resto de los departamentos. Más que los retoques de organigrama, lo importante es aplicar «las dos directrices de la reforma: empuje misionero y sinodalidad», que marcan modos de hacer distintos a los habituales en muchos casos.

Aunque el balance de un pontificado suele hacerse por años «redondos» como cinco, diez, etc. desde la elección, lo ya realizado por Francisco en tres años y medio en los frentes interno y externo es considerablemente mayor que cualquier otro Papa de la época contemporánea.

Sin embargo, no le gustan los balances ni los triunfalismos. Tampoco —aunque comprende que las motiva el cariño— las felicitaciones anticipadas. En la audiencia general del pasado miércoles bromeó con los fieles que le ofrecían tartas y le cantaban «Las Mañanitas» diciéndoles: «en mi tierra, felicitar un cumpleaños por adelantado trae mala suerte. Y quien lo hace es un gafe».

Pero lo decía sonriendo, y entre las carcajadas de ocho mil peregrinos. Resultaba claro que estaba feliz.

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