Testimonio del cardenal de Bangui, Dieudonne Nzapalainga, y el imán de la mezquita central de la capital centroafricana, Kobine Layama
Testimonio del cardenal de Bangui, Dieudonne Nzapalainga, y el imán de la mezquita central de la capital centroafricana, Kobine Layama - MAYA BALANYA
República Centroafricana

«El odio entre cristianos y musulmanes oculta la explotación de los diamantes de sangre»

Entrevista a Dieudonné Nzapalainga, arzobispo de Bangui, y Kobine Layama, imán de la mezquita central

Premio Mundo Negro a la Fraternidad 2016

Actualizado:

Hablar de República Centroafricana es hacerlo del segundo país con menor esperanza de vida del mundo -en torno a los 50 años-, según la Organización Mundial de la Salud, y del que tiene uno de los índices de desarrollo humano más bajos del mundo. También de las guerras de religión o de la lucha por los «diamantes de sangre». Campeón de los pobres, dos hombres de RCA se han convertido también en un modelo para un mundo que se repliega cada vez más en sí mismo. En diciembre de 2013, las milicias anti-Balaka lanzaron una ofensiva contra Bangui en la que murieron más de 1.000 personas en solo un par de días, recuerda la revista Mundo Negro, de los Misioneros Combonianos en España, que les ha concedido el premio a la Fraternidad 2016 a Dieudonné Nzapalainga, arzobispo de Bangui, y Kobine Layama, imán de la mezquita central, por su valentía en aquellos días.

Nzapalainga acogió en su casa al imán y a su familia después de que los extremistas cristianos y animistas destrozaran la casa del clérigo musulmán. Layama había denunciado las atrocidades de las milicias musulmanas de la Seleka, en el poder entre marzo de 2013 y enero de 2014. Este imán fue acusado de traidor por los suyos. Perseguido por unos y por otros, esperó a que pasara la tormenta resguardado durante nueve meses en la casa del cardenal. Desde entonces los llaman «los mellizos de Dios». En un país con cerca de un millón de refugiados y desplazados, su hermanamiento ante las amenazas de muerte y la violencia sectaria ha calado en los barrios de la capital centroafricana. «Los musulmanes que irrumpieron en República Centroafricana son yihadistas y quieren instaurar un Estado islámico. Sobre el terrerno, desgraciadamente, se ha deslizado el tema religioso, pero el origen de la guerra es militar y político», explicó monseñor Nzapalainga en su visita a Madrid. Layama agregó que «los extremistas musulmanes están en la ignorancia y hacen un daño enorme a la religión islámica».

Ustedes han recibido un premio a la fraternidad por el diálogo islamo-cristiano en República Centroafricana -uno de los países más pobres del mundo- días después de que Donald Trump, presidente de EE.UU., firmara el veto a ciudadanos de siete países de mayoría musulmana y meses después de que el odio al inmigrante avivara la salida de Reino Unido de la UE. En este momento, ¿sus actos son revolucionarios?

Cardenal Dieudonné Nzapalainga: Sí, pensamos que estas acciones son revolucionarias porque es una victoria que no se ha dado antes. La crisis ha sido una oportunidad de unirnos, también para nuestras comunidades, llegamos a olvidar nuestros orígenes: todos hemos sido creados por Dios y todos creemos en Dios. Tenemos la misma historia del Antiguo Testamento. Abraham está en la Biblia y en el Corán. Es nuestro padre en la fe. Somos ignorantes y analfabetos si pensamos que el otro es nuestro enemigo y luego impedirle que venga a vivir conmigo. Con nuestro ejemplo queremos promover la fraternidad de la fe porque creemos en Dios; un vínculo espiritual de comunión. Queremos que mucha gente se una. Hay mucha tentación de separarnos. Pero está bien y es un gran paso vivir juntos. Respetarnos. Es mejor que pensar que el resto son enemigos y que hay que atraparlos y matarlos. Decimos no. Queremos vivir en fraternidad. La revolución está ahí, somos seres humanos incluso aquellos que no creen.

Imán Kobine Layama: Es nuestra revolución saludable, revolución en el buen sentido, para proteger los valores de nuestras religiones. Instamos a todas las religiones, no solo a los líderes, a que preserven los valores que nos representan.

¿Cómo se han ayudado uno al otro?

Cardenal Dieudonné Nzapalainga: (Ríe) El 5 de diciembre de 2013 estaban los anti-Balaka que se preparaban para invadir Bangui y nosotros estábamos al corriente, sabiendo que venían en autobuses, que venían drogados y solo tenían una cosa en mente: matar a los musulmanes. Para ellos, los Seleka no dejaban de ser musulmanes, tenían esta amalgama en la cabeza, por lo que querían matarlos a todos y acabar con el trabajo que habíamos hecho juntos. A mis amigos del barrio musulmanes, si los matan ocasionarán una pérdida enorme para mí. Por lo que les pedí que vinieran a mi casa hasta que pasara la tormenta, luego saldrían de nuevo. Felizmente todo terminó bien. Esta gente que ha venido mataba, cortaba los pies, eran malvados y no escuchaban nada. Era el absurdo. Viniendo a casa ellos aceptaban mi llamada. Todo parecía destruido. Esto me ayudó mucho a reflexionar. Vi que Dios les ayudó y les protegió. Ellos vinieron juntos y estuvimos hablando de la paz durante ese tiempo. El hecho de permanecer unidos ha sido un testimonio fuerte para nuestro pueblo porque querían llevarlos hacia la matanza, al genocidio. ¿Matar a todos los musulmanes? No es posible. ¿Rechazar a todos los musulmanes? No es posible. Y si te dejas llevar por el odio, ellos vendrán a vengarse. No queremos esto. Nosotros tenemos nuestros valores y esta confraternidad ha sido una fuente de paz, alegría y riqueza.

Imán Kobine Layama: Su invitación en el momento más difícil fue un gesto muy fuerte. El me invitó, me tendió la mano para ir a su casa. Consideramos a los Seleka y Anti-Balaka como paganos: no eran ni cristianos ni musulmanes. Este gesto iba en la buena dirección para reforzar los valores de la religión musulmana, sobre la protección de la vida humana. El buen musulmán no mata, no roba, no viola. Esas formas no están permitidas en el islam. Con su coraje y este mensaje fuerte que no se puede olvidar podemos empezar la defensa de los valores del hombre. Yo le he ayudado extendiendo su mensaje a nuestros compatriotas en República Centroáfrica.

Visita del Papa Francisco

En los últimos años el islam más radical y sectario también ha llegado al África Subsahariana, que parecía ajeno al islam de los países del golfo. ¿A qué se debe este contagio?

Imán Kobine Layama: La mundialización tiene sus ventajas pero también sus inconvenientes. Una ventaja es la de equilibrar la vida social en el mundo y un inconveniente es la falta de equilibrio basada en la injusticia que han contaminado la vida de África Subsahariana. Allí el sistema educativo no es como debería, la pobreza llega al punto de que muchos niños no son aún escolarizados. Los obreros viven en la precariedad total y esos jóvenes se han convertido en pequeños delincuentes, bandidos, que vienen a instalarse en la región por interés políticos y económicos, utilizados para desestabilizar África y otros continentes. No es la religión. Hay que evitar la injusticia social para que los jóvenes puedan encontrarse y no dejarlos abandonados a su suerte. Después de la caída de Libia muchos vinieron con sus armas al África Subsahariana. No todos los musulmanes son creyentes. La República Centroafricana vivía aislada de las diferencias religiosas, nunca habíamos tenido mezquitas suníes, chiíes o sufíes. No hay mezquitas específicas, todas las mezquitas pertenecen a Dios y es un lugar de culto. La gente construyó las mezquitas desde el hermanamiento y eso ahora es una forma de luchar contra el integrismo.

¿Han recibido amenazas por su acercamiento a miembros de otra religión?

Imán Kobine Layama: Luchar por la paz y que sea aceptado por todos no es fácil. Hemos sido criticados y combatidos incluso en mi propia comunidad y viceversa. Hoy deseamos el encuentro para desarmar sus corazones, que comprendan que no hay otro mensaje que la paz y ayudarlos a encontrar un lugar en la sociedad.

Cardenal Dieudonné Nzapalainga: Cuando yo reuní a los párrocos y las monjas para decirles que teníamos que acoger a los musulmanes cuando había matanzas, dijeron no porque «matan a gente, no es posible», así que hubo una resistencia en el seno de la comunidad y yo les he dicho que debíamos hacer lo que Cristo nos había pedido. Un día también me llamaron de la Embajada de Francia: «Los Anti-Balaka están furiosos y te odian», me avisaron. Yo he dado mi vida a Dios, me llamó Dieudonné (Diosdado), no tenía miedo y quería continuar mi misión con el imán. El riesgo de morir está ahí, pero tenemos que arriesgar para ayudar a mis hermanos, que han sufrido mucho. Las críticas y el rechazo son insignificantes.

El Papa Francisco parece ir a contracorriente con respecto a los nuevos líderes que están llegando al poder en Occidente. ¿Cómo valora la visita del Papa a Bangui?

El Papa Francisco arriesgó su vida para venir a Bangui y salvarnos. Su visita fue decisiva

Cardenal Dieudonné Nzapalainga: El Papa vino a nuestra casa, a República Centroafricana, pese a los peligros. En Bangui dicen que el Papa jugó un papel decisivo en nuestro país, políticamente y religiosamente. Su presencia en los barrios junto a líderes protestantes y católicos cambió mucho la situación. Vino a nuestro país para afrontar la adversidad frente a los que le decían que no había que ir, que era muy peligroso. Arriesgó su vida para salvarnos. Jugó un papel capital. Si yo pido a la comunidad de rechazar al otro, que se repliegue, yo los dividiría, el Papa trataba de evitar las divisiones. Somos todos seres humanos. Usan el miedo para controlar a la gente. Hay que ser valiente y decir que no queda otra alternativa que vivir juntos.

De los diamantes de sangre al odio interreligioso.

Imán Kobine Layama: Sí, es una forma de ocultar la disputa por nuestras riquezas, que son enormes. Azuzan la crisis religiosa para ocultarse detrás y explotar nuestros recursos de manera fraudulenta. Las guerras están ahí y ellos quieren los minerales, ¿para quién? ¿dónde las venden? Es para comprar armas. ¿De dónde vienen las armas? ¿Dónde se han fabricado? ¿A quiénes se las compran? La comunidad internacional lo sabe. Si no hay una voluntad política sincera para ayudar a esta población a salir adelante... Será difícil por sus propios intereses, intereses egoístas. Es la respuesta que puedo dar a esta pregunta.

Cardenal Dieudonné Nzapalainga: Actualmente si vas a ciertas regiones, están los miembros de Minusca (Misión de la ONU en República Centroafricana), que están ahí, también están los rebeldes y ellos explotan los diamantes, ellos los sacan. ¿Dónde los llevan? ¿Por qué no se hace nada? ¿Por qué se saca la riqueza del país? ¿Va a qué dirección? Llevan a estos jóvenes a explotar los diamantes ilegalmente y no quieren que la guerra termine. Está claro que la religión ha sido la máscara para tapar la realidad.

¿Cuál es la ruta de los diamantes?

Cardenal Dieudonné Nzapalainga: El comercio de diamantes pasa por Chad hasta Sudán desde donde va a los Emiratos y otros países de la región. Esto se conoce. No pasa por Bangui porque el poder allí está vacío. Y hay que decirlo e informar de esto a la comunidad internacional. Ese dinero no va para construir carreteras ni edificios va fuera, va a otro lugar. Es una injusticia que la riqueza de un lugar no sea aprovechada por la gente. Se fomenta el desorden para sacar provecho. Es una depredación.

¿Esperan un buen futuro político para República Centroafricana?

Cardenal Dieudonné Nzapalainga: Hemos tenido elecciones libres, fiables, transparentes y respetadas por todos. Esto es bueno. Pero actualmente los altos cargos políticos juegan un rol figurativo, no tienen el poder real. Vas a las regiones y ves a los rebeldes, y no son los prefectos los que tienen el poder, son los rebeldes los que tienen las armas, quienes venden los diamantes y recaudan los impuestos. Todo pasa por ellos. Oficialmente ha habido una traspaso de poderes al gobierno, pero quienen lo dominan todo son las milicias.

¿Las denuncias sobre abusos sexuales de los cascos azules merman la situación del país y la opinión que se tiene de las fuerzas de paz occidentales en República Centroafricana?

Cardenal Dieudonné Nzapalainga: Los cascos azules están para cumplir un papel allí, pero la gente no está satisfecha con la labor que hacen con respecto a lo que esperaban. Los casos de violaciones existen y hay pruebas. No he hablado con las víctimas de esas violaciones, pero lo escuchamos gracias a los testimonios de la prensa. Ese no es el rol de fuerzas de paz: cometer actos de violencia y crear víctimas suplementarias. Las fuerzas rebeldes y de la ONU comparten espacio, en el mismo pueblo, controlan las entradas y las salidas, además de evitar la libre circulación de la población. Los de la ONU y los rebeldes se saludan y se ríen entre ellos.

Hace unos días se confirmó el desmantelamiento del campo de refugiados de M’Poko, en el aeropuerto de Bangui. ¿Es una buena noticia?

Cardenal Dieudonné Nzapalainga: Sí, claro que es una buena noticia. M’Poko es un lugar perdido del mundo y ni los sacerdotes hemos llegado hasta allí. Cuando llueve es terrible. La gente ha hecho un acto de fe y ha comprendido que hay que crear una nueva relación desde la confianza. Vivirán en la pobreza, pero lo prefieren antes que estar allí. La confianza que está volviendo es frágil y tenemos que preservarla.