José Francisco Serrano Oceja - La iglesia católica en España

De nuevo, la Acción Católica

José Francisco Serrano Oceja
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La historia de la Iglesia en España, desde la perspectiva del protagonismo de los fieles laicos, los seglares, no se entendería sin la Acción Católica. A partir de las bases iniciales puestas por Pío X, y la redefinición de Pío XI como «la participación de los seglares en el apostolado jerárquico de la Iglesia», han sido muchas las páginas gloriosas que esta forma de apostolado ha firmado en su servicio a la Iglesia. Ahí están, entre otros, los tiempos de las bases de Reig Casanova, del Nuncio Tedeschini, de Pla y Deniel, de Ángel Herrera, Manuel Aparici. En 1931, solo la Juventud de Acción Católica contaba con 10.000 socios por toda España bajo el lema piedad-estudio-acción y el método de los círculos de estudio. Pero también esta realidad asociativa ha atravesado turbulencias históricas que la condujeron, en fechas no muy lejanas, a su cuasi desaparición.

Ahora, la Acción Católica en España vive un tiempo de esperanza, superados ciertos reduccionismos de la comprensión de la fe, de la eclesialidad y del compromiso político y social. Como no todo es historia, pero nada ocurre fuera de la historia, la reciente Asamblea General celebrada en Santiago de Compostela ha confirmado el tránsito de la sospecha a la sorpresa; ha ratificado el nuevo impulso misionero, según las intuiciones de la Evangelii Gaudium del Papa Francisco, de esta realidad que se articula en torno a la parroquia.

Es cierto que vivimos en una época de florecimiento de Nuevos movimientos y realidades eclesiales que son también una forma específica, según su carisma, de acción católica. Es posible que, incluso, haya quien piense que la Acción Católica no se resiste a morir. Sin embargo, tal y como se ha demostrado en lo trabajado en Compostela, después de un complejo proceso de renovación, la Acción Católica tiene sentido en el presente eclesial desde lo específico de su naturaleza, método y vocación, desde esa geografía común de las notas de eclesialidad. La Acción Católica se convierte, por tanto, en un interlocutor que hay que tener de nuevo en cuenta.

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