Variación de poblaciónDatos: INE 2007 y 2017. Gráfico: Luis CanoDespoblación en España

El pueblo que más crece, vecino del más deshabitado

Setenta kilómetros separan Yebes de Villaseca de Henares, dos municipios de Guadalajara que representan la cara y la cruz demográfica española

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Ningún municipio de España ha crecido tanto como Yebes, en Guadalajara. Ha multiplicado por diez su población en la última década. De cerca de 300 vecinos ha pasado a más 3.000. Muy próximo, también en Guadalajara, a 70 kilómetros, está el pueblo que proporcionalmente ha perdido más población durante ese tiempo. En Villaseca de Henares hay solo una treintena personas empadronadas, un tercio de los que fueron diez años atrás. Hace no tanto eran dos municipios idénticos, pero su recorrido demográfico tomó caminos opuestos.

Yebes y Villaseca de Henares ejemplifican la cara y la cruz de la actual distribución demográfica española. La población en España aumenta, pero de forma desigual, con castigo a las zonas rurales. La diferencia que marca el destino de un municipio y otro es su ubicación. Las ciudades atraen población para sí y para localidades próximas con valor residencial mientras el campo continúa languideciendo.

En diez años, los municipios de menos de cien habitantes han pasado de estar por debajo del millar a 1.319. Mientras que las ciudades de más de 100.000 habitantes han sumado medio millón más y ya residen en ellas el 40% de la población española.

Yebes está próximo a núcleos urbanos, en el Corredor del Henares, a seis kilómetros de Guadalajara capital y a una hora del centro de Madrid. El destino de esta localidad agrícola cambió fruto del plan urbanístico de Valdeluz, uno de los símbolos del pinchazo de la burbuja inmobiliaria. La urbanización, separada del núcleo original de Yebes, surgió al calor de la estación del AVE en Guadalajara.

El tren lanzadera a Madrid nunca llegó, y el proyecto estuvo a punto de convertirse en un sueño roto de edificios deshabitados. Antiguo ejemplo de «ciudad fantasma», se ha reconducido el proyecto —con bancos vendiendo a bajo precio viviendas de inmobiliarias quebradas—, y atraer habitantes al municipio. Ya son 3.076, según el último padrón del INE, y prevén seguir creciendo. El Ayuntamiento calcula superar los 4.000 vecinos en 2019.

Urbanización Valdeluz, en Yebes, Guadalajara
Urbanización Valdeluz, en Yebes, Guadalajara - DE SAN BERNARDO

A diferencia de Yebes, dentro de la órbita gravitacional urbana, Villaseca de Henares no deja de ser uno más de tantos municipios que sobreviven a duras penas en uno de los territorios con mayor pérdida de habitantes de toda España. Está dentro del hemiciclo de alta despoblación que circunda Madrid y que abarca el este de Castilla-La Mancha, el sur de Aragón, Castilla y León y el este de Galicia. La comparación entre el último padrón municipal y el de hace diez año deja a la localidad alcarreña como el municipio que ha perdido más población en términos relativos. Son 29 empadronados, un 67% menos.

«Es un goteo. Uno muere, otro se va con los hijos, hay mayores que se marchan a residencias. Los que nos quedamos nos mantnemos poco a poco», cuenta Rafael Nova, de 63 años, agricultor, ganadero y alcalde de Villaseca de Henares. Su hermano también trabaja el campo de sus abuelos, pero, casado y con hijos a diferencia de él, vive en la cercana Sigüenza. En su pueblo solo queda un adolescente y ningún niño.

Abandono rural

En Villaseca de Henares, el médico pasa una vez cada dos semanas, el bar solo abre en verano, ven pasar de largo y nunca parar a los senderistas del Camino del Cid, y el panadero se desplaza desde un pueblo cercano para venderles dos o tres barras para que nunca se quieran marchar de allí. Solo hay cuatro personas ocupadas, tres de ellos agricultores y una mujer, Ana, en la treintena, que salta de trabajo en trabajo en los pueblos de alrededor.

En Villaseca, cuentan, no hay trabajo porque en el campo, mecanizado, no se necesitan más brazos y las explotaciones tienen que ser cada vez mayores para poder vivir de ellas. Quienes se quedaron después del éxodo de los sesenta y no vivían del campo se emplearon en las fábricas de los pueblos grandes próximos, pero ya no queda ni eso. Quizá, proponen, una industria se instale en un pueblo cercano, quizá la subida de los alquileres y los pisos traiga algún vecino nuevo.

Villaseca de Henares, Guadalajara
Villaseca de Henares, Guadalajara - DE SAN BERNARDO

La reciente llegada de Ana, madrileña, no mitiga el déficit de población. Tampoco la excepcional mudanza del ingeniero sueco Lars Lindqvist, que eligió este pueblo alcarreño para su jubilación. «Estoy acostumbrado al silencio, pero a veces en invierno es demasiado tranquilo», explica. «Es una pena, pero entiendo que la gente se vaya o no venga porque no hay trabajo. Tampoco hay cosas que hacer para atraer turismo, y ya hay pueblos cercanos grandes que lo explotan».

No se resignan a ver desaparecer Villaseca de Henares, pero saben, como apunta el alcalde, que «para traer a gente no solo harían falta incentivos fiscales, como proponen algunos, sino también unos servicios iguales y tan baratos como los de la ciudad».

Una situación que está viviendo la antigua «ciudad fantasma» de Valdeluz, en el término de Yebes, durante años con carencia de servicios. Llegó a ser, entre otros estigmas, «el mayor pueblo sin un colegio». Desde hace dos cursos tienen uno, ahora con 300 niños y 80 más apuntados para el año que viene.

El modelo seguido por Yebes con Valdeluz, que a punto estuvo de truncarse, ha sido: primero, atraer población; segundo, dotarla de servicios; y, tercero, aún un deseo, atraer actividad empresarial para hacerlo sostenible. ¿Es exportable a otros pueblos? «Sí», según el alcalde, Miguel Cócera, que se mudó desde Madrid en los años de la burbuja. «Siempre y cuando a la población le proporcionen los servicios y el transporte adecuados».

Aunque reconoce el atractivo de la proximidad a grandes núcleos urbano, otros pueblos cercanos no viven ni remótamente su explosión demográfica. Y, a pesar de que la expansiva Valdeluz está separada del Yebes original, su pujanza repercute en el pueblo tradicional, ahora viable.