Carmen y Emiliano posan junto a su hijo Gael - ÁNGEL DE ANTONIO/ Vídeo: ATLAS

Día Mundial del Cáncer de Mama«Pasé el mismo miedo que mi mujer durante toda su enfermedad, pensé que se moría»

Carmen y Emiliano relatan cómo el cáncer cambió el día a día de toda una familia

MADRIDActualizado:

A Carmen Acevedo le diagnosticaron un cáncer de mama triple negativo (el más agresivo) hace exactamente un año. La casualidad o el destino quisieron que su primer día de quimio coincidiera con el Día Mundial del Cáncer de Mama. Las malas noticias llegaron con apenas 33 años, el mismo día que volvía a trabajar después de haberse pedido una excedencia para «hacer de mamá» y cuidar a su pequeño Gael.

«Me cayó una losa encima porque pensaba que el tumor haría metástasis. En ese momento, se mezclaron muchas emociones, sobre todo miedo, porque realmente pensé que me moría», cuenta con la misma entereza con la que pasó la enfermedad.

«Sabía que mi hijo no se acordaría de mí, por eso pensé que tenía que dejarle cosas escritas, vídeos grabados, contarle todo lo que no podría contarle cuando fuera mayor...», relata con la voz quebrada y ante la mirada empañada de su marido Emiliano Quiroga.

El desolador testimonio se interrumpe con el sonido de los dibujos animados de Gael. Pero Carmen continúa: «Pensar así me sirvió para atravesar la enfermedad con más calma. Yo me iba a morir, pero eso me daba la oportunidad de dejarlo todo atado, de decirle a mi gente lo mucho que la quiero, contarle a mi madre lo feliz que fui». Como sucede con tantas otras familias Carmen no pasó por esos terribles momentos sola. Lloró y sufrió junto a sus padres, sus suegros, sus amigos y sobre todo, junto a su marido. «Traté de mantener la calma, de tener una actitud positiva, sobre todo delante de ella. En soledad o con mis amigos sí me derrumbaba. Pensé que esto era una putada, que cómo era posible que con treinta y pocos años pasáramos por todo esto», confiesa este ingeniero de 35 años. Emiliano (apodado Guille, en alusión al hermano pequeño de Mafalda) reconoce que él también pensó que perdía a su esposa y que le tocaría vivir sin ella y criar a Gael solo. «Pasé el mismo miedo que mi mujer, pensé que se moría y empecé a hacerme a la idea de cómo sería la vida sin ella». Pero afortundamente, Carmen no tuvo que decir adiós. El mejor día de su vida, asegura, llegó cuando su oncóloga, Lucía González Cortijo y fundadora de la asociación «La vida en rosa», le dijo que se curaría.

Para que Carmen pudiera seguir el tratamiento este matrimonio decidió dejar a su hijo en casa de sus abuelos, por lo que solo lo veían los fines de semana. También llegaban desde Galicia los padres de Emiliano para cuidar de Gael. «Nosotros nos terminamos convirtiendo en una especie de abuelos para él, lo veíamos poco», lamentan.

Relaciones sexuales

La crianza del niño no fue lo único que interrumpió el cáncer. Las relaciones sexuales también cambiaron. «Pierdes la líbido, es lo último en lo que piensas». Emiliano, por su parte, confiesa que siempre encontró hermosa a su mujer, «aunque era un poco raro cuando estaba totalmente calvita, tenía un estilo andrógino», cuenta entre risas. Pero el pelo fue lo de menos. Carmen empezó a sentirse a disgusto con su cuerpo. «Me quitaron las dos glándulas mamarias y me hice una reconstrucción inmediata. El problema es que me colocaron unos expansores (bolsas que se rellenan con suero) que hacían hueco para dar el aspecto de mama pero son completamente duros». Por ende, el aspecto de su pecho es irreal. El próximo martes se hará una reconstrucción definitiva.

La enfermedad ayudó a esta familia a ver la vida de otra manera. «El dinero es lo de menos. La vida es esto (dice Emiliano señalando a su hijo), no importa nada más».

Emiliano y Carmen junto al pequeño Gael en su casa de Madrid
Emiliano y Carmen junto al pequeño Gael en su casa de Madrid-ÁNGEL DE ANTONIO