Día Internacional de la Mujer

Mujeres en tiempos de guerra: madres, jóvenes y activistas en Libia

En medio del conflicto que asuela el país norteafricano, las mujeres libias continúan luchando por seguir adelante y que se escuchen sus voces

El CairoActualizado:

A principios de año, el gobernador militar del este de Libia ordenó que ninguna mujer menor de 60 años tenía permitido viajar fuera del país a menos que fuera acompañada de un «guardián» masculino –su padre, su marido, su hermano, su hijo mayor-. Acosado por una avalancha de críticas y burlas por parte de hombres y mujeres libios, Abdelrazik Al Nadoroi quiso justificar la prohibición en el «peligro» que las mujeres libias representan para la seguridad nacional: «Agencias internacionales están usando esas mujeres (…) Al menos así su padre sabe qué están haciendo y puede controlarlas», declaró en una entrevista en la televisión local.

Las mujeres libias respondieron con estupefacción e incredulidad: fueron ellas las que ya desde el primer día de la revolución en el país norteafricano salieron a las calles en primera línea junto a los hombres, y son ahora víctimas especialmente vulnerables de un conflicto que las afecta como niñas, jóvenes, madres, viudas o activistas.

«Cuando llegó la revolución, fue la primera vez que salimos a protestar. Se creó una nueva cultura, las mujeres se empoderaron entonces. No sólo para protestar, sino para participar en la sociedad civil, en todas partes. Y demostraron liderazgo, demostraron confianza en sí mismas. Al principio los hombres lo aceptaron porque era la revolución, todo el mundo quería un cambio. Poco a poco más tarde nos fueron pidiendo que diéramos un paso atrás», señala a ABC Iman Bugaighis, académica libia y exportavoz del Consejo Nacional de Transición (NTC).

Muchas murieron por su activismo público: en 2014, la abogada e icono de la revolución Salwa Bugaighis fue asesinada a tiros en su casa cuando regresaba de votar en las elecciones generales. Tres semanas después, la parlamentaria Fariha Barkawi corría la misma suerte en una gasolinera en Derna (noroeste). Al año siguiente, una joven Intissar Al-Hasaari, activista, era tiroteada en Trípoli.

Seis años después de la revolución que derrocó a Gadafi, las mujeres han sido apartadas de un proceso político «podrido», en el que intereses personales y regionales contaminan las buenas intenciones. En medio de un país donde el poder lo dan las armas y las milicias, apenas un par de mujeres forman parte del gabinete propuesto por el Gobierno de Unidad Nacional (GNA), auspiciado por las Naciones Unidas pero con escaso poder real sobre el terreno. Acosadas y amenazadas si aparecen en los medios, muchas mujeres se han visto obligadas a abandonar el país. Las que se han quedado tratan, sin apenas medios, de hacer trabajo de campo y empoderar a las mujeres en los pueblos y las redes. «El concepto de los derechos de la mujer ha puesto en peligro las vidas de muchas activistas y feministas. Algunos grupos radicales interpretan los derechos de la mujer como una violación directa de las leyes islámicas, algunos creen que promueven el ateísmo», señala por su parte Hala Bugaighis, activista radicada en Bengasi.

«Muchas mujeres sienten que la idea de empoderar a las mujeres 'un lujo', lo que primero quieren es estar seguras y comer», añade Iman. Sin apenas liquidez y los ricos ingresos del petróleo bloqueados, el dinar libio se ha disparado junto a la inflación, dejando en la pobreza a cientos de familias: desplazados y viudas con hijos se ven obligados a sobrevivir en las calles de Bengazi, durmiendo en edificios abandonados.

La guerra se llevó primero a maridos y luego se lleva a los hijos, lamenta a ABC Salma Tunally desde Misrata. Su marido murió luchando contra Gadafi, y sus hijos son ahora parte de las milicias. Ante la escasez y el miedo a la violencia, organizaciones locales denuncian el aumento de matrimonios de menores, a veces con hombres ya casados –ilegal según la legislación pero permitido en algunas zonas como «costumbre islámica»-.

«La violencia contra la mujer en Libia sigue creciendo», señala Zahra Langhi, cofundadora de la Plataforma Libia de Mujeres por la Paz. «De norte a sur, de este a oeste, son susceptibles a asesinatos, secuestros, abusos e incluso han aumentado las violaciones».

Bajo control del Ejército Nacional Libio (LNA), una de las facciones del conflicto, Bengazi está llena de «check points», pero la inseguridad es rampante, relatan a ABC varias libias residentes en la ciudad. «Tienes un periodo en las que puedes salir a la calle, pero no puedes ir por ahí más tarde de las 10», explica Aya, una joven estudiante de arquitectura. Tras la revolución contra Gadafi y el conflicto posterior, «todo el mundo tiene un arma», y la extorsión y los secuestros se han convertido tristemente en una experiencia que muchos han visto de cerca. «Unos de los amigos de mi padre fue secuestrado –lo retuvieron dos años-. No puedes imaginarte lo duro que fue mantener la esperanza de que seguía vivo». Una tarde cualquiera, dos madres conversan en Sebha (sur): «¿Cómo está la situación? Mi hijo me ha dicho que hay nuevos check points en la calle, haciendo preguntas raras… ¿qué está pasando?» «Por aquí hoy está tranquilo».

«Hay un sentimiento prevalente de que ahora no es el momento para discutir la posición de la mujer, y que debería esperar hasta que el país sea estable antes de poner sus asuntos sobre la mesa», señala Khadeja Ramali, cofundadora del Proyecto Silphium, una organización femenina local. Tras el vacío de poder que dejó Gadafi, milicias, señores de la guerra, tribus, ejércitos y gobiernos rivales luchan por el control del país, donde también han florecido grupos terroristas como Ansar Sharía (ligada a Al Qaida) o Daesh (expulsado de su bastión en Sirte). El islamismo político floreció en el país durante los primeros años tras Gadafi, y se aprobaron decretos a favor de la poligamia o limitaron el derecho de la mujer a decidir.

«La religión es usada como una herramienta para subyugar a las mujeres por todas las partes del conflicto, desde los así llamados salafistas hasta milicias o el gobierno militar del este», sostiene Langhi, que aboga por una reforma del discurso religioso y apunta a la cultura patriarcal libia. «No son las leyes. Las leyes libias están muy avanzadas en temas de derechos de la mujer, el problema es que, en el ambiente de inseguridad actual, esas leyes no se aplican».

Mientras tanto, las mujeres libias intentan seguir con su vida, desde llevar a sus hijos al zoológico en Bengasi como Hebda Ibn Omar a abrir un negocio de catering en Trípoli, como Ayla. «Las mujeres libias somos fuertes. Sólo necesitamos una oportunidad para demostrarlo».