Vídeo: Así ha sido la manifestación del 8-M en Madrid - ÁNGEL DE ANTONIO

Miles de personas se unen por la igualdad

La manifestación central por el Día de la Mujer reunió a 170.000 personas y transcurrió sin apenas incidentes. La imagen se repitió en muchas ciudades

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Ni un solo hombre en la cabecera. Ellos quedaron ayer relegados a la parte posterior de la fotografía: la primera línea era solo para mujeres anónimas y vivas a la lucha feminista. Ayer durante la manifestación central en Madrid por el Día Internacional de la Mujer los gritos por la igualdad alcanzaron su punto más alto. Hasta 170.000 personas unieron sus voces, según fuentes oficiales y 500.000 según las organizadoras. Fue una cita multitudinaria tras una jornada a medio gas en la que las mujeres estaban llamadas también a paros parciales y a una huelga de 24 horas, que fue secundada con desigualdad entre sectores. Los sindicatos CCOO y UGT cifraron en casi seis millones las trabajadoras que pararon.

«Esta huelga ya forma parte de la historia de este país», decía Inés Gutiérrez, una de las portavoces de la convocante Comisión 8M y el Movimiento Feminista de Madrid. Lo hacía desde la plaza de Neptuno, pese a que la cabecera estaba prevista en Atocha: la afluencia, desde horas antes, fue tal que hubo que adelantarla.

Copaban el corazón de Madrid desde las cinco de la tarde los pitos y aplausos, las consignas, la ropa morada y tantas pancartas y lemas como asistentes. Un reflejo del «totum revolutum» sobre las razones que motivaron la huelga y que abarcaban el ámbito laboral, de cuidados, de estudiantes y de consumo. Tras el lema oficial «paramos para cambiarlo todo» se reproducína otros como «el 8 de marzo luchamos en Manada»; «ni putas ni santas, solo mujeres», «Justicia», «ser mujer no debería ser factor de riesgo» o incluso un «bloque bollero, lo sentimos pero existimos».

Aunque la organización convocante esperaba un millón de asistentes, destacó que «lo más importante» de la jornada residía en el debate social abierto «que ha trascendido todos los márgenes que nos habíamos puesto», en palabras de Viviana Dipp. «Apunta, apunta, que esto es historia», corroboraba a su paso una asistente a los periodistas.

Los testimonios de los asistentes, mujeres y hombres, iban en esta línea. «Hoy ha cocinado mi marido», aseguraba Mercedes, quien desde el 68 «ha intentado luchar contra todas las injusticias». Maite acudía con sus dos hijos para que entendieran las reivindicaciones: «El pequeño hizo la cama de su hermana hoy». Al igual que Beatriz, que declaraba: «Quiero que mi hija sea una luchadora como yo».

Políticos

El espacio reservado a políticos comenzaba a mitad de la marcha. Era una forma de reivindicar que la manifestación no era convocada por ningún partido. No obstante, algunos participantes hicieron una parada ante el Ministerio de Sanidad, dirigido por Dolors Montserrat, en pleno Paseo del Prado con consignas contra el Gobierno y el departamento «de desigualdad».

El PP no acudió a la marcha y la peor parte se la llevó la portavoz de Ciudadanos en el Ayuntamiento de Madrid, Begoña Villacís, presente en el acto. Sufrió gritos de «fuera a Ciudadanos», «fascistas» o «fuera esquiroles». La dirigente defendía su presencia en la manifestación: «Vine porque soy libre y puedo decidir». También lo hacía la secretaria de Igualdad de Ciudadanos, Patricia Reyes: «Estamos aquí porque defendemos la igualdad. Somos feministas y en nuestro partido es uno de nuestros ejes centrales».

También acudieron socialistas como Pedro Sánchez, Cristina Narbona o Carmen Calvo portando una pancarta de los socialistas madrileños bajo el lema «Siempre contra el machismo». «Queremos sociedades unidas para romper todas las brechas salariales y todas las brechas de desigualdad», dijo Sánchez. De Podemos, acudió la portavoz Irene Montero, entre otras dirigentes. «Creo que después del 8M ya no vamos a dejar de hablar de feminismo».

Hombres

Muchos hombres se acercaron al recorrido, que terminó a las 22 horas en Plaza de España con la lectura del manifiesto. Tanto que algunas manifestantes, como Ana, reconocían su sopresa a ABC. «Con esa idea equivocada de que nos creemos superiores, pensé que serían menos». Pepa de 52 años y Ana de 60 acudían con sus maridos. «¡Por supuesto! Tenían que venir». Aunque también acudieron a la marcha del año pasado, la afluencia no se podía comparar con la de este: «Las cosas están muy mal para las mujeres, por eso hay más gente». Otros hombres solo miraron desde la acera, como Iván, que fue a seguir la manifestación, no a «acompañar». En su opinión, «la igualdad es una realidad».

«Hoy parábamos para cambiarlo todo y lo hemos hecho realidad», decía la portavoz de la Comisión 8M Julia Santos. Al cierre de esta edición, las mujeres seguían bailando en Cibeles. Había un nuevo lema: «Madrid será a partir de hoy feminista».