Acto de presentación de un «wearable» en San Diego, California
Acto de presentación de un «wearable» en San Diego, California - REUTERS
Salud

¿Miden bien las calorías las pulseras de actividad?

Varios estudios recientes analizan su comportamiento al evaluar el ritmo cardiaco y el consumo energético

MadridActualizado:

El mundo del «fitness» asiste desde hace unos años a una nueva moda: las pulseras de actividad o «wearables». Esos aparatos que, enganchados a la muñeca, monitorizan la actividad física y el consumo calórico diario, realizando un seguimiento exhaustivo y personal de todos los usuarios que ven en estos aparatos una gran revolución científica y tecnológica.

Sin embargo, estos dispositivos podrían no ser tan certeros como parecen. La Facultad de Medicina de la Universidad de Stanford, California, ha elaborado un estudio publicado el 24 de mayo en el Journal of Personalized Medicine que asegura que los medidores de actividad no sirven para controlar el consumo calórico de manera fiable.

La Universidad basó su conclusión en una investigación que llevó a cabo sobre sesenta voluntarios (31 mujeres y 29 hombres), que portaron siete de estos medidores -Microsoft Pand, Apple Watch, Fitbit Surge, Basis Peak, MioAlpha 2, Pulse On y Samsung Gear S2- durante un periodo de tiempo en el que tenían que hacer ejercicio físico. El objetivo de la investigación era comprobar la certeza de los dispositivos a la hora de calcular el ritmo cardiaco y las calorías quemadas.

Según las conclusiones de los investigadores, seis de los siete dispositivos mostraron un rendimiento óptimo en la evaluación del ritmo cardiaco, con un margen de error por debajo del 5%. Todos menos el Samsung Gear S2, que cifró su grado de equivocación en un 6,2%. Para medir este dato, los artilugios tenían en cuenta incluso parámetros como el color de la piel o la masa corporal. En cambio, ninguno de los siete tuvo un ratio menor del 27% de error en la evaluación del consumo calórico. PulseOn, de hecho, lo tuvo de un 93%.

Sorpresas para bien y para mal

«Nos asombró lo bien que los dispositivos miden la frecuencia cardiaca, pero también nos sorprendió negativamente lo mal que miden el consumo de energía», señala Euan Ashley, profesor de Medicina Cardiovascular, Genética y Biomedicina de la Universidad de Stanford y principal autor del estudio. «Si vas al gimnasio y crees que has perdido 400 calorías, te sientes como que tienes 400 calorías con las que jugar. Eso podría ser cierto si la gente basase su dieta en lo que piensa que ha quemado, pero basar el número de donuts que comes en las calorías que tu aparato te dice que has quemado es realmente una mala idea. Algunos de los usuarios, de hecho, comparten los resultados con sus médicos», añade.

Ashley asegura que cada compañía utiliza sus propios parámetros, pero que estos deben ser distintos para cada individuo. «Hay mucha diferencia entre las calorías que queman unas personas u otras. Por ejemplo, 10.000 pasos pueden equivaler a 400 u 800 calorías dependiendo de la persona. Y la gente basa sus decisiones en los datos que ofrecen estos dispositivos».

Punto de vista que comparte el Doctor David Ellis, profesor de Cálculo en la Universidad de Lancaster, al noroeste de Reino Unido. «Trabajar en base a las calorías que se queman es complicado, porque dependen de diferentes factores como la altura, el peso, las grasas corporales o el ritmo cardiaco», refiere, en declaraciones a BBC.

Según los expertos, hay un problema de transparencia por parte de las empresas propietarias de estos aparatos. «Los fabricantes no comparten los algoritmos en los que se basan para medir los parámetros, que están en constante cambio. Así es muy difícil calcular el margen de error», señala Ellis. «La certeza de estos aparatos debe haber sido probada de manera exhaustiva, pero es difícil para los clientes saber cómo de cierta es la información que muestran o el proceso que se ha seguido a la hora de hacer las pruebas», remarca por su parte Ashley.

El estudio comparó los resultados ofrecidos por las pulseras de actividad en los 60 voluntarios con otras pruebas realizadas por los investigadores, en las que midieron la frecuencia cardiaca con un electrocardiograma, mientras que para controlar el consumo calórico utilizaron un instrumento que «controla eficazmente» el oxígeno y el dióxido de carbono en la respiración.

En el segundo de los casos, los datos fueron muy dispares. «Parece que los algoritmos han llegado a conclusiones que no encajan», explica Anna Shcherbina, científica y coautora del estudio. «Es muy difícil que esos números sean ciertos porque el consumo energético varía dependiendo del estado de forma de cada individuo, de su peso o de su altura».

Los expertos, por tanto, señalan que estos medidores pueden tener «un efecto muy positivo» en las vidas de la gente pero que «no aumentan las posibilidades de perder peso». El pasado año, un estudio realizado por investigadores del Instituto Nacional de Salud y Nutrición de Japón también llegó a la misma conclusión de que las pulseras de monitorización física no eran exactas a la hora de controlar el consumo calórico.

Un registro orientativo

Aunque otro estudio, este de la Universidad de Iowa, publicado en el Colegio Americano de Medicina Deportiva y titulado Medicine & Science in Sports & Excercise explica, por otro lado, que estos medidores sí que sirven para estimar de manera aproximada las calorías que se queman, pero no para controlar el consumo energético en otras actividades, como el entrenamiento de fuerza física.

Esta investigación, centrada en seis dispositivos -Fitbit Flex, Nike + FuelBand SE, Jawbone UP 24 y Misfit Shine; además de BodyMedia Core y Actigraph GT3X-, midió la actividad de 56 personas en una prueba que consistía en 20 minutos de actividad sedentaria, como leer un libro o estar sentadas en un ordenador, seguidos de 25 de entrenamiento aeróbico y otros 25 trabajando la resistencia, con cinco de descanso entre ambas actividades. De todos ellos, BodyMedia Core fue el que menor ratio de error tuvo, con un 15,3%.

Usuarios de estos medidores, por otro lado, aseguran ser conocedores de que no pueden ser certeros al 100%. Es el caso de Borja Hidalgo, un ingeniero aeronáutico que tiene uno de ellos y que explica su utilidad con precisión. «Las pulseras no pueden ser del todo precisas y tienen un margen de error. No sirven para presentarle los estudios a un nutricionista o un endocrino, pero sí a nivel orientativo».

«El funcionamiento de estas pulseras se basa en las variaciones de aceleración y movimiento que registran», afirma. «Metes en el aparato, a través de la aplicación móvil con la que cuenta, tu altura, tu peso y demás características, como la actividad que estás realizando a cada momento, y a través de una ecuación, el aparato calcula un algoritmo para poder medirte todos los parámetros», comenta.

Otros profesionales del deporte, como Germán Monge, graduado en INEF por la Universidad Politécnica de Madrid, entrenador nacional de atletismo y entrenador personal, califican estas pulseras como un «adelanto muy importante», aunque remarca que «es muy difícil que sean totalmente exactas». «Lógicamente, hay algunos medidores que son mejores que otros, pero es muy complicado que puedan controlarlo todo, porque cada persona tenemos unos valores distintos. Pero con el paso del tiempo, serán cada vez mejores», afirma acerca de estos dispositivos, que son ya una realidad en la sociedad de hoy en día que quiere mantener la forma.