José Francisco Serrano Oceja

Memoria episcopal

Mientras en España asistimos a un golpe de Estado (Kelsen), a un atentado en toda regla contra la legalidad constitucional, los obispos sólo tienen que recordar lo que ya dijeron

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Imaginen los lectores esta noticia. Con 63 votos a favor, 6 en contra, 3 abstenciones y un voto nulo, los obispos españoles han aprobado un documento en el que se contiene un juicio pastoral prudencial, a la luz de la Doctrina Social de la Iglesia, sobre la unidad de España en un proyecto común de convivencia. Dicen los obispos, en un amplio texto, que no se encuentran razones actuales que justifiquen la renuncia a los bienes y derechos implícitos al hecho de la multisecular unidad cultural y política de España, en su pluralidad y diversidad. La unidad cultural y política de la nación española, siguen afirmando, es considerada como un electo importante del «bien común de una sociedad pluricentenaria». Por lo tanto, las pretensiones nacionalistas independentistas no están moralmente justificadas en el caso de España. Lo afirman con las mismas palabras que Juan Pablo II empleó en el caso de Italia en 1994. En continuidad con otro documento anterior, insisten en que no es moralmente aceptable la secesión por medio de la autodeterminación, que «implicaría la negación unilateral de la soberanía de España».

No hace falta que lo imaginen. Solo que lo recuerden. Ese documento existe, y esa noticia se difundió el día 23 de noviembre de 2006 en referencia a la aprobación de la Instrucción pastoral «Orientaciones morales ante la actual situación de España». Principios que se repitieron en la declaración de la Comisión Permanente «Ante la crisis, solidaridad» en noviembre de 2012. ¿Y ahora que ha llegado la hora de la verdad? Ahora que no dejamos de hablar de legitimidad, de legalidad, nadie habla ya de moralidad. Ni los obispos. ¿Qué instancias éticas nos quedan?

Esta semana se reúne en Madrid la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal, el órgano más relevante entre las Asambleas Plenarias. Mientras en España asistimos a un golpe de Estado (Kelsen), a un atentado en toda regla contra la legalidad constitucional, los obispos sólo tienen que recordar lo que ya dijeron. Y añadir una nueva llamada a la unidad y a la reconciliación. ¿O la doctrina ha cambiado y ya no vale?