Un médico australiano presenta una máquina que te ayuda a morir en cinco minutos

Philip Nitschke, defensor de la eutanasia, ha ideado este artilugio futurista para practicar eutanasias

MADRIDActualizado:

Philip Nitschke lleva más de dos décadas intentando ofrecer una oportunidad a los enfermos terminales (y no tan terminales) para ayudarles a morir. A su último artilugio, este físico y médico australiano lo ha bautizado como «Máquina del Destino», indignando a muchos países contrarios a la eutanasia.

Se trata de una cápsula hermética de aspecto futurista (en la imagen) que administra al usuario una dosis letal de nitrógeno. En tan solo cinco minutos, su ocupante estará muerto. Según Nitschke, los planos estarán disponibles en 2018 para cualquiera que los solicite, aunque su uso estará restringido por las leyes de cada país.

De momento, solo Colombia, Canadá, Bélgica, Suiza, Japón, Luxemburgo, algunos territorios de Australia y Estados Unidos permiten la muerte asistida. También Holanda, donde el creador de la «Máquina del Destino» ejerce desde hace dos años en una clínica donde ayuda a morir a enfermos terminales. Desde que comenzó con su defensa del derecho a morir, Nitschke ha recibido apodos como el «Elon Musk del suicidio asistido» o «el gurú de la eutanasia».

Philip Nitschke
Philip Nitschke - WIKIPEDIA

La «Máquina del Destino» no es el primer artilugio que fabrica Nitschke. Amparado por su fundación Exit Internacional, en 1997 presentó su modelo «Deliverance Machine» (Máquina de la liberación). Este contaba con un portátil asociado a un dispositivo que inyectaba automáticamente la solución al paciente tras contestar correctamente a las siguientes tres preguntas:

1) «¿Sabe usted que si llega a la última pantalla y pulsa el botón "Sí" se le dará una dosis letal de medicamentos y morirá?».

2) «¿Está usted seguro de entender que si continúa y pulsa el botón "Sí" en la siguiente pantalla va a morir?».

3) «En 15 segundos se le dará una inyección letal. Pulse "Sí" para continuar».

En 2006 también publicó el «Manual de la pastilla apacible». Se trataba de un recopilatorio de técnicas para ayudar a un paciente terminal a morir. Y tres años después, sacaba a la venta unas «bolsas de suicidio» llenas de nitrógeno. Artilugios caseros que coqueteaban con el juramento hipocrático, hasta el punto de que le fue retirada la licencia en su país.