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MASCOTASLa llegada de un bebé a casa

Cada maestrillo tiene su librillo dice el refrán, pero hoy les ofrecemos una serie de consejos para favorecer la convivencia entre vuestro perro y la llega de un bebé a casa

MADRIDActualizado:

La llegada de un bebé es siempre un momento muy emocionante y también supone un gran cambio para toda la familia... incluida nuestra mascota. Para evitar que se produzcan problemas, sobre todo de convivencia, es conveniente prepararse y seguir una serie de pasos. Así de la misma manera que realizamos con ilusión los preparativos en nuestra casa para recibir al recién nacido, hay que actuar con nuestro perro.

Antes que el bebé llegue, hay que acostumbrar al perro a unos horarios que usted pueda compatibilizar cuando el niño esté en casa. Mejor poco a poco para que el perro no sufra los cambios de forma repentina. Cuando lo saque a paseo incluya un tiempo de atención solo al perro: aproveche para acariciarlo, cepillarlo, jugar con sus juguetes. Tómelo como una costumbre y siga haciéndolo cuando el niño ya esté encasa. Como decimos todos tienen que acostumbrarse a los nuevos horarios y esta es una forma sencilla de transmitirle a nuestro colega de cuatro patas que él es uno más de la familia.

Tan poco hay que olvidarse a la hora de los preparativos de la llamada obediencia básica. El entrenamiento previo de nuestro perro debería centrarse en dos aspectos: conseguir un buen control durante el paseo y reforzar el cumplimiento de la orden «quieto». Antes de que llegue el bebé, hay que dejarlo entrar en la habitación y que se haga con los olores del nuevo miembro de la familia. No deje a su perro subirse o tumbarse en ningún mueble del niño, corrija ahora y no cuando ya esté el bebé delante.

La llegada del bebé

Mientras el recién nacido está en la clínica: No dejen a su perro solo en casa. Si no pueden estar con él, lo más aconsejable es dejarlo con algún familiar. Desde la Fundación Affinity aconsejan llevar alguna toalla o manta con el olor del bebé a casa, jugar con el perro, acariciarlo y darle premios mientras se la muestra. De este modo, asociará el olor del bebé con experiencias agradables. También es aconsejable llevar al perro al veterinario para que le limen un poco las uñas. De esta manera evitaremos que pueda arañar al bebé si, por accidente, le tocara con las patas. El perro mostrará una curiosidad natural ante la llegada del pequeño. Debemos permitirle que investigue al nuevo miembro de la familia evitando que pueda, sin querer, hacerle daño.

Ante el primer contacto es importante actuar de la forma más relajada posible para evitar transmitir nuestra excitación a nuestro perro. No debemos castigarle por querer investigar al bebé, ya que podría asociar la presencia del niño con algo negativo. Debemos dejar que se acerque al niño; pero con calma. Si lo hace y lo huele de forma calmada, debemos premiarle con caricias y palabras suaves. Si las cosas han ido bien , es preferible no alargar en exceso ese primer contacto. No hay que forzar la interacción entre el perro y el bebé, sino que el proceso debe realizarse de manera gradual... Muy importante: nunca por ningún motivo debemos dejar al bebé y a nuestro perro solos ni un instante sin nuestra supervisión o la de otro adulto.

Las visitas y los terribles celos

Aunque haya alguno que no esté muy de acuerdo (de todo hay en la viña del señor), debemos intentar que las visitas hagan un poquito de caso a nuestro perro (por ejemplo, darle una golosina, lanzarle la pelota o acariciarlo ). En el asunto de los celos hay que saber que la llegada del bebé suele absorber gran parte de nuestro tiempo. El perro lo puede interpretar como: «cuando el bebé está delante, a mí apenas me hacen caso» o «cuando el bebé no está, vuelvo a recuperar la atención de mis dueños».

Estas actitudes puede hacer que vea al recién llegado como un competidor, haciendo acto de presencia los celos. ¿Cómo evitarlos? Muy sencillamente: si el pequeño está presente, debemos prestar atención también al perro. Todos los juegos, caricias y golosinas deben ser entregadas en presencia del niño. Por el contrario si el bebé no está, debemos, de manera deliberada, reducir el grado de caricias y atenciones al perro... de esta manera el can verá que «cuando el bebé está delante, me hacen caso y me divierto como siempre» y sin embargo «cuando el bebé no está, me aburro y ellos me ignoran». Les aseguro que es súper efectivo.

La educación del niño

Según muchos especialistas la convivencia con un perro es muy beneficiosa ya que contribuye a la educación de un niño más sociable y con mayor sentido de la responsabilidad. Hasta los 2 o los 3 años, el niño conoce su entorno fundamentalmente a través del tacto. Al ver al perro, intentará acariciarlo, palpar su piel y su pelo. Para ellos es como su oso de peluche; pero en grande y que además se mueve. Además todavía no entienden que los animales tienen capacidad de sentir dolor o sufrimiento.

El niño tratará al perro como a un juguete más, al que sin querer puede hacer daño, al tocarle los ojos, el hocico o las orejas. Para evitar esos malos ratos a nuestro peludo amigo hay que enseñar a nuestro hijo a como debe de acariciarlo. Primero de todo no hay que preocuparse porque el perro lama al niño. Si el primero está en buenas condiciones higiénicas y de salud (desparasitado, vacunado...), no existe motivo para preocuparse. Hay que enseñar al niño que zonas del perro no conviene tocar y qué fuerza debe aplicar ya que si se utiliza una fuerza excesiva, apartaremos su mano y le enseñaremos cogiendo su mano con la nuestra, cómo acariciar con suavidad.

Por último les recomendamos la lectura de «El perro: educación y cuidados» de J. Fatjó y X. Manteca. Editorial Consulta de Difusión veterinaria. Se trata de un libro que ofrece de manera clara y sencilla las medidas prácticas para educar correctamente a los perros y evitar los problemas de conducta. Además, expone qué puede hacer el dueño si el problema ya está presente.