La oncóloga Ana Lluch bromea con Maribel, una de sus pacientes
La oncóloga Ana Lluch bromea con Maribel, una de sus pacientes - Mikel Ponce

Ser madre pese al cáncer de mama

Ser madre con un diagnóstico de cáncer de mama estaba simplemente prohibido. Hoy se afronta con naturalidad y se acortan los plazos para intentar la gestación, una vez controlada la enfermedad

MadridActualizado:

Tener un cáncer de mama a la edad en la que muchas mujeres desean ser madres ya no es un tabú. Tampoco para aquellas a las que la enfermedad les sorprende en plena gestación. Cada vez hay más evidencia científica que apoya a quienes quieren dar ese paso sin miedo a una recaída.

Durante la última reunión de la Sociedad Americana de Oncología Clínica (ASCO), una de las citas más importantes de los expertos en cáncer, se dio el último respaldo. Un estudio retrospectivo llevado a cabo por la Sociedad Americana de Oncología Clínica (ASCO) y presentado en el marco de su Reunión Anual 2017 que se está celebrando en Chicago (EE.UU.) ha descartado que las mujeres que se quedan embarazadas tras superar un cáncer de mama tengan más riesgo de sufrir una recaída o de fallecer, ni siquiera en aquellas que tienen tumores con receptores de estrógenos positivos.

«Estos datos deberían dar tranquilidad a las supervivientes de un cáncer de mama que tienen un bebé tras ser diagnosticadas del tumor», decía Erica L. Mayer, directora de la investigación. Pero, en la práctica, la realidad es otra. Aunque la mitad de las mujeres jóvenes a las que se diagnostica un tumor de este tipo desean tener hijos, menos del 10% se quedan embarazadas tras el tratamiento.

Aún persiste la creencia errónea, tanto en los médicos como en las pacientes, de que el embarazo puede provocar una recaída. El temor existe, sobre todo, en las afectadas por receptores de estrógenos positivos (ER-positivo), por la posibilidad de que el embarazo pueda activar el crecimiento de células cancerosas que hubieran permanecido ocultas en el organismo tras el tratamiento. En las unidades especializadas, el miedo ya se ha perdido. «Hasta hace poco tiempo era un tema tabú. Ahora a las mujeres que desean tener hijos solo les pedimos que esperen cinco años después del diagnóstico. Sabemos que no hay riesgo de recaída», asegura la oncóloga Isabel Calvo de HM CIOCC. En este hospital de Madrid se ha creado una unidad de cáncer de mama y embarazo, donde se vigilan estos casos. El centro participa ahora en un nuevo ensayo clínico con otros hospitales en el que se quiere averiguar si los cinco años de espera, establecidos como cordón de seguridad, podrían acortarse a dos años.

«Nosotros creemos que sí se puede, pero habrá que esperar hasta el fin de la investigación», explica. A las mujeres en edad fértil que empiezan a luchar contra el cáncer se les ofrece preservar sus óvulos antes del tratamiento. Es como un seguro de fertilidad, por si la quimioterapia acaba con toda la reserva de óvulos. En esos casos, la opción para ser madre pasa por un tratamiento en un centro de reproducción asistida. Aunque hay pacientes que se quedan embarazadas sin ayuda de la ciencia.

«Todas las mujeres necesitan información clara para ayudarles a desterrar sus miedos. Tanto las que quieren ser madres tras un cáncer como las que descubren un tumor en plena gestación. Su primera reacción es “quiero vivir”, “que me lo quiten”. Pero si se les explica que su vida no corre riesgo, que se puede tratar su cáncer sin riesgo para ella y su bebé la mayoría opta por seguir adelante», asegura Calvo.

«Ahora tengo mellizos»

Cuando a Maribel de la Cruz le dijo el cirujano que ese bultito que le acababan de extirpar «por precaución» de uno de sus senos era un cáncer todo su mundo se vino abajo. La que era entonces su ginecóloga le dijo que nunca podría tener hijos. Tenía 32 años y ella y su pareja, Pepe, acababan de decidir que querían ser padres. «Habíamos empezado a construir planes de futuro… y te derrumbas. Si dijera otra cosa mentiría».

Ahora tiene 45 años y una sonrisa que tan solo se esfuma unos segundos al recordar a quienes han estado a su lado luchando contra la enfermedad. «Me preocupaba más mi familia que yo. Sabía que si yo estaba mal, ellos estaban mal, así que yo tenía que ser la fuerte. Y al final se sale. De esta y de todas. También hay gente que no lo supera, pero no es lo normal».

Aunque nació en un pueblo de Castellón, De la Cruz lleva muchos años viviendo en Valencia, donde, precisamente, trabaja una de las mejores especialistas en cáncer de mama del país, la doctora e investigadora Ana Lluch. El cirujano le recomendó acudir a la médico valenciana, jefa de Hematología y Oncología del Hospital Clínico de Valencia. «Ana me recibió con un abrazo, me dijo que me iba a curar y que estuviera tranquila. Empecé el tratamiento con ella y ahora soy madre de mellizos».

La quimioterapia y los fármacos que se emplean para el tratamiento del cáncer producen una alteración en la función ovárica de la mujer; sin embargo, como Maribel de la Cruz, se puede ser madre después de vencer al cáncer. La doctora Ana Lluch explica a ABC que, antes de comenzar con los tratamientos de quimioterapia, si una mujer joven tiene deseos de ser madre se le hace una preservación de la función ovárica. Una técnica que consiste en quitar una parte del tejido ovárico y crioconservarla para volverla a introducir una vez terminado el tratamiento y poder ovular de forma normal. Incluso, si una mujer embarazada desarrolla cáncer de mama durante la gestación puede tener hijos sin peligro, según la oncóloga valenciana.

«Solemos esperar a que pase el primer trimestre de embarazo -por prudencia, matiza- para operar a la paciente. E incluso si el tumor precisa un tratamiento previo a la cirugía podemos tratar a la paciente embarazada con quimioterapia. Hay fármacos que no se deben dar durante el embarazo, pero hay otros que sí podemos administrarle». La oncóloga advierte de que estas pacientes solo pueden ser tratadas en centros donde existan «comités multidisciplinarios»; es decir, en hospitales en los que hay una coordinación «muy importante» entre cirugía, ginecología, obstetricia y oncología.

Lluch habla desde la experiencia. Más de 60 mujeres con cáncer han tenido un embarazo y han dado a luz a sus hijos allí en el Hospital Clínico de Valencia.

Carrera de obstáculos

La caída del pelo fue la experiencia más traumática de la enfermedad para Maribel de la Cruz. Aún recuerda la primera vez que le pidió a su marido que le ayudase a raparse la cabeza. «Una amiga que es enfermera me pinchaba unas inyecciones para estimular la médula y generar defensas después del primer ciclo. Todos los días venía a casa y me tiraba del pelo, con la sonrisilla. “¿Qué, cómo va?”, me decía. Un día se quedó con un mechón en la mano y nos quedamos en silencio, mirándonos sin saber qué decir. Dije: “¡No pasa nada! Ha llegado el momento”. Cuando salí del cuarto de baño, estaban mis padres y mi hermana y les dije, “acostumbraos, que esto es lo que hay”».

El número de cánceres de mama es mayor a partir de los 45 años. Sin embargo, la doctora Lluch admite que entre el 20 y el 30 por ciento afecta a mujeres jóvenes, y en esos casos la autoexploración es «importantísima» para detectar cualquier alteración. «Tengas 15 años o 30, hay que hacerla. Y si no sabes, tienes que preguntar a tu médico y aprender. Es muy fácil tumbarte en la cama y tocarte tus pechos, tus axilas, tu cuello… Es una rutina que salva muchas vidas», explica De la Cruz al recordar que ella misma se lo detectó hace 12 años.

Autoexploración, siempre

La autoexploración, las revisiones periódicas, la mamografía a partir de los 45 años y un estilo de vida saludable son, según indica la doctora Lluch, factores importantes para la prevención del cáncer. «A pesar de todo eso, los embarazos tardíos o tener antecedentes en la familia son factores de riesgo más importantes que no podemos evitar», señala la oncóloga. En el Día Mundial de la Lucha contra el Cáncer, que se celebra el 19 de octubre, los expertos tratan de concienciar a las mujeres de que la prevención es el mejor tratamiento. Porque, a pesar de que en España se detectan al año alrededor de 25.000 nuevos cánceres de mama, «cerca del 85 por ciento de los casos diagnosticados pueden curarse».

Aunque nada tiene de positivo sufrir cáncer, Maribel de la Cruz destaca que sus prioridades han cambiado después de superarlo. Tuvo una recaída después de su embarazo: una metástasis en una costilla. Desde entonces, ha pasado al tratamiento de enferma crónica, con una vida normal y tan solo se toma una pastilla al día. «La vida es para vivirla. Tenemos una y nada más».

Joey llegó entre quimio y quimio

Abortar cuando se diagnostica un cáncer de mama durante el embarazo no mejora el pronóstico de las pacientes. Ésta es una de las conclusiones principales a las que ha llegado la doctora Cristina Saura, investigadora principal del Grupo de Cáncer de Mama y Melanoma del Vall d’Hebron Instituto de Oncología (VHIO), en su tesis doctoral. El trabajo, dirigido por el doctor Javier Cortés, investigador asociado traslacional del VHIO y jefe de sección de Cáncer de Mama y Tumores Ginecológicos del Hospital Universitario Ramón y Cajal, demuestra que estas pacientes pueden realizar, sin riesgo para ellas ni para el neonato, un tratamiento adecuado para su cáncer de mama pese a su estado de gestación.

Inés Gasen con su hijo Joey
Inés Gasen con su hijo Joey

La historia de Inés Gasen, una de las primeras gestantes con cáncer que trató la doctora Saura en su unidad del VHIO, es la prueba fehaciente de que la lucha contra el cáncer no debe detenerse cuando la enfermedad te acecha en período de gestación. «Pensé que debía elegir». «Cuando supe que tenía cáncer de mama estaba de casi seis meses y lo único que pensé en aquel momento es que debía elegir entre la vida de mi hijo y la mía», explica la madre en declaraciones a ABC. Sin embargo, su ginecólogo la derivó al Hospital Vall d’Hebron, donde contactó con el equipo de la doctora Cristina Saura. «Allí salvaron nuestras dos vidas, la mía y la de mi bebé», afirma Inés.

Recuerda como el mejor día de su vida cuando llegó al centro barcelonés y los especialistas la esperaban con todo un plan cerrado para ella y su bebé. «Primero te operaremos, luego te administraremos la quimioterapia y, ya veremos cuándo cuadramos el parto», le dijeron. «Fue un shock. De pensar que durante el embarazo no puedes tomar ni un gelocatil a plantear quimioterapia hay un abismo. Aunque ví que estaba en buenas manos y confié ciegamente en el equipo», dice la mujer. Entre la semana 36 y 37 de gestación, los médicos le provocaron el parto.

Hacía una semana que había acabado una tanda de quimioterapia. ¿Esperamos unas semanas para seguir el tratamiento?, le preguntaron los oncólogos. «No. Sigamos adelante», dijo ella. Y a la semana reanudó las sesiones. Joey, que ahora tiene siete años, nació sin problemas y sigue siendo un niño sano y feliz. Inés también está limpia y en febrero de este año dio a luz a su segunda hija, Júlia. «He tenido dos embarazos; uno con cáncer y otro no», explica Inés.

Del primero prefiere quedarse con la parte positiva. «Cuando estás esperando un bebé y luchas contra el cáncer te pasan a la vez dos cosas muy fuertes. Una muy buena, que es que esperas un bebé, y otra muy mala, que luchas por salvar tu vida. Yo me aferré al primer sentimiento y puedo decir que el embarazo endulzó mi cáncer», resume la afectada. Ella es solo uno de los más de 50 casos que desde 2006 se han tratado en la Unidad del VHIO.

Evitar la radioterapia

La tesis de la doctora Saura, centrada en todas las experiencias recopiladas durante estos años, concluye que el cáncer de mama durante el embarazo tiene unas características de agresividad congruentes con una población de mujeres a quienes se les ha diagnosticado en edad joven, y se comporta de la misma manera.

Señala, asimismo, que el tratamiento de estos casos debe ser lo más parecido posible al de una paciente no embarazada. «Esto incluye la cirugía, en cualquier momento del embarazo, así como la quimioterapia y/o taxanos, a partir del segundo trimestre», asegura la investigadora. «Lo que sí se debe desaconsejar es el uso de radioterapia o fármacos biológicos, y aquellos de los que no se disponga de información en cuanto a posibles interacciones», añade Cristina Saura.