De izqda. a dcha.: la postuladora, hermana Angela Coelho, y los padres de Lucas, Joao Batista y Lucila Yurie
De izqda. a dcha.: la postuladora, hermana Angela Coelho, y los padres de Lucas, Joao Batista y Lucila Yurie

Lucas, el niño brasileño curado repentinamente de trauma craneal con pérdida de masa encefálica

Sus padres y las carmelitas de Campo Mourao, Paraná, pidieron el milagro a Francisco y Jacinta

CORRESPONSAL EN EL VATICANOActualizado:

Las tres personas más agradecidas en la canonización de Francisco y Jacinta este sábado 13 de mayo serán un joven matrimonio brasileño y su hijo, Lucas Maeda de Oliveira, cuya curación inexplicable después de caerse desde una ventana y sufrir trauma craneal con pérdida de masa encefálica constituye el milagro aprobado para declarar santos a Francisco y Jacinta.

Acompañado de su esposa Lucila Yurie, João Batista, el padre de Lucas, ha relatado el jueves en el Santuario de Fátima algunos de los datos del caso, cuyo expediente médico completo fue enviado a Roma a la Congregación para las Causas de los Santos.

La familia vive en Campo Mourao, una ciudad de ochenta mil habitantes en el estado brasileño de Paraná, al oeste de Sao Paulo. El 3 de marzo de 2016, el pequeño Lucas, que entonces tenía seis años, estaba jugando con su hermana Eduarda en la habitación del abuelo. En una travesura, se cayó desde la ventana, a seis metros y medio de altura, y se golpeó la cabeza contra el suelo, sufriendo «traumatismo craneal muy grave y pérdida de masa encefálica», en palabras de la nota leída por su padre.

Al levantar a su hijo de la acera, João Batista pidió ayuda a la Virgen de Fátima y a los dos pastorcillos. El niño fue ingresado en coma en un hospital sin recursos especializados para un caso de esa gravedad y sometido a una operación. El pronóstico era de muerte muy probable, o bien estado vegetativo permanente. En caso de superarlo, los daños neurológicos y cognoscitivos serían extremadamente graves.

En vista de la situación, el día 7 de marzo João Batista y su esposa Lucila Yurie pidieron a las carmelitas de Campo Mourao que rezasen por el chiquillo.

Inmediatamente, según el padre, «una de ellas fue a buscar las reliquias de Francisco y Jacinta que tenían junto al sagrario y sintió el impulso de pedirles: ‘Pastorcillos, salvad a este niño, que es un pequeño como vosotros’. Empezamos a rezarles toda la familia y dos días después, el 9 de marzo, Lucas se sintió bien, comenzó a hablar y preguntó por su hermanita».

Los médicos estaban asombrados del cambio, pero le mantuvieron en la Unidad de Cuidados Intensivos otros dos días más hasta convencerse de que no era necesario en absoluto.

«Lucas está bien, sin ninguna secuela»

Según el padre, «Lucas está totalmente bien, sin ningún síntoma ni secuela. Y es el mismo que antes del accidente: su inteligencia, su carácter, todo igual».

Para que una curación sea aceptada como milagro en un proceso de canonización se requiere que sea extraordinaria, repentina y duradera. Al cabo de cuatro años se ha cumplido el último de los requisitos, y los seis expertos médicos consultados por la Congregación para las Causas de los Santos dieron su parecer unánime el pasado 2 de febrero.

En un estudio paralelo, los teólogos y los cardenales de la Congregación consideraron suficientemente probado el hecho de que los padres y las carmelitas hubiesen acudido a la intercesión de los dos pastorcillos, por lo que el Papa Francisco aprobó el milagro el pasado 23 de marzo.

Este sábado, João Batista y Lucila Yurie, llevarán al Papa algunas de las ofrendas en el ofertorio de la misa de canonización de los dos pastorcillos. Y el pequeño Lucas les mirará feliz desde su asiento en la explanada.