Concentración en Sevilla en apoyo a la víctima de 'La Manada' bajo el lema "Yo sí te creo" - ATLAS

Juicio a «La Manada»«Las víctimas de agresiones sexuales viven el cuestionamiento como una segunda violación»

La puesta en duda de los testimonios de mujeres que han sufrido violencia sexual abre el debate sobre cómo puede afectar a las víctimas que se cuestione su historia

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El creciente número de casos de abusos sexuales que se están dando a conocer en los últimos meses, así como el juicio que se está llevando a cabo durante estos días a «La Manada», acusados de violar a una joven en los sanfermines de 2016, está planteando un nuevo debate: cómo puede afectar a la víctima que se cuestione que los hechos que se denuncian son reales. Pero este hecho va más allá, puesto que tópicos —ya algo superados— como «la ropa que llevaba puesta», «si se encontraba bajo los efectos del alcohol o las drogas» o «por qué tardó tanto en denunciar» pueden suponer un retroceso en la recuperación de la mujer que los ha sufrido.

Este cuestionamiento sobre la credibilidad de la víctima es lo que Violeta García, psicóloga de la Asociación de asistencia a mujeres agredidas sexualmente, define como «victimización secundaria», que no es otra cosa que la puesta en duda de su testimonio. «Para la víctima, el cuestionamiento es vivido realmente como una segunda violación», explica. A su juicio, es precisamente a través del caso de los sanfermines como se está dando a conocer «la realidad» de las víctimas cuando llega el juicio, aunque reconoce que en muchos casos es el momento menos malo, puesto que «el periplo que pasan hasta llegar al juicio es incluso más duro que cuando se llega, ya que normalmente es porque ya se ha visto que puede haber pruebas, que puede haber posibilidad de que haya una condena».

En algunos casos, como ocurre en los mencionados, se suma otro factor: la presión mediática. Cuando el agresor es una persona conocida o los hechos trascienden por factores como las circunstancias en las que han tenido lugar, la víctima se enfrenta a una «segunda humillación», algo que esta psicóloga califica como «terrible», e incluso «a veces peor que la agresión sexual». Precisamente este aspecto es uno de los que, considera, influyen en la recuperación de la víctima, del mismo modo que lo puede hacer el proceso judicial o el apoyo social y de sus personas de confianza. «Cuando el juicio va bien y hay un reconocimiento público, la recuperación es mucho más sencilla. Porque muchas veces estas personas buscan un reconocimiento público o un perdón, no hay deseo de venganza», expone.

La sociedad, un papel esencial

La recuperación psicológica de las víctimas, insiste Violeta García, es posible. Para ello, es fundamental la «valentía» y la «capacidad» de la víctima, así como una terapia que le ayude a afrontar esos recuerdos: «Todo esto va haciendo que la persona pueda pensar que lo que le ha sucedido es algo muy desgraciado y doloroso, pero que es una parte más de su vida, que no es el centro de ella». En esta recuperación es esencial también el papel de la sociedad que, a su juicio, reside en la necesidad de «un cambio de mentalidad». «Nuestra función social no es poner a prueba, cuestionar», explica. Aquí juega también la percepción de las denuncias falsas, que tal como asegura, ocupan «un porcentaje minimísimo pero este procentaje nos hace tener en la cabeza todo el tiempo esa duda».

Insiste también en este aspecto Delfina Mieville, socióloga miembro del Colegio de Politólogos y Sociólogos y sexóloga experta en género y Derechos Humanos, que asegura que, del mismo modo que no se cuestiona el sistema judicial aunque a veces se encarcele a ladrones que resultan no serlo tampoco debería ponerse en duda en estos casos. «De todas las cosas cuestionables, lo que cuestionamos es esto, que es lo que tiene el mínimo de denuncias falsas de todos los delitos penales», asegura.

Como sociedad, explica Mieville, tenemos que mentalizarnos de que la violencia sexual es un delito. «Es delito, son derechos humanos, y aunque no te guste, lo tienes que calzar. Al mismo tiempo que hay una educación en igualdad, que se hace lo mejor que se puede, tiene que haber un mensaje muy claro, como lo hay con cualquier otro delito de que lo es, y que no se cuestione», dice. En este aspecto, asegura, la educación tiene un papel clave, y como tal, ha mejorado mucho: «Ya hay programas piloto de talleres de tres días sobre prevención de la violencia, y poco a poco va mejorando».

El problema, sin embargo, está, a juicio de esta experta, en que se considera la violencia sexual como algo que tiene que ver con el deseo sexual, cuando lo que es, asegura, es «un acto de poder»: «El violador viola porque puede, no solo porque hay un tema de excitación. Es una cuestión de poder. No tiene que ver con las ganas —y lo digo también como sexóloga— puesto que físicamente los hombres y las mujeres tenemos una respuesta fisiológica sexual idéntica. Nosotras también tenemos deseo y no vamos violando por ahí», concluye.