Vídeo: Hijos de la violencia de género: "Preferiría que mi padre estuviera muerto porque así podríamos vivir tranquilas" - ATLAS

Hijos del maltrato

Cuando su padre asesina a su madre, se quedan huérfanos por partida doble. En cinco años, la única herencia que han recibido 185 niños ha sido la violencia

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Un juicio por asesinato se demora unos dos años. ¿Qué pasa con los niños, cuyos padres han matado a sus madres durante ese tiempo? La estimación de Marisa Soleto, directora de la Fundación Mujeres y responsable de la secretaría técnica de las becas «Fiscal Soledad Cazorla Prieto» que se conceden a niños huérfanos de la violencia de género, es que desde 2004 al menos 500 familias se hallan desestructuradas, enmarañadas aún en cuestiones relacionadas con la tutela de esos niños que han perdido a su madre y cuyo padre está entre rejas. Son huérfanos por partida doble. 185 pequeños en los últimos cinco años.

En el mismo lustro, 23 niños ni siquiera lo contaron. Murieron a manos de sus padres que los utilizaron como moneda de cambio o venganza hacia sus progenitoras. Van ocho este año. El dato «es absolutamente intolerable», proclama a este periódico la presidenta del Observatorio contra la Violencia Doméstica y de Género, Ángeles Carmona. Hoy, Día Mundial para la erradicación de crímenes sexistas, se conocerán decenas de cifras como estas, mientras la lucha, en casa de los familiares de las asesinadas, continuará para asegurar el bienestar de los pequeños que se quedan sin sus madres cuando aún no tienen constancia de qué significa eso.

A David y José Antonio les une este grito común. El pasado marzo, David sacó los colores a los diputados reunidos en la jornada «Huérfanos de la Violencia de Género», celebrada en el Parlamento. David es hermano de una mujer asesinada por su marido en 2013, cuando su hija de 3 años se encontraba en el domicilio. David se hizo cargo de ella y ahora quiere adoptarla. «Les pido por favor que intenten ponernos la cosas un poco más fáciles», arengó a los políticos. Tras el asesinato de su madre, esa niña recibió 234 euros de una beca de la Comunidad de Madrid para el comedor escolar. El agresor hizo lo que estuvo a su alcance para que la pequeña recibiese una pensión de orfandad simple y él una de viudedad, que estuvo cobrando varios meses. La niña afrontaba cada visita autorizada por el juez a su padre «con vómitos». Soleto se congratula de que el Pacto de Estado contra la Violencia sexista recoja que uno de estos niños no pierda la pensión de orfandad al ser adoptado.

José Antonio Picazotiene un destino análogo al de David. «El 2 de noviembre de 2013, aquel energúmeno que llevaba 16 años casado con mi hermana, cuando ella se levantó a media noche, la ahogó con su propias manos. Mi sobrina tenía 11 años y mi sobrino, 4», relata a ABC. «Es una vergüenza que haya muertes por violencia de género que no sean juzgadas como asesinato. Al asesino de mi hermana le cayeron 15 años, no 25». Este vecino de Cuenca espera todavía que un juez recapacite tras las dos veces que la Seguridad Social ha rechazado conceder una pensión de orfandad completa (unos 600 euros) a los niños. Desde que Andrea Nieves Picazo pereció, sus dos hijos reciben 72,90 euros (¡al trimestre!).

«Una vida no se paga con dinero, pero lo que consiguió el agresor fue rebajar 2,5 años su condena al indemnizar con 150.000 euros a cada niño por haberles quitado a su madre. Es intolerable. Que me devuelvan a mi hermana», brama con desgarro Picazo. En la mayoría de ocasiones, dicen las estadísticas de la Delegación del Gobierno para la Violencia de Género, la tutela legal va a parar a la familia materna, aunque, tal y como subraya Marisa Soleto, depende de cada caso. Ambas familias pueden llegar a un acuerdo. «Sí hemos detectado que la situación mayoritaria es que los abuelos se hagan cargo y eso abre otra necesidad, porque sus ingresos son menores y deben hacer frente a la educación de esos menores», añade.

«Desde que Andrea Nieves Picazo pereció sus dos hijos reciben 72,90 euros al trimestre»

Los psicólogos siempre tienen mucho que decir en ese proceso que comienza tras la muerte de una mujer. «Mi madre es viuda y pensionista. Consiguió ser la tutora legal de los niños –comenta el hermano de Andrea–. Además, la psicóloga recomendó que a mis dos sobrinos no se les sacase del pueblo donde vivían, Villanueva de la Jara».

Después del crimen

¿Deben volver a ver a su padre después del crimen? No es fácil encontrar un «sí» o un «no» categóricos. Sí lo tiene claro la directora de la Fundación Mujeres, que mantiene que un hombre que ha quedado inhabilitado como pareja también lo está para el ejercicio de la patria potestad de sus hijos. Hay que lograr, según sus palabras, que los hijos tengan el menor contacto con el maltratador. La vocal del Poder Judicial presidenta del Observatorio recuerda que el reciente Pacto de Estado contra la Violencia de Género incorpora «la imperatividad de la suspensión de régimen de visitas en los casos en que el menor haya sufrido o convivido con manifestaciones de violencia y en caso de orden de protección, la prohibición de visitas de menores a la prisión, impedir que el padre maltratador acceda a las grabaciones de exploraciones de menores, desvincular la intervención psicológica del niño a la patria potestad», entre otras medidas.

Sara Gómez, psicóloga de una unidad de atención de la Dirección General de la Mujer en la Comunidad de Madrid, aconseja abordar «un tratamiento individualizado para cada niño», sobre todo, con la mira puesta en que no repitan el patrón de maltrato que han podido vivir en sus carnes. Las posibilidades de que uno de estos hijos del maltrato perpetúen en sus vidas adultas las agresiones son muy altas.

En el caso de las niñas aún es peor. El riesgo de sufrirla es 2,5 veces mayor que a otra menor que no ha presenciado palizas o insultos, fija Naciones Unidas. Tras 35 años presidiendo la Confederación Nacional de Federaciones y Asociaciones de Mujeres del Medio Rural (Afammer), la diputada Carmen Quintanilla habla de cuántas mujeres repiten el patrón que han conocido en su infancia. «Han sido hijas de un maltratador, con frecuencia, porque en la niñez se aprende quiénes somos y cómo nos comportamos. Son sumisas, asumen e interorizan el abuso. Han idealizado a su príncipe azul, un amor inexistente que no es real, porque la agresión nace del odio». «La dependencia emocional de estas mujeres es muy fuerte –apostilla Gómez–. Su relación es su única fuente de afecto, aunque les genere ansiedad, miedo, culpa»....

Picazo no quiere que su cuñado vea más a sus sobrinos. «Las familias viven un largo proceso caracterizado por la inseguridad jurídica, sometidas a una completa inestabilidad emocional completa. El interés del menor debe estar siempre por encima», advierte Soleto.