Vídeo: En el mes de noviembre se produce la mayor incautación de heroína en España - FOTOS: INÉS BAUCELLS / VÍDEO: EP

La heroína salta a la clase media

Un nuevo perfil de adicto y distintas formas de consumo han reavivado una droga que se creía olvidada en España

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Ya no se inyecta, se fuma o se inhala; y los jóvenes han perdido el miedo que inspiró el «caballo» a la generación de los años 80 en España. Estas son las dos razones por las que la Brigada Central de Estupefacientes de la sección de opiáceos de la Policía Nacional cree que es cierta la sensación que se tiene en la calle de que el consumo de heroína ha repuntado. Y decimos sensación, porque las cifras del Plan Nacional de Drogas y de las autoridades sanitarias aún no reflejan ese aumento del consumo con estadísticas concluyentes.

Tampoco el volumen de incautaciones se ha alterado lo suficiente como para sostener que el tráfico de heroína esté creciendo, a pesar de que una reciente operación en Barcelona, con 331 kilos decomisados, inclinará la balanza al final del ejercicio de 2017 respecto a 2016. La percepción de los agentes de la Unidad de Drogas y Crimen Organizado (Udyco) entrevistados por ABC es que, en la actualidad, «se salta con más naturalidad del cannabis y otras sustancias a la heroína», que se mantiene como la principal causa de muerte por sobredosis en España.

Un salto «no complicado»

«El salto no es complicado», dicen los agentes, y lo avala Enric Valle, experto de la Unidad de Asistencia a la Drogodependencia del Hospital de Mataró, en Barcelona. «Es un problema que no se termina. Vemos a muchas personas que empiezan consumiendo cocaína, cannabis y alcohol, y en algún momento empiezan con la ketamina por vía inhalatoria, luego inyectada, y finalmente, heroína».

El paso también puede darse por «moda», dicen las mismas fuentes policiales, ya que en EE.UU. el fentanilo está haciendo estragos y ha provocado una situación de emergencia nacional. «Esas tendencias las importamos», apuntan en la Udyco, y comentan que moda también es la que ha surgido en el sur de España, que consiste en mezclar en la papelina cocaína y heroína, vendiéndose con el nombre de «rebujito». El problema en el país podría localizarse en tres focos calientes (Sevilla, Madrid y Barcelona). «El mercado de la heroína es muy endogámico. Ha cambiado el perfil del traficante, más empresarial, busca oportunidad de negocio con la droga con la que lo haga», explican los agentes. En España, esta droga sigue moviéndose de forma «suburbial», por parte de una mafia de turcos, aunque en Barcelona está dominada por la comunidad paquistaní, comentan.

Un nuevo perfil

Cambia el traficante y lo hace también el heroinómano. Un dato nuevo que aporta la Policía Nacional y suscriben desde las unidades de agudos de los hospitales, que tratan a los adictos, e instituciones, como la Generalitat de Cataluña. Según describen, la heroína «ha dado el salto a la clase media».

Un ejemplo: hay ejecutivos y amas de casa que fuman cannabis, cada día más, para relajarse y combatir el estrés. De ahí, pasan a otras sustancias. Y llega la heroína, si no se es consciente de que es la droga más peligrosa y adictiva que hay, comenta el psiquiatra y profesor de Blanquerna-Universidad Ramón Llull, Paco Barón. Valle añade otro dato básico para trazar el perfil del heroinómano: los pacientes con esta adicción son cada vez más jóvenes, de 18 a 25 años. Joan Colom, subdirector general de Drogodependencias de la Generalitat, suscribe ese cambio de perfil en el usuario,

«A diferencia de los adictos a la heroína de los ochenta, el consumidor de ahora está menos degradado, es más joven, y consume más de una sustancia a la vez», apunta. Otra diferencia, según dice, es que solo se consume vía intravenosa en un 30 por ciento de los casos, porcentaje que en los años 80 ascendía al 70 por ciento. Colom niega que haya una punta en el consumo de esta sustancia. «No hay estadísticas estatales ni autonómicas que lo avalen, lo que ocurre es que tiene más visibilidad porque ahora se consume en plena vía pública», aclara el experto del Govern.

El temido «caballo» de los ochenta vuelve a cabalgar, aunque con paso lento. El motivo también hay que buscarlo en que ahora hay más heroína en el mercado. Concluida la guerra de Afganistán, la producción de opiáceos se ha elevado de forma desmedida hasta alcanzar 4.800 toneladas en 2016. Las rutas por las que viaja la sustancia son, por un lado, atravesar el Kurdistán, y una vez llegan al puerto de Estambul, puerta de entrada a Europa, distribuirse en varios trayectos: bien por Georgia, rumbo a Ucrania y Rusia, donde el consumo es muy alto; bien por los países balcánicos, rumbo a Holanda-Bélgica, que son los grandes «almacenes» de opiáceos del continente, merced a su legislación más laxa con las sustancias.

«España es país de destino. La heroína que llega a Galicia es a partir de un pedido, pero no hay ruta de entrada de droga al norte o sur de España. No es como el hachís que entra por Marruecos y se distribuye por la Península. Esa droga que llega en pedidos se hace mayoritariamente por carretera; aunque los paquistaníes a veces las traen de forma aérea, con mulas, en maletas, pero con cantidades muy pequeñas», señalan fuentes policiales. En cambio, la heroína que llega a EE.UU. procede, bien de Colombia-Bolivia-México; o de Paquistán y el triángulo rojo (Laos, Tailandia, Myanmar). La heroína aún tiene un precio en el mercado de 20.000-27.000 euros el kilo. Si éste bajase habría un repunte de consumo entre los jóvenes, apuntan.

Diez euros por un «chute»

En grandes ciudades como Barcelona, donde han proliferado los denominados narcopisos, viviendas vacías que son ocupadas por narcotraficantes, que las convierten en áreas de venta y consumo sin control de esta droga, el precio de la heroína «se revienta», según precisan a ABC fuentes policiales. Las dosis de esta sustancia, que se distribuyen en estos supermercados de la droga, en la mayoría de los casos adulteradas con sustancias nocivas, no supera los 10 euros.