La playa de Safont, donde se bañaban los toledanos hasta que en 1972 se prohibió el baño
La playa de Safont, donde se bañaban los toledanos hasta que en 1972 se prohibió el baño - FOTOS: LUIS ARRIBAS Y PLATAFORMA DE TOLEDO EN DEFENSA DEL TAJO

El grito agónico del río Tajo

La contaminación y el trasvase la han convertido en la cuenca fluvial más esquilmada de Europa Occidental y el río tiene encefalograma plano

ToledoActualizado:

No lo dicen los políticos, sino los expertos: la del Tajo es la cuenca más sobreexplotada de toda Europa Occidental. Al trasvase hacia el Levante que sus pantanos de cabecera soportan desde hace ya medio siglo, se suma la enorme contaminación de su cauce proveniente de los vertidos humanos e industriales de Madrid, efecto que se ve multiplicado por una deficiente depuración. La capacidad de almacenamiento de agua mayor que existe la tiene también la cuenca del Tajo, en cuyos embalses cabe más del 130% del agua total que llueve en un año.

«El río Tajo no fluye. A los científicos les he oído decir tres cosas: que nuestro río está parado, no se mueve; que no se ve la corriente ni para dónde fluye, y que es un río de encefalograma plano, sin las crecidas y estiajes característicos de los ríos peninsulares. Aquí en Toledo tenemos siete azudes en poco menos de cuatro kilómetros, y da la impresión de que hay agua, pero en realidad no la hay». El que habla es Alejandro Cano, presidente y portavoz de la Plataforma de Toledo en Defensa del Tajo, quien señala el tramo más contaminado del idílico río —donde Garcilaso de la Vega situó hasta ninfas y efebos— entre Aranjuez y el embalse de Castrejón, punto en que se incorpora otra arteria contaminante de Madrid, el Guadarrama. «Tenemos una cloaca a cielo abierto, sencillamente. La presión que soportamos de Madrid es entre diez y veinte veces la presión que sufre el Sena por parte de París, con más de 20 millones de habitantes», se lamenta Cano.

Por efecto de la contaminación y con excepción del barbo, han desaparecido del cauce dos decenas de especies autóctonas de peces, y aún se recuerda con enorme nostalgia cuando los toledanos disfrutaban de su playa... hasta 1972, en que se prohibió el baño.