José Carlos Montoya - EFE / Vídeo: El preso estaba roncando antes de practicarle la autopsia

La familia del preso 'resucitado': «Pido a Sus Majestades, de patriarca a patriarca, que lo indulten»

Las analíticas del reo indican que fue un intento de suicidio

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Los Montoya, la familia del preso ‘resucitado’ en la cárcel asturiana, han empezado a movilizarse para reclamar el indulto de Gonzalo. Una treintena de primos, tíos, hijos y amigos se concentró ayer ante las puertas del Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA), donde el protagonista sigue reponiéndose de sus dolencias en la UCI. «Queremos la libertad de Gonzalo Montoya Jiménez», rezaba la sábana que pintaron a modo de pancarta según informa «El Comercio». Han empezado a recoger firmas y, ante las cámaras, dieron un paso más en su reivindicación. «Pido a Sus Majestades, de patriarca a patriarca, que lo indulten porque está muy mal», rogó José Carlos Montoya, padre del reo.

«Me ha dicho: "Papa, tengo miedo de volver". Van dos veces que se ha intentado quitar la vida. Si lo meten otra vez se nos suicida de nuevo», confía el progenitor. La familia describe un episodio en el que Gonzalo Montoya, ‘El Chino’, se habría puesto una soga pero finalmente otro reo le hizo desistir del suicidio. Según pudo confirmar este periódico, el propio Gonzalo relató estos extremos al personal de la penitenciaria, como prueba de sus padecimientos.

Instituciones Penitenciarias tiene abierta una investigación para determinar cómo es posible que el reo, de 29 años, fuera dado por muerto en el control de la mañana del domingo 7. Su rigidez, tono azul y ausencia de signos de vitalidad llevaron al médico que entraba de guardia y al que salía a considerarlo fallecido. La comitiva judicial que practicó el levantamiento del supuesto cadáver confirmó el diagnóstico y lo envió al Instituto de Medicina Legal para practicarle la autopsia. «No se acuerda de nada más que cuando abrió los ojos estaba metido en una bolsa negra», señala su mujer, Katia Tarancón.

«Es un chaval depresivo, que no mató a nadie, no atracó ningún banco; cogió un poquito de chatarra para dar de comer a sus cinco hijos y le castigaron con tres años y seis meses de prisión», refiere su tío, Raúl Montoya. «Ha pasado todo este tiempo sin un permiso y ahí dentro, llega un momento en el que ya no piensan como nosotros, quieren salir como sea y se suicida», completa.

El familiar sabe de lo que habla. Él mismo estuvo seis meses en la prisión, por hurtos similares. «Allí un día se te pasa como una semana, y una semana como un mes. Lo días de fiestas, como Navidad, piensas en la familia y es una locura», aprecia. Como alternativa a esa presión, dice, surgen los problemas de medicación y estupefacientes.

«Ahora está aquí, en el hospital, y si le toca una pastilla cada ocho horas, eso es lo que le dan. En la cárcel los viernes te entregan una bolsa con todo lo que te toca el fin de semana, porque el sábado y el domingo no hay nadie para repartirlo» explica Raúl Montoya. «Los chavales cogen la bolsa y se intentan meter todas las pastillas», afirma.

Esta manera de dispensar los fármacos es común a todas las penitenciarias, y los sindicatos vienen cuestionándola al considerar que supone un factor de riesgo en poblaciones como la reclusa, con altos porcentajes de toxicomanías. Ayer mismo UGT emitió un comunicado recordando que «durante mucho tiempo, se contrataron a tiempo parcial dos enfermos para el reparto de la medicación durante los fines de semana y festivos. Como consecuencia de los recortes, la Administración Penitenciaria suprime estos contratos». La solución provoca que «en ocasiones, se ha detectado que algún interno trapichea» con las medicinas.

Las analíticas practicadas al protagonistas indican que en la noche del sábado al domingo sufrió una sobredosis al mezclar los barbitúricos con diversas drogas.

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