Un joven camina mientras mira su teléfono móvil
Un joven camina mientras mira su teléfono móvil - Inés Baucells

España, a la cola de Europa en protección contra el wifi

Médicos y geobiólogos alertan del posible efecto de estas radiaciones en los niños y piden, como en Francia, limitar las redes inalámbricas en las escuelas

BarcelonaActualizado:

No se trata de crear alarmismo, sino de seguir las recomendaciones europeas en esta materia, que son explícitas». Juan Carlos López, experto en geobiología y radiaciones, lleva años estudiando el impacto de los campos electromagnéticos (entre los que se encuentran los emitidos por las antenas de telefonía móvil y los dispositivos de tecnología wifi) en la salud de la población. Como conocedor de la materia y tras analizar la situación en varios países, a López le «preocupa», «y mucho», según afirma, la «laxitud» que hay en España en cuanto a la protección contra estas radiaciones.

«Aunque no hay una constatación científica de que tengan efectos graves en la salud, es importante que se respete el principio de precaución que las autoridades comunitarias dictaron en mayo de 2011 y que insta a adoptar todas las medidas razonables para reducir la exposición de la población en general y especialmente de los niños a los campos electromagnéticos», apunta el especialista.

En declaraciones a este diario, López denuncia que España no cumple esa recomendación y destaca como especialmente preocupante «la falta de control» de estas emisiones en las escuelas, dado el potencial dañino de las radiaciones en los niños. «España está a la cola de Europa en cuanto a protección contra radiaciones electromagnéticas», señala el experto.

Más preocupación social

El investigador Alejandro Úbeda, jefe de sección del Servicio de Investigación-Biolectromagnética del Hospital Ramón y Cajal de Madrid, comparte su opinión. En su informe «Campos electromagnéticos y salud» encargado por el Ministerio de Sanidad y al que ha tenido acceso ABC, el experto advierte del «retraso de España en materia de protección ciudadana ante exposiciones a campos electromagnéticos ambientales» e insta a las instituciones sanitarias a que «se dote al país de una legislación más completa en materia de radioprotección».

Tanto Úbeda como López constatan un incremento de la preocupación social respecto a estas cuestiones». Juan Carles López recuerda que «a diferencia de otros países como Suiza, Italia, Alemania o Francia, España aún mantiene los niveles de exposición mínima a estas radiaciones que dictaron las autoridades europeas en 1998».

La Comisión Internacional para la Protección de las Radiaciones No Ionizantes (Icnirp por sus siglas en inglés), comisionada por la OMS, estableció en 1998 un conjunto de restricciones básicas y niveles de referencia para la protección de la población general y los trabajadores ante los posibles efectos nocivos de exposiciones a campos eléctricos y electromagnáticos. La recomendación fijaba un tope de hasta 450 microvatios por centímetro cuadrado para estaciones base de 900 megaherzios y de 1.000 microvatios por centímetro cuadrado para las de 1.400 megaherzios. Pese a la proliferación de las redes inalámbricas y al impacto de las nuevas tecnologías, España sigue aún con los baremos de referencia de la Icnirp, mientras que la mayoría de países europeos, entre ellos Suiza, Alemania, Francia e Italia, han rebajado al límite el nivel de exposición atendiendo a la resolución de Salzburgo, que se cerró durante la conferencia internacional que se celebró junio de 2000 en esta ciudad austríaca, y que establece para la protección preventiva de la salud pública un nivel de 1 milivatio por metro cuadrado (0,1 microvatios por centímetro cuadrado), según denuncian los expertos.

Fuentes del Ministerio de Sanidad confirmaron que en materia de protección a estas radiaciones España se rige por el Real Decreto 1066/2001, de 28 de septiembre, que, según ha podido comprobar ABC, mantiene las recomendaciones de 1998 en cuánto a niveles de exposición.

El Gobierno no prevé cambios

Las mismas fuentes precisaron que «no está previsto modificar el marco legal en relación al nivel de exposición de la población en general».

«Es preocupante que no se hayan rebajado los topes de exposición», afirma en declaraciones a ABC José Manuel López Menchero, geobiólogo y experto en Salud Medioambiental. A juicio de López-Menchero, también coordinador de la plataforma Escuelas sin wifi, que nació hace unos años con la intención de mejorar la protección frente a estas radiaciones en los centros escolares, la solución pasa por instalar sistemas que permitan acceder a internet de un modo seguro. «No se trata de imponer nada, solo de aplicar lo que dice Europa», asegura.

Alude en concreto, a la resolución 1815 de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa, de mayo de 2011, que dicta, entre otras, las siguientes recomendaciones: «Adoptar todas las medidas razonables para reducir la exposición a los campos electromagnéticos, especialmente las radiofrecuencias emitidas por los teléfonos móviles y, en especial, la exposición de los niños y jóvenes».

Respecto a estos últimos, la citada resolución, consultada por este diario, insta, en su apartado 8.3, a «desarrollar en los distintos ministerios (educación, medio ambiente y sanidad), campañas de información específicas dirigidas a la comunidad educativa para advertirles de los riesgos del uso precoz, indiscriminado y prolongado de los teléfonos móviles y otros dispositivos que emiten microondas» e insta a «dar preferencia a las conexiones a internet por cable, y regular el estrictamente el uso de teléfonos móviles por parte de los niños en el recinto escolar». En cumplimiento de estas recomendaciones, Francia prohibió en febrero de 2015 las redes wifi en centros de primaria y guarderías.

La doctora Josepa Rigau, licenciada en Medicina y Cirugía por la Universidad de Barcelona y profesora en la Universidad Rovira i Virgili de Tarragona, subraya en declaraciones a ABC la necesidad de proteger a los menores frente a estas radiaciones dada la proliferación de las nuevas tecnologías en el ámbito educativo.

Recuerda que en mayo de 2011 la OMS adoptó la clasificación de la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC) que establece que los campos electromagnéticos (EMF) son un posible carcinógeno humano (grupo 2B). Según la especialista, «una exposición prolongada de los niños a estas radiaciones puede provocar una afectación neurocognitiva».