Otras «manadas» siguen a «la Manada» de San Fermín
Otras «manadas» siguen a «la Manada» de San Fermín - EFE
Tras la violación en San Fermín

¿Hay «efecto llamada» del «efecto Manada»?

Tres psicológos nos ayudan a resolver dudas sobre la mediatización de los casos. «En nuestra sociedad está completamente instaurada una cultura de la violación», asevera la vocal del Consejo General de la Psicología de España

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¿Hay «efecto llamada» del «efecto Manada»? La pregunta es reiterativa. Pero desde que se denunció la agresión o abuso sexual (por condena) de una joven de 18 años el día de San Fermín de 2016 en Pamplona, se han dado a conocer múltiples «Manadas» en diferentes puntos del país, sin aparente conexión: en Beniaján (Murcia), en Alicante, en Adeje (Santa Cruz de Tenerife), la de una menor de 15 años por tres jugadores de la Arandina (en Aranda de Duero y los tres ya en libertad)...

Solo durante las últimas horas, un grupo de cuatro varones han quedado en libertad en Benicasim (Castellón) tras la denuncia de una joven; y en la conocida sala de fiestas de Barcelona Razzmatazz todavía se indaga qué pasó con los «tres miembros del séquito» que acompañaban a un grupo de hip hop neoyorquino que intervino el pasado viernes en la discoteca y que fueron acusados de violar a una menor de 17 años en un reservado.

El dilema que se plantea a tres prestigiosos psicólogos es el mismo: ¿hay efecto llamada o hay más casos que antes? ¿se denuncia más? ¿qué lleva a un hombre a violar en grupo a una joven, lo harían también individualmente o es la llamada del grupo la que surte mayor efecto en estos casos? ¿qué pasa por su mente para hacer algo así?

Las opiniones son discordantes. Para el psicólogo Esteban Cañamares, hay muchos temas que tienen un efecto llamada, desde las discusiones de fútbol en ambiente familiar hasta cualquier otro asunto muy mediatizado. «Hubo un tiempo en que había muchos más casos de anorexia nerviosa, que llegaron a provocar la muerte de las chicas que dejaban de comer». Ahora, recuerda Cañamares, estos casos no son tan visibles o se dan a conocer mucho menos.

Este psicólogo «responsabiliza» en parte a «programas de televisión que están haciendo uso y abuso» de casos como el de la pandilla sevillana en San Fermín. La otra cuota de responsabilidad se la adjudica a la banalización del sexo que mujeres y hombres hacen en internet.

¿Hay manadas de mujeres a un solo hombre?

«Hay muchos más casos de niños abusados de los que te puedes imaginar. Muchos niños se desvirgan con su profesora, de 38 años por ejemplo y no lo denuncian. Las manadas que están saliendo son de hombres, porque un hombre adulta no denunciaría a las mujeres que se lo llevan. Obedece, más bien, a razones culturales. A él le dirían: anda qué suerte tienes; mientras una muchacha si se va voluntariamente sería una cosa bien diferente y preponderan todavía valores machistas de la sociedad. Lo que importa, además, no es el número de personas que intervienen en el sexo; sino si son relaciones consentidas o no, ahí está la clave. Por cierto, porque hay mujeres que organizan orgías con 2-3 adultos y son todas consentidas», responde Cañamares.

«Hay muchos más casos de niños abusados de los que te puedes imaginar»

Vergüenza y culpa femeninas

Bárbara Zorrilla Pantoja es psicóloga colegiada en Madrid. Para ella, la violación y las agresiones sexuales «han existido siempre, no son cosa de ahora», también otras intolerancias hacia la mujeres en una sociedad patriarcal como la nuestra. Para ella, el efecto Manada se debe a una cuestión diametralmente opuesta a la razón que aducía su colega: «Los movimientos feministas están dando a conocer una realidad que a ellas les ha dado a conocer que no están solas, que no solo ellas han pasado por un trago así. La vergüenza y la culpa son limitaciones femeninas a la hora de denunciar, tampoco entienden que despiertan una sexualidad irracional en el hombre, máxime cuando al contarlo se les recrimina cómo iban vestidas o cuánto habían bebido».

Zorrilla habla claro: «Empezar a señalizar a los culpables, con movimientos como #Cuéntalo, surgido en las redes sociales, ha agitado muchos casos de ellas, que se ven ahora acompañadas». «Se les ha dicho que no están solas», repite esta especialista en casos de violencia de género.

¿Qué impulsa a un hombre a cometer esos abusos en grupo, lo harían también individualmente?

Depende de la estructura de la personalidad que tenga cada individuo y de las dosis de machismo que tenga interiorizado. Es cierto que en grupo se diluye la uniformidad y baja la cuota de responsabilidad, apremia Bárbara Zorrilla.

Instrumento en conflictos armados

Rosa Álvarez Prada es vocal de la junta de gobierno del Consejo General de la Psicología de España y coordinadora del grupo de trabajo de Psicología e Igualdad de Género. En su opinión, no es un fenómeno nuevo, por mucho que tenga más eco mediático. «De hecho, las violaciones colectivas son también un instrumento en conflictos armados, por ejemplo, para someter y controlar a las mujeres», recuerda.

Como Cañamares, pone un segundo elemento sobre el tapete: «Los niños de hoy están creciendo en una cultura pornográfica, podríamos decir. Cada vez a edades más tempranas, acceden a una cantidad ingente de pornografía, a través de internet, y cada vez más brutal, en el que la cosificación, la humillación, las vejaciones, la violencia contra la mujer crecen exponencialmente. Si los niños proyectan que la sexualidad es esto, que las relaciones son así, en esa especie de supremacía sexual masculina, es obvio que se van a repetir muchas más Manadas».

Y coincide con Zorrilla en el despertar, en masa: «Hemos asistido a un cambio muy potente en la sociedad española: hoy en día, con la movilización que hemos vivido a partir del caso de los sanfermines, se ha hecho una tarea divulgativa muy importante. Esa consigna, "No es no, el resto es violación", otorga a las mujeres la capacidad de identificar conductas sexuales violentas, actitudes machistas que antes molestaban pero que ahora se atreven a reprochar públicamente. En España en 2017, en los 9 primeros meses, se ha producido un incremento de las denuncias por violaciones, y se calcula que cada día se producen 4 violaciones, cuando antes eran 3. ¿Significa esto que hay más agresiones? Yo creo que significa que más mujeres están tomando conciencia de lo que es una violación, que no es su culpa, y se acercan a poner una denuncia».  

¿Qué lleva a grupos de hombres a actuar así?

Todas las mujeres, en algún momento de nuestra vida, en la calle, en nuestro trabajo… todas hemos sentido miedo a poder ser agredidas sexualmente: este miedo no lo han experimentado los hombres. Si nos vamos a las estadísticas del INE, en 2016 que es el último año con datos disponibles, el 98% de los condenados por delitos contra la libertad e indemnidad sexual son hombres. En el caso de menores, el 100% de condenas por agresiones o de abusos sexuales, son hombres. Creo que no podemos reducirlo a una cuestión biológica, sino de socialización y esto explica también estas conductas agresivas en grupo. Cuando hablamos de que existe un terrorismo machista, es justamente por comportamientos así: asistimos a una socialización de una masculinidad nociva, tóxica, violenta…

«Seguimos poniendo el foco en el comportamiento de las chicas. La pregunta es por qué ningún hombre lo evitó»

¿Hay algún factor psicológico que explique por qué los hombres lo hacen en grupo y no se atreverían a hacerlo individualmente?

Le invito a reflexionar sobre los comentarios que he podido leer estos días a través de los periódicos digitales y redes sociales, en concreto, de la agresión en Razzmatazz, en Barcelona. Muchas personas decían: ¿qué hacía una menor en una sala de conciertos por la noche? Bien, seguimos poniendo el foco en el comportamiento de la chica. La pregunta correcta es: ¿por qué tres hombres decidieron que iban a violar a una chica, por qué ninguno lo evitó? Es la consecuencia de una sociedad machista: la sexualidad siempre se ha abordado desde la perspectiva masculina.

Se ha presentado al hombre como una víctima de sus impulsos, en el que la agresión sexual resulta inevitable. Y esto no es así. En nuestra sociedad está completamente instaurada una cultura de la violación, que normaliza, justifica y tolera la violación mientras que se culpabiliza a la víctima.