Maria Moulin-Stozek
Maria Moulin-Stozek - ABC
Criminología

«Desearía para Polonia los mecanismos para proteger a las mujeres que existen en España»

La investigadora polaca Maria Moulin-Stozek analiza la violencia de género entre países y mira con envidia la ley «progresista» española

«Si el riesgo de condena es bajo, las sanciones más duras no disuadirán a los agresores machistas»

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Maria Moulin-Stozek, investigadora polaca del Instituto Cultura y Sociedad de la Universidad de Navarra, ha analizado durante años el fenómeno de la violencia de género. Esta doctora en Derecho especializada en Criminología mira con admiración la ley española de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género, que considera una ley progresista y completa en comparación con la que existe en otros países.

¿Hay causas que puedan explicar el repunte de víctimas de violencia de género en un periodo determinado de tiempo? Por ejemplo, este inicio de 2017 está siendo especialmente trágico.

La violencia en la pareja es un fenómeno etiológico complejo con múltiples aspectos que contribuyen. Cuando se interpretan las estadísticas de crimen en la violencia de pareja, uno necesita tener en mente la «cifra negra», las tasas de crimen por lo general se subestiman, a menudo por la falta de conciencia sobre qué constituye la violencia de pareja o por la falta de confidencialidad que se percibe en las denuncias. Esto ocurre particularmente en las comunidades de inmigrantes. Un escenario optimista podría ser que los incidentes violentos no han aumentado, sino que las estadísticas del crimen son más elevadas porque estos delitos se denuncian con más frecuencia.

Quizás, gracias a que los medios hacen campaña de manera más enérgica contra la violencia de género, muchas mujeres, tras años de abuso, se sienten empoderadas para hablar y denunciar al agresor. Las mujeres no hablan de ello por numerosas razones: miedo, dificultades económicas... Muchas mujeres están tan aisladas que no saben a dónde acudir. Los datos de mi estudio con inmigrantes polacos en España revelaron que las polacas no quieren denunciar la violencia porque culturalmente no están acostumbradas a hablar sobre estos temas.

Familiares y amigos o lo que la investigadora llama «ayuda informal» a la mujer víctima de violencia de género a menudo llegan a culpar a la víctima

Esto confirma los resultados de estudios que se han llevado a cabo previamente con comunidades de inmigrantes. Las mujeres que dejan a parejas violentas pueden ser marginadas por sus comunidades. La Ley Orgánica española de 2004 contra la violencia de génerose considera entre los investigadores europeos como una ley progresista y completa en comparación con leyes similares en otros países. Sin embargo, entre los inmigrantes es menos común buscar ayuda formal que informal, como hablar con amigos o la familia. También hay muchas mujeres que se fían exclusivamente del apoyo informal, aunque, tal y como muestran los estudios, la capacidad de ayuda de las personas que apoyan de manera informal es muy limitada y a menudo manifiestan actitudes de culpar a la víctima.

Usted ha trabajado en países como Estados Unidos, Polonia, y en la actualidad, en el nuestro. ¿Ha constatado usted diferencias entre países en esta materia? ¿Puede usted identificarme países que estén haciéndolo mejor o peor contra esta lacra?

Desearía que Polonia tuviera mejores mecanismos para proteger a las mujeres, como, por ejemplo, los que existen en España. El sistema jurídico criminal de EE.UU. es por lo general más «duro con el crimen» en comparación con los sistemas europeos, lo que también se aplica a la violencia contra las mujeres. Sin embargo, no es una cuestión de cuánto dura la sentencia que se aplica a los criminales, sino de que haya conciencia de que el castigo es inevitable. Si el riesgo de condena es bajo, incluso las sanciones más duras no disuadirán a los agresores. Se pueden conseguir resultados a través de una buena legislación y una implementación adecuada de ésta, campañas en medios, involucración del sector de las ONG, eliminar actitudes negativas hacia las mujeres, programas para supervivientes, educación de los agresores y de los adolescentes...

Observo con interés un creciente esfuerzo por involucrar a los niños y los hombres en la prevención de la violencia contra las mujeres. Es necesario entrenar a personas que trabajen con supervivientes –por ejemplo, policías, jueces, trabajadores sanitarios...-. Una novedad en este campo son las intervenciones dirigidas a las personas que apoyan de manera informal a las supervivientes de la violencia: familiares y amigos.

Asimismo, hay que tener en cuenta las necesidades específicas de la situación de los inmigrantes, especialmente los canales a través de los que se informa a este grupo. Para las mujeres inmigrantes es importante que sus necesidades y percepciones, a menudo diferentes de las del común de los ciudadanos, sean tenidas en cuenta por los proveedores de servicios y en el juzgado. Aún hay mucho por hacer para que las mujeres que han sufrido abusos puedan vivir vidas dignas.

¿Hay alguna «receta» que se pueda dar para combatir la violencia machista, por ejemplo, en la educación de los jóvenes u otras

Según estudios representativos, la violencia entre adolescentes es frecuente. Sin embargo, los adolescentes no suelen ser el foco de los esfuerzos que se hacen para prevenir la violencia en pareja. Es importante prevenir la violencia antes de que ocurra más que intentar lograr una detección precoz de los casos o prevenir que estos vuelvan a ocurrir.

Hay refugios para mujeres que han sufrido abuso y programas para agresores condenados por violencia contra la pareja, pero los servicios preventivos son relativamente poco habituales. Hay programas para prevenir la violencia entre novios que enseña habilidades para desarrollar relaciones no abusivas con la pareja, resolución de conflictos, habilidades de comunicación y técnicas para buscar ayuda. Estos programas son poco habituales y se desarrollan en su mayor parte en Norteamérica. Esto no es suficiente. Para extender la prevención contra la violencia, los programas se podrían integrar, por ejemplo, en los programas de educación sexual que ya existen.

Como criminóloga, ¿advierte usted algún cambio en el "modus operandi" de los agresores machistas?

Los hallazgos de la investigación sobre la violencia de pareja coinciden relativamente en afirmar que los factores de riesgo para cometer este tipo de violencia incluyen la juventud, ser miembro de alguna minoría, nivel educativo bajo, estrés financiero, uso o abuso de alcohol o drogas, actitudes hostiles hacia las mujeres, varios desórdenes de la personalidad y problemas psicológicos. También se enumeran como factores de riesgo ser testigos de violencia, experimentarla o perpetrarla en la niñez. Pero, por supuesto, la violencia de pareja ocurre en todos los círculos sociales. Una de las mujeres a las que entrevisté para mi estudio relató que no la creían porque su pareja era un hombre acomodado español de clase social alta.

«Una mujer polaca a la que entrevisté para mi estudio dijo que no se creían que su pareja era un maltratador porque su pareja era un hombre de clase social alta en España»

De hecho, las personas que no están sujetas a ninguno de los factores de riesgo anteriores pueden ser peligrosas para sus parejas y, por otro lado, tener todos estos rasgos juntos no hace a nadie un criminal violento. Así que el comportamiento puede cambiar si, por ejemplo, una persona pierde su trabajo o empieza a tener un problema con el alcohol.

Tomar la decisión de cometer un crimen es un proceso interior complicado que no puede explicarse con facilidad. Incluso una persona bajo un repentino estado emocional o de la influencia del entorno generalmente tiene la posibilidad de analizar estos factores y controlar sus acciones. Merece la pena señalar aquí que incluso si un agresor ha perdido su trabajo o tiene problemas con el alcohol, eso no debería negar la culpabilidad de esta persona y no debería impedir aplicarle el castigo apropiado para el crimen que ha cometido.