Denuncian los grandes beneficios de la industria farmacéutica con medicamentos contra el cáncer creados con inversión pública

Las entidades privadas se defienden y aseguran que el coste de estas medicinas tan solo supone un 10% del gasto farmacéutico público

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La campaña «No es Sano» ha hecho público este martes un informe en el que indica que la industria farmacéutica se está beneficiando con la venta de fármacos oncológicos que han sido desarrollados con una gran inversión pública. Sería el caso de trastazumab, un medicamento contra el cáncer de mama en el que el 50% de los ensayos clínicos se financiaron a través de universidades, centros de investigación o fundaciones sin ánimo de lucro y que ha generado mas de 60.000 millones de euros en ventas.

Los tratamientos para el cáncer, detalla el informe, son uno de los grupos de medicamentos con precios más altos y que más ingresos generan para la industria farmacéutica. Sin embargo, hay una importante inversión pública en las fases de investigación y en los ensayos clínicos de muchos de los fármacos.

Esta es una de las principales conclusiones del informe «Los medicamentos para el cáncer: altos precios y desigualdad», que ha hecho público hoy «No es Sano», una plataforma en la que están, entre otras organizaciones, Médicos del Mundo, Salud con Derecho, la Organización Médica Colegial y la Sociedad Española de Salud Pública, entre otras.

«En España, algunas de las terapias más empleadas para tratar tumores alcanzan los 30.000, 40.000 y hasta 100.000 euros por paciente al año. Unos precios inasumibles para el sistema sanitario, sobre todo teniendo en cuenta que cada vez es mayor el número de casos diagnosticados, que pasará de 247.000 en 2015 a 315.000 en 2035, casi un treinta por ciento más, según las previsiones», explica el informe.

El estudio analiza cuatro casos concretos de algunos de los fármacos clave para el tratamiento del cáncer que generan enormes ingresos a las compañías que los comercializan. Todos ellos destacan por una importante inversión pública en su fase de desarrollo.

«La investigación de trastuzumab, para cáncer de mama, fue apoyada en gran parte por filántropos y fundaciones y casi el 50% de los ensayos clínicos se realizaron con presupuesto de universidades, centros de investigación o fundaciones sin ánimo de lucro. Hoy es uno de los productos estrella de Roche y ha generado más de 60.000 millones en ventas desde su comercialización», denuncia el estudio.

En los casos de alemtuzumab (Sanofi) y bevacizumab (Roche), otros dos fármacos estudiados, el informe revela que el 70% y el 50% de los ensayos clínicos, respectivamente, han sido financiados por universidades, centros de investigación o fundaciones sin ánimo de lucro.

La otra cara

Por su lado, Farmaindustria ha defendido el papel de las farmacéuticas y ha asegurado que el coste de los medicamentos contra el cáncer tan solo supone un 10% del gasto farmacéutico público. Asimismo ha destacado que el desarrollo de este tipo de medicamentos es un proceso complejo, largo y costoso, que se puede alargar entre 10 y 14 años y que puede llegar a suponer una inversión de más de 2.400 millones de euros.

Del mismo modo, la entidad ha apuntado que la investigación de medicamentos es, en la actualidad, un proceso abierto en el que, en las fases iniciales, las compañías colaboran con centros de investigación tanto públicos como privados. También, ha subrayado que «8 de cada 10 ensayos clínicos realizados en España están promovidos directamente por compañías farmacéuticas». Esto supone que las compañías implicadas son las responsables de la financiación de los ensayos, incluido el suministro gratuito al hospital de los medicamentos necesarios para los ensayos, las pruebas diagnósticas relacionadas y el seguimiento de los pacientes participantes.

Farmaindustria ha declarado que el coste de estos medicamentos es «sostenible» y que, por ejemplo, de los 61.947 millones de euros destinados al gasto sanitario en el año 2014, solo 1.656 millones correspondieron al gasto farmacéutico en oncología. Este coste ha mantenido su cifra estable desde el año 2009.

Estrategia comercial

El estudio «No es Sano» también analiza las nuevas inmunoterapias, las terapias CAR-T, tratamientos novedosos que modifican las propias células del sistema inmunitario del paciente para que detecte y destruya a las células causantes del cáncer. Recientemente se ha aprobado la comercialización en EE.UU. de Kymriah; (Novartis) y Yescarta; (Gilead) con precios de salida que superan los 475.000 dólares en el primer caso y 373.000 en el segundo. «Una vez más, gran parte de la investigación que ha dado lugar a estas terapias proviene de recursos públicos -más de 300 millones de dólares solo en EE.UU.- y más del 60% de los ensayos clínicos se han financiado a través de universidades, centros de investigación o fundaciones sin ánimo de lucro», aseveró «No es Sano».

Los casos de alemtuzumab y bevacizumab reflejan, además, algunas de las muchas estrategias comerciales a las que recurre la industria para maximizar beneficios. Alemtuzumab multiplicó su precio por 15 -hasta los 58.0000 euros- en un año. El fármaco, destinado en un principio a tratar un tipo de leucemia, fue retirado por la empresa y lanzado de nuevo con otro nombre y otro fin: tratar la esclerosis múltiple, «entrando así en un nuevo mercado cuyos medicamentos son más caros».

«Bevacizumab, por su parte, es un fármaco utilizado en diferentes tipos de cáncer, cuyas ventas, desde 2004, superan ya los 61.000 millones de euros. Este medicamento demostró también su efectividad en el tratamiento de un tipo de ceguera. La compañía Genentech/Roche, en vez de solicitar la inclusión de esta enfermedad en el listado de indicaciones del medicamento, decidió crear uno nuevo a partir de bevacizumab, con similares resultados, pero con otro nombre y un precio 100 veces mayor», sostiene el informe.

También denuncia el informe que «esta situación se debe a un sistema de propiedad intelectual que deja en manos de las compañías farmacéuticas la fijación de los precios de los fármacos y a un marco regulatorio poco transparente que beneficia a la industria en detrimento del interés público. El actual sistema de patentes pretende garantizar la recuperación de los recursos invertidos en investigación, pero la realidad es que no podemos conocer esos costes porque son secretos y los datos que se publicitan no tienen en cuenta la inversión pública».

«Esta falta de transparencia da lugar a que la industria fije los precios de los fármacos arbitrariamente, en función de la capacidad del mercado de cada país. Una opacidad a la que hay que añadir el hecho de que las negociaciones con las administraciones públicas están sujetas a acuerdos de confidencialidad que impiden hacer público cuánto se paga por los medicamentos», agrega el informe.

Por todo esto, «No es Sano» propone «una bajada en los precios de los medicamentos y que éstos se fijen a partir de los costes reales de investigación y producción, no con criterios arbitrarios; conocer el precio real de los medicamentos, así como transparencia en las negociaciones con la industria farmacéutica y más financiación pública para la investigación en cáncer -con datos abiertos y accesibles que estén al servicio de otras investigaciones-, más control de los precios de los medicamentos en los que se han invertido fondos públicos y cambios en el modelo de gestión de la propiedad intelectual para que las patentes no sean el único incentivo».