La Cumbre del Clima de Bonn se cierra con compromisos mínimos

Los países participantes cierran el manual de aplicación del Acuerdo de París, un libro de instrucciones técnicas que será votadoen 2018

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La Babel del clima, las 189 delegaciones gubernamentales que participaron hasta este viernes en la Cumbre COP23 de Bonn, se van con la satisfacción de haber dejado cerrado el manual de aplicación del Acuerdo de París, un libro de instrucciones técnicas, para que sea votado el año que viene. La ministra de Medio Ambiente alemana y anfitriona del evento, Barbara Hendricks, hacía un balance «positivo» y subrayaba que, a pesar de la posición de Donald Trump, «el acuerdo sigue vivo y el espíritu de París ha estado aquí». Pero lo cierto es que los avances técnicos logrados solucionan problemas solo a medias y la misma Hendricks reconocía que Bonn ha quedado reducida a una «cumbre de transición».

Los países pobres celebran que del Fondo de Compensación se haya desglosado un Fondo de Pérdidas y Daños, en el que participan Alemania y el Banco Mundial, que facilitará y agilizará las ayudas para los países más castigados por catástrofes climáticas, pero ha quedado sin poderse fijar la cuantía del Fondo de Compensación, muestra de que el agujero financiero que ha dejado la salida de EE.UU. del Acuerdo de París sigue sin paliarse, a pesar de que Alemania ha ampliado su aportación en 50 millones de euros y gestos generosos de países como Suecia y Austria.

Otra tarea pendiente es pagar el Fondo de Adaptación, que beneficia a países en desarrollo sin recursos propios para acceder a tecnologías menos contaminantes, que ademas se queda pequeño. «El comité de financiación ha hecho un estudio que demuestra que el 70% de lo transferido hasta ahora es para mitigación y solo el 25% para adaptación. Para América Latina, por ejemplo es esencial dar la vuelta al porcentaje y por supuesto cerrar cómo se van a completar esos 100.000 millones de euros anuales, además de establecer una nueva meta que por supuesto debe ser mucho mayor, porque los 100.000 millones no van a alcanzar para todas las regiones», advierte Sandra Guzmán, del Grupo para Financiamiento Climático para América Latina (GFLAC).

Sin duda uno de los logros más evidentes ha sido la alianza liderada por Reino Unido, Francia y Canadá para prescindir de la energía procedente del carbón, pero queda el mal sabor de boca causado por la ausencia de firmas muy significativas, como la alemana, la china, la polaca y la española. La ministra Hendricks mostró ayer su confianza en que, una vez finalizadas en Berlín las negociaciones de formación del gobierno, Alemania pueda dar ese paso. La ministra española, Isabel García Tejerina, reconoció ayer ane el pleno que «la transición a un modelo libre de carbón es obligada, pero ha de ser una transición justa para todas las personas afectadas», dejando entrever que a partir de 2030 España seguirá también esa senda.

Los países ricos se comprometen a un ejercicio de transparencia cada dos años y hay acuerdos en materia de Agricultura considerados «cruciales», pero que consisten solamente en que se ha llegado a acuerdos terminológicos largamente aplazados que permitirán seguir negociando. A parecer se habían atascado en si la agricultura podía tratarse como víctima o como aportadora de soluciones a las emisiones contaminantes, detalles de matiz semántico de los que pueden llegar a depender cuantiosas subvenciones.

Porque si hay algo íntimamente ligado a la protección del clima, son las cifras multimillonarias, a menudo a cargo del erario público y del que terminan sacando partido muchas empresas privadas. La cumbre de Bonn se celebraba en dos edificios diferentes, la «zona Bula», que en el lenguaje de Fiyi signnifica «hola», y la «zona Bonn», una para negociadores, otra para periodistas y lobby. Os inversores se implican tanto en las negociaciones que incluso hay estudios de incidencia como el que realiza Corporate Accountability. «Hay muchos inversores en esta conferencia que, en serio, mueven millones, incluso billones de dólares, porque la economía real va aquí muy por delante de los negociadores gubernamentales», explica Detlef Reepen.

En sentido totalmente contrario, llegaba ayer a Bonn, en la hora más baja de las negociaciones, un mensaje del Papa Francisco, llamando a «actuar sin demora» y a no caer en «la indiferencia, la negación del problema, la resignación ni la confianza ciega en las soluciones técnicas», además de «no limitarse a la dimensión económica o tecnológica del problema sino considerar los aspectos éticos y sociales del paradigma de desarrollo y progreso», en lo que considera como «uno de los fenómenos más preocupantes que está viviendo la humanidad».