José Diego Yllanes (en la imagen), al ser sentenciado por el crimen de Nagore Laffage, en los sanfermines de 2008. Los nueve miembros del jurado popular consideraron probada su «culpabilidad» por un delito de «homicidio» con la circunstancia agravante de «abuso de superioridad» - EFE

El crimen de Nagore: 7 de julio de 2008Qué ocurrió la noche de San Fermín en que Diego Yllanes se despidió de su novia y conoció a Nagore

Horas después de estrangularla y matarla telefoneó a un amigo para que le ayudase a deshacerse del cadáver, con un índice de la mano seccionado, y empaquetado en tres bolsas de basura

Madrid / PamplonaActualizado:

La madre de Nagore Laffage Casasola, Asun Casasola, siempre clamó por la brutalidad del crimen que acabó con la vida de su hija. Pidió que fuese considerado por la Audiencia Provincial de Navarra como un asesinato con alevosía, pero al final José Diego Yllanes Vizcay fue condenado a 12,5 años de prisión por un delito de homicidio con agravante de superioridad física sobre la víctima. Las asociaciones de defensa de las mujeres y contra la violencia machista pidieron una sentencia de no menos de 20 años, así como las acusaciones particulares, pero al final el tribunal tuvo en cuenta que Yllanes confesó el delito y lo hizo impulsado por un arrebato emocional, así como la atenuante de intoxicación etílica.

¿Cómo fue esa superioridad? ¿Qué ocurrió la noche de autos, en la madrugada del 7 de julio de 2008, según recoge el sumario del caso que acabó por sentenciar al joven médico? ¿Cómo acabó el joven licenciado en Medicina, con la especialidad en Psiquiatría, con la vida de la muchacha en su cuarto?

De acuerdo con las crónicas del momento y el sumario del caso, aquella madrugada ocurrió lo siguiente.

El joven médico de 27 años José Diego Yllanes Vizcay telefoneó a la una de la tarde del 8 de julio de 2008 a un amigo y le comentó: «He hecho algo muy malo. Tengo en mi casa a una chica muerta. Necesito que me ayudes a deshacerme del cadáver». La teoría desde el primer momento del joven médico, que ejercía como MIR de Psiquiatría en la Clínica Universitaria de Navarra, es que se le había ido de las manos la borrachera de la madrugada de San Fermín, y un «malentendido» que hubo en el ascensor de su casa, y posteriormente en la habitación de su piso en Pamplona. Ese «malentendido» fue el argumento que él repitió en el juicio celebrado por el crimen en 2009. Cuando el amigo al que telefoneó pidiendo su auxilio le dijo que se entregase tras el crimen, él contestó que no quería arruinar la vida de su familia. Pero lo hizo, al decir de Asun Casasola con dos familias enteras.

O quizás tres. Porque Diego Yllanes tenía novia, también médico ejerciendo en el mismo centro de la capital navarra. Nagore Laffage era una joven estudiante del segundo curso de Enfermería que estaba allí solamente para hacer unas prácticas. Al parecer, Diego Yllanes no había reparado prácticamente en su existencia, aunque a ella sí le sonaba de haberle visto por el hospital. No habían hablado con anterioridad a la noche de San Fermín. Esa madrugada, Diego y su pareja habían estado bailando y disfrutando de la juerga. Se habían pasado de copas, pero Diego dejó a su novia a buen recaudo. Hacia las seis de la madrugada, en un bar de copas, Nagore disfrutaba del postchupinazo con unas amigas. Entonces, conoció al médico de su clínica. Él le comentó que llevaba 36 horas sin dormir, entre el trabajo y la fiesta, y muchos combinados de ron en su haber.

Según recoge el auto, ambos muchachos simpatizaron en el bar, como tantos otros jóvenes, a altas horas de la madrugada. Decidieron sobre las 7.45 horas ir al piso en el que el joven y próspero médico ya se había hipotecado situado en la calle de Sancho Ramírez, en el barrio de San Juan.

En el ascensor, se besaron y acariciaron, según la declaración de José Diego ante la jueza instructora, de Aoiz (municipio de la merindad de Sangüesa). Él dijo en el juicio que creyó que ella quería mantener relaciones sexuales. Pero se produjo el mentado «malentendido» y Nagore, que se negó a practicar sexo, le acusó de pretender forzarla.

En la instrucción del caso, se recoge que el forcejeo de la pareja se inició en el cuarto de baño, después en el salón de la vivienda, como probaron los indicios y pruebas recogidos por la Policía Foral, que dio por hecho que la víctima mortal se resistió ante su atacante. Diego tenía una gran envergadura (mide 1,82 y pesaba en el momento de autos unos 80 kilos), por lo que se impuso con fortaleza a la joven estudiante.

Cuando tras 38 golpes, entre heridas externas e internas acreditadas por la autopsia, se dio cuenta de que Nagore no respiraba y estaba muerta, el criminal le seccionó con un cuchillo grande la yema del dedo índice de una mano, le robó los anillos y pulseras que llevaba, y envolvió el cuerpo en tres grandes bolsas de basura y cinta adhesiva.

José Diego fue a buscar el coche de su padre, estacionado en su domicilio del número 5 de la Travesía de Acella, y lo condujo hasta el garaje de su propia vivienda. Bajó el cuerpo exánime de Nagore en el mismo ascensor donde retozaban horas antes, cargó las bolsas en el automóvil, se dirigió a una zona boscosa próxima a Orondritz, en el valle de Erro, a unos 35 kilómetros de Pamplona, que conoce porque sus padres tienen allí una vivienda y arrojó el cadáver. Pretendió simular que la joven había sido desvalijada, porque . depositó el cadáver de la chica, vestida con el típico atuendo de los sanfermines (pantalón y camisa blancos, pañuelo rojo y una cazadora) y a unos 80-100 metros se desprendió de la bolsa con las joyas de la víctima y el cuchillo con el que la había agredido.

El después fue una crónica de sucesos escandalosa de la época. Una vecina paseaba con sus perros, cuando uno de ellos aterrizó en «un bulto». Se puso a olfatear la bolsa, y la mujer avisó a la Policía. El amigo de Diego Yllanes también había avisado de lo que le había contado el joven médico horas antes.