| Vídeo: el proyecto Medsalt-2

Cómo la sal del Mediterráneo ha puesto en pie de guerra a las islas Baleares

Un proyecto científico usará cañones de aire comprimido para sondear el mar. Los ecologistas temen prospecciones de hidrocarburos encubiertas y advierten de daños en la fauna marina

MADRIDActualizado:

La sociedad balear está sumida en un debate en el que caben pocos grises. Un grupo de científicos europeos quiere poner en marcha el proyecto Medsalt-2 para estudiar la conocida como crisis salina del Messiniense: hace seis millones de años el Mediterráneo (por el levantamiento del estrecho de Gibraltar y las variaciones del nivel del mar) quedó completamente aislado del océano global convirtiéndose en una enorme salina. La zona elegida por los científicos (incluidos españoles) para estudiar esta increíble desecación es la de las aguas de Ibiza, Formentera y Mallorca porque la capa de sal tiene allí menos espesor (entre 100 y 200 metros frente a los dos kilómetros de otras áreas) y es más fácil visualizarla, estudiarla y muestrearla. Hasta ahí, parece un proyecto sin controversia.

El problema es que para llevarlo a cabo se harán sondeos acústicos mediante el uso de cañones de aire comprimido (o «air guns») encargados de emitir ondas desde una embarcación. De esta forma se obtiene una imagen del subsuelo marino similar a la de una ecografía. Es esta técnica la que ha llevado a diversas organizaciones ecologistas como Alianza Mar Blava o Greenpeace a pedir el archivo del proyecto al Gobierno central. «Queremos que este proyecto se archive porque tendría un impacto medioambiental muy negativo; la técnica de los cañones genera una contaminación acústica submarina lesiva que podría provocar daños fisiológicos, embolias o incluso la muerte para la fauna marina como los cetáceos, tortugas, invertebrados, y otras especies de interés pesquero como el atún rojo», explica Carlos Bravo, portavoz de Alianza Mar Blava.

Desde Mar Blava señalan que si el proyecto realmente tiene fines científicos no se opondrían a él aunque, en ese caso, deberían usar otros métodos. «Probablemente tenga algún interés científico pero la técnica que usan para obtener los datos geológicos es muy nociva para el medio ambiente, ya el uso de esa tecnología da motivos suficientes para manifestarnos en contra del proyecto».

Pero, además, aseguran que los resultados de la investigación serán utilizados por empresas petroleras para la extracción de hidrocarburos. De hecho, citan un documento que asegura que siete empresas del sector del petróleo y el gas han mostrado interés en el proyecto y en el que también se lee: «en el corto plazo, la Acción [Cost/Medsalt] impulsará la exploración industrial de recursos de hidrocarburos en el sensible ambiente del mar Mediterráneo».

Desde Medsalt2 niegan rotundamente las acusaciones. En primer lugar, aseguran que solo han recibido financiación europea y que no buscan petróleo: «En ningún momento pensamos en hacer dinero con la naturaleza, se trata del evento medioambiental más relevante de los últimos 65 millones de años; lo consideramos un laboratorio natural para estudiar la respuesta de la Tierra ante una situación límite», defiende Daniel García Castellano, investigador del CSIC y miembro del proyecto.

Sin embargo, admiten los daños de los cañones: «Hay un impacto en la fauna, es así, pero los barcos que llevan a los turistas ¿no provocan un impacto peor? Además, nosotros usaremos uno o dos cañones, mientras que las petroleras emplean hasta 40; lo haremos en invierno y no en verano, nos alejaremos 20 kilómetros de las áreas protegidas de Mallorca e Ibiza, contamos con observadores a bordo...», defiende Angelo Camerlenghi, máximo responsable del proyecto. Pero para Mar Blava no es suficiente: «Hay cetáceos, como el zifio de Cuvier que nada a 2.000 metros de profundidad; ¿va a verlo un avistador? También dicen que hay disparos iniciales suaves, pero las tortugas, por ejemplo, no pueden nadar rápido. Además de que las ondas viajan en el agua más rápido que por tierra. Hay montones de estudios que demuestan que las medidas paliaticas no sirven para nada».

«No se puede prohibir todo»

El aumento de las condiciones para sacar adelante el proyecto se introdujeron en 2016, cuando el Ministerio de Medio Ambiente le denegó al proyecto la llamada declaración de impacto ambiental simplificada; es decir, aquella para las iniciativas de bajas consecuencias para el medio. Al considerarla de alto impacto tuvieron que repetirla y someterla a consulta pública. «Estoy decepcionado, no sé si saldrá adelante el proyecto. Pero sí sé que somos científicos, que no se puede prohibir todo, que no hay relación entre cañones y muerte... Aun así adoptaremos todas las medidas que se tengan que adoptar», insiste Camerlenghi, miembro del Instituto Nacional de Oceanografía y Geofísica Experimental de Trieste, Italia, organismo promotor del proyecto. Al ser una iniciativa extranjera, el procedimiento de evaluación de impacto ambiental lo publicó Exteriores en el BOE el pasado 21 de abril. Mar Blava criticó este documento por deficiencias e incumplimientos: «El plazo para que la ciudadanía presente alegaciones es menor al que exige la ley, no se difundió la documentación del proyecto y tampoco se consultó al Gobierno Balear, a los ayuntamientos, a los pescadores o ecologistas», lamenta Bravo.

Otro argumento para defender que Medsalt-2 no busca petróleo es que la institución que los financiaría, el programa International Ocean Discovery Program (IODP) exige que no haya rastros de hidrocarburos en el área de estudio. «Las capas de sal evitan que los hidrocarburos se fuguen. De esta forma, si encontráramos gas o petróleo a presión se pondrían en peligro las tecnologías que queremos usar. Si te encuentras una bolsa de hidrocarburos de rompería la estructura del barco», defiende garcía Castellanos.