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«Me cogió del pelo y me forzó. Al acabar, vomité. Me llamó cerda y se fue»

«Había salido de cena con mis amigas. Le acababa de conocer y se puso muy baboso». Una menor narra a EL COMERCIO su brutal experiencia «para que no les pase a otras»

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«No lo sabe nadie. Ni lo sabrá. Solo él. Y si lee esto, que sepa que no le tengo miedo. Que no me va a hundir la vida». Ha perdido doce kilos que no le sobraban. Sigue con su novio, «una persona maravillosa», pese a que siente que «los tíos son lo puto peor» y ahora las relaciones sexuales con su amor le duelen. Ha odiado a sus amigas. «¿Cómo no se dieron cuenta?». Pero, sobre todo, se ha odiado y culpado a ella. «¿Por qué salí? ¿Por qué bebí? ¿Por qué hablé con él?». Un odio y una culpa que está aprendiendo a gestionar con la ayuda de las psicólogas del único centro asturiano de atención integral a las víctimas de agresión sexual, el que Cavasym tiene en Gijón. Aunque durante mucho tiempo creyó «que no me habían violado», ahora tiene claro que «fui víctima de una agresión sexual». Una víctima menor de edad.

[Lee el testimonio completo de la víctima en El Comercio]

Asturias registró el año pasado una cifra récord de agresiones sexuales a menores. El Instituto Asturiano de Atención Social a la Infancia desveló en su memoria que en 2017 asumió la tutela de 25 menores porque alguien había abusado de ellos sexualmente; 25 casos que suponen un incremento del 45% en un solo año y la cifra más alta desde 2007, cuando comenzó la estadística oficial de las medidas de protección a la infancia.

El Ayuntamiento de Gijón ha puesto en marcha un protocolo contra las agresiones sexistas y los consejos de juventud lanzan una guía en la que insisten en que «no es no». Todo para frenar un volumen de violencia que los expertos consideran «menor al real». Explica Mariti Pereira, directora de Cavasym, que «si a un adulto le cuesta denunciar, a un menor mucho más». Como a la protagonista de este caso.