El presidente de la Conferencia Episcopal Española, el cardenal Ricardo Blázquez
El presidente de la Conferencia Episcopal Española, el cardenal Ricardo Blázquez - Ernesto Agudo

El cardenal Blázquez reconoce la «escasez extraordinaria» de vocaciones sacerdotales en España

Asegura que el panorama actual es «fuente de inquietudes y de sufrimiento para todos nosotros»

MadridActualizado:

El presidente de la Conferencia Episcopal Española (CEE), el cardenal Ricardo Blázquez, dedicó este lunes su discurso inaugural ante la Asamblea Plenaria para plantear una seria autocrítica sobre dos de los problemas que más preocupan a los obispos: la escasez de vocaciones sacerdotales y la indiferencia de los jóvenes hacia la Iglesia.

Sin caer en el pesimismo pero sin obviar la realidad, el arzobispo de Valladolid reconoció que la «penuria seria de vocaciones para el ministerio sacerdotal» que padece la Iglesia en España «no es de ayer ni de antes de ayer». «Si hace varios decenios la abundancia era extraordinaria, actualmente la escasez es también extraordinaria», aseguró el prelado en un discurso, que como pocas veces, estuvo marcado por la clave interna. El cardenal atribuyó esta «larga y dura carestía» a varias razones. Entre ellas, citó «las crisis de sacerdotes», «las numerosas secularizaciones» y «diversos factores religiosos y socioculturales». Todos ellos —indicó— «nos interrogan sobre una debilidad de fondo».

En su minucioso diagnóstico, el presidente de la Conferencia Episcopal también alertó de que las consecuencias más directas de esta falta de vocaciones son «un descenso en el número de presbíteros» y «una media de edad cada vez más alta». Desde hace ya varios años, en España fallecen más sacerdotes de los que se ordenan. Los que ejercen actualmente el ministerio tienen una edad media de 65 años, pero en algunas diócesis superan incluso los 70. Los pronósticos más pesimistas auguran que en cinco años habrá diócesis que no podrán atender a los fieles por el envejecimiento de sus sacerdotes.

Ante esta «situación precaria», el cardenal recordó que «la vocación cristiana es el fundamento de las diversas vocaciones específicas de la Iglesia» por lo que subrayó que sin «la maduración cristiana de lo iniciado y sin la vida cristiana en grupo y comunidad es muy improbable resistir al enfriamiento cristiano del ambiente y a la secularización que, como una marea sube afectando a las familias, a la educación y a la solidez de los valores morales».

Por todo ello, el cardenal animó a los sacerdotes a «atraer el ánimo de los adolescentes al sacerdocio» a través de «su propia vida humilde y laboriosa, llevada con alegría». En ese contexto, también urgió a las familias, educadores, asociaciones católicas y todos aquellos que se ocupan de la formación de los niños y de los jóvenes a «procurar educarles de tal modo que puedan descubrir y seguir gustosos la llamada de Dios». En su mensaje, el cardenal insistió a todos los miembros de la Iglesia «a no resignarse a la administración de la escasez» de vocaciones. «El ministerio episcopal nos urge a buscar, todos unidos en el Señor y con creatividad pastoral, respuestas a esta necesidad básica que repercute decisivamente en la vida de la Iglesia», subrayó.

A otro nivel pero con la misma preocupación, el arzobispo de Valladolid también se cuestionó sobre el distanciamiento de los jóvenes con respecto a la Iglesia e instó a no asistir «impasibles» a este fenómeno. «¿La Iglesia es para ellos indiferente e irrelevante?». Fue solo una de las muchas preguntas que el cardenal lanzó este lunes a la Asamblea Plenaria con la esperanza de que en estos cinco días de reuniones comiencen a aparecer algunas soluciones.