Numerosas personas se refrescan en una fuente de Madrid Río en una jornada marcada por las altas temperaturas
Numerosas personas se refrescan en una fuente de Madrid Río en una jornada marcada por las altas temperaturas - EFE
Primera canícula del año

El calor pone a prueba el cuerpo humano

Por encima de 37,5ºC, el funcionamiento del organismo ya no es el idóneo. El cerebro activa funciones básicas como el sudor, pero surgen los trastornos si las altas temperaturas persisten

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Ángel Alcázar, jefe del área de Predicción de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet), comienza por la buena noticia: el jueves «habrá un alivio generalizado» en todo el país de este episodio de altísimas temperaturas, concentradas durante el tiempo mínimo exigido para decretar una ola de calor, tres días. A partir de ese momento, no solo será posible conciliar el sueño, sino que nuestro organismo funcionará mejor, porque el cerebro se autorregula hasta los 37,5ºC y por encima de esa temperatura comienzan a fallar algunas funciones vitales. Surgen los trastornos clínicos.

Porque los estragos que hace el calor sobre el cuerpo humano son intensos, tanto de día como de noche. Los trastornos clínicos más frecuentes son la fatiga, el agotamiento y las dificultades para dormir, con todo lo que acarrean. Un episodio de altas temperaturas como este puede ocasionar, en el caso más extremo, un fallo multiorgánico con resultado de muerte. Quedan ya lejanos los datos de 2003, cuando según Sanidad una de las tres peores olas de calor que ha vivido España en los últimos 41 años mató a 141 personas (sobre todo ancianos, el colectivo más vulnerable, pero también profesionales de alto riesgo) y, según el Centro Nacional de Epidemiología, esa cifra se elevó por encima de los 6.500 muertos.

El vaivén de números se debe a la complejidad para atribuir un fallecimiento a la canícula por sí sola. Hay otros factores de riesgo, como las personas que padecen problemas cardiacos o toman ciertos medicamentos, como los de uso crónico, diuréticos y antidepresivos, con los que el cuerpo pierde hidratación, de acuerdo con las explicaciones del doctor Juan Carlos Montalva, coordinador del Grupo de Trabajo de Urgencias de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (Semergen).

El organismo tiende al frío

Él y el resto de galenos consultados piden precaución a embarazadas, niños y ancianos, que absorben peor el calor y su piel tiende a la deshidratación más acelerada. Detallan, a su vez, que el organismo es tan sabio que, cuando siente el calor en exceso del exterior, lucha para poder enfriarse. Con temperaturas tan altas como las que vivimos estos días, lo que hace el cuerpo es activar una batería de respuestas para tratar de combatirlas y mantenerse en torno a los 36-37,5 grados, que es el listón tope en el que el funcionamiento del organismo es óptimo. Ese conjunto de mecanismos, al que se conoce como termorregulación, mantiene la estabilidad de las condiciones del cuerpo para que no se produzcan errores en sus sistemas de corrección.

El primer y básico sistema de defensa es el sudor. El hipotálamo es la región del cerebro que controla esta función y activa la secreción de sales y agua para disipar el calor de la piel. «Elimina líquido como solución al calor externo», aclara el doctor Juan Carlos Montalva, puesto que el agua segregada tiene un elevado calor de vaporización y al evaporarse absorbe mucho calor. Por eso, bañarse en agua tibia y beber grandes cantidades de agua, también a temperatura templada (unos 15-20º), es el consejo en el que abunda el doctor Montalva. Un cuerpo de más de 70 kilos puede perder, en situaciones de calor asfixiante, hasta un litro y medio de sudor por hora, así que la hidratación constante es crucial.

Vasodilatación

El segundo mecanismo que pone en marcha el hipotálamo sería el de ponerse colorado, o con la piel enrojecida por el calor. Los vasos que transportan la sangre se ensanchan en la parte más externa del organismo y encuentran esa vía para liberar calor. A causa de la vasodilatación periférica (del enrojecimiento de la piel), disminuye el flujo de sangre en los órganos internos.

Si persiste la temperatura ambiental extrema, la misma región del cerebro también puede dar órdenes a los músculos para que avancen más lentos y pesados. Se ralentizan algunas funciones del metabolismo para que el cuerpo se proteja de la producción de más calor interno y comienzan los trastornos clínicos. La respiración (en el aliento se pierde bastante humedad) y el incremento en el ritmo cardiaco son las otras reacciones del organismo para tratar de expulsar el calor que padece. De esta manera, una persona con la tensión arterial anormalmente baja -«más protegida ante accidentes cardiovasculares», afirma el facultativo- «tiene un riesgo mayor de sufrir los rigores del calor» porque su sangre fluye con muy poca fruición.

Riesgo de insolación

Cuando ningún mecanismo tiene éxito para guarecerse del mercurio sofocante, se llega a sufrir un exceso de calor corporal o hipertermia, con resultado de calambres y espasmos musculares. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), estos episodios se dan con temperaturas que oscilan entre 39º y 41º en el ambiente. Si la persona sigue sometida al calor extremo puede sufrir una insolación o golpe de calor.

Hacen acto de presencia entonces el dolor de cabeza, la confusión, la pérdida de conciencia, la caída del riesgo sanguíneo a los órganos y la disminución de la tensión arterial y, en último caso, y con la exposición prolongada a los 42 y 43 grados, puede surgir el daño cerebral o incluso, como se puso especialmente de manifiesto en el caso de 2003, la muerte.