El maestro Romero nos enseña cuatro técnicas de defensa personal. - VÍDEO: DAVID G. TRIADÓ
DEFENSA PERSONAL

«Ante una agresión sexual hay que atacar a los ojos, los genitales o la garganta»

ABC asiste a una clase de defensa personal donde se enseñan técnicas para escapar de una agresión sexual o una violación

MADRIDActualizado:

El Combat Hapkido, que nació en Estados Unidos en los años noventa, no es ni un deporte ni un arte marcial tradicional. Su objetivo fundamental es proporcionar herramientas para sobrevivir cuando la vida está en peligro, ofreciendo «una respuesta siempre proporcionada a la amenaza», en aplicación de la legítima defensa. Lo explica el maestro Juan Romero Pons, director nacional de la International Combat Hapkido Federation en España.

El maestro Romero imparte clases de defensa personal dos veces por semana en un centro deportivo en el distrito madrileño de Hortaleza. El grupo es mixto y pueden acudir a las lecciones personas desde los doce años y sin límite máximo de edad, con independencia de su forma física. «Vienen desde policias, militares, médicos, profesores, estudiantes... con el denominador común de que todos son personas de bien», asegura el maestro Romero.

Las clases empiezan con un breve calentamiento y luego se pasa al aprendizaje de las técnicas. Más vale maña, también en este ámbito. «Nuestro sistema no se basa en la fuerza física sino en el conocimiento y la inteligencia». La defensa se fundamenta en atacar ciertos objetivos anatómicos que constituyen los puntos más vulnerables del cuerpo del agresor. El maestro Romero asegura que «los ojos, los genitales o la garganta son objetivos magníficos».

¿Cómo defenderse ante una agresión sexual?

En esta ocasión, la primera parte de la clase está dedicada a aprender a defenderse ante una agresión sexual o una violación. En primer lugar, en una situación con varios atacantes, como las que tuvieron lugar en Colonia recientemente, no hay que enfrentarse a todos los agresores al mismo tiempo. Es recomendable dar un paso al lado, alcanzando a uno de ellos, y golpearle con el talón de la mano en el nervio mentoniano, al final de la comisura de los labios, impactando en dirección hacia la garganta. De este modo, ese atacante quedaría fuera de combate. A continuación, convendría enfrentarse al resto y escapar lo antes posible.

En un forcejeo con el agresor en que éste agarra a la mujer por los brazos, continuar con ese pulso difícilmente va a servir para zafarse, dada la probable superioridad física del hombre. En este caso, la recomendación es reaccionar con las piernas, mediante una patada baja a un punto nervioso que se encuentra a cuatro dedos del tobillo, luego con una patada alta en la zona genital, un golpe con la mano en la cabeza y finalmente dando un pisotón en la pierna para poder escapar evitando una persecución. En una situación similar pero teniendo una mano libre, ésta se puede aprovechar para golpear en el nervio mentoniano.

Si el agresor ha sometido a la mujer y ésta se encuentra de rodillas, la clave para huir consiste en golpear una pierna por ambos lados, por encima de la rodilla, seguido de un impacto en los genitales y acabando con un golpe en la cabeza.

Cuando la agresión sexual se ha complicado y la mujer ya se encuentra en el suelo, una forma de escaparse consiste en golpear con el talón del pie en el punto nervioso donde se une la pierna con el cuerpo. Sin dilación, habría que pegarle en la cabeza con el otro pie, y aprovechando que el agresor se arquearía hacia atrás, darle de nuevo en la zona genital.

Si, estando en el suelo, el agresor ya se ha abalanzado sobre la mujer, es necesario fabricar espacio para poder aplicar la técnica anterior. Se puede hacer metiendo los pulgares en los ojos del atacante o bien con un golpe seco en ambos oídos, con la mano cóncava para generar cierta ventosa sobre el tímpano. Estos golpes contribuirán a alejar al hombre y permitirán escapar a la mujer.

Por último, en el peor de los casos, cuando el violador se encuentra encima y agarra los brazos de la mujer contra el suelo, hay que buscar de nuevo una solución que no se base en la fuerza física. En esta situación hay que rodearlo con las piernas y, dándose impulso, alejar al atacante para poder escapar.

Sea como fuere, el maestro Romero aboga por la prevención: «una confrontación física, acabe como acabe, siempre va a ser desagradable», por lo que recomienda usar el diálogo y una gesticulación calmada para tranquilizar y disuadir al agresor potencial cuando esto sea posible.