Inma Flores

ANAR crea una «app» para atender en tiempo real a los menores en riesgo

Se trata de un chat atendido de 16:00 a 00:00 horas por un grupo de psicólogos

MadridActualizado:

El 70% de los adolescentes tienen móvil a partir de los 12 años. Cada día dedican 3,24 horas a usar su smartphone. Este uso creciente de las nuevas tecnologías ha llevado a la Fundación ANAR a crear una «app» gratuita y confidencial que los adolescentes podrán descargarse en sus teléfonos móviles en las próximas semanas. Su objetivo es facilitar la comunicación con los menores que necesitan ayuda ante cualquier tipo de problema.

La nueva aplicación consiste en un chat —al que también se puede acceder en la web de la fundación—. «En 1994 fuimos pioneros atendiendo a los menores a través del teléfono. Han pasado más de veinte años y más de cuatro millones de llamadas, pero la ayuda sigue siendo la misma, solo cambia el canal», destacó este jueves la presidenta de la Fundación ANAR, Silvia Moroder, durante la presentación de esta nueva vía de comunicación, que ha contado con una inversión de 100.000 euros por parte de la Fundación Bancaria «la Caixa».

El chat, que es una vía complementaria a la llamada telefónica, es atendido de 16:00 a 00:00 horas en tiempo real por un grupo de psicólogos. «Muchos niños y adolescentes se sienten más cómodos escribiendo aquello que les está afectando sin la necesidad de poner voz a su problema», explicó Benjamín Ballesteros, director de Programas de ANAR.

Con el fin de garantizar su protección, el chat ANAR también cuenta con una tecnología que borra el texto a partir de la tercera línea de la conversación para evitar que el menor se exponga a una situación de riesgo en caso de ser descubierto por su agresor. «Sabemos por la experiencia del proyecto piloto que muchos problemas saldrán a la luz gracias a la percepción que genera en el usuario el anonimato y la confidencialidad a través de la red», afirmó Ballesteros. Según los datos del Teléfono ANAR, los casos de violencia grave hacia los menores se han multiplicado casi por tres entre 2012 y 2016.