José Carlos Montoya Montoya, padre de Gonzalo, junto a su nuera, esperando noticias en el hospital.
José Carlos Montoya Montoya, padre de Gonzalo, junto a su nuera, esperando noticias en el hospital. - Alex Piña

Las analíticas del preso «resucitado» detectan cocaína, heroína, hachís, metadona y barbitúricos

El caso de «El Chino» ha reabierto el debate sobre el consumo de drogas en la prisión

OviedoActualizado:

Los sucesos acaecidos en la prisión asturiana este fin de semana han reabierto el debate sobre el consumo de estupefacientes y las dificultades para mantener el control en el centro. Por un lado está el caso de Gonzalo Montoya, alias 'El Chino', el preso que en la madrugada del domingo sufrió una sobredosis y fue dado por muerto por tres médicos, despertando luego en el Instituto de Medicina Legal donde iba a practicársele la autopsia. Fuentes próximas a la investigación señalan que las analíticas han detectado una combinación de cocaína, heroína, metadona, barbitúricos y rastros de consumo de hachís en su organismo, informa El Comercio.

Su historia sigue sorprendiendo, si bien a los funcionarios les inquieta también lo ocurrido un día antes. Entre quince y veinte presos se dieron cita para protagonizar una pelea entre dos bandos. Los reclusos habían armado 'pinchos' artesanales. «Uno de ellos no regía, estaba ido, y lo mismo le daba ya atacar a uno de los rivales que a un vigilante», explican los trabajadores.

Ambos incidentes tuvieron lugar en el módulo 8, considerado uno de los más peligrosos. «Son en su mayoría reincidentes, toxicómanos que han rechazado ir a módulos de respeto o de la Unidad Terapéutica y Educativa (UTE)», explican los trabajadores. En el momento de los hechos el recinto contaba con 130 reos, para los que había dos vigilantes. Tuvieron que llamar a otros para intervenir. Uno de los funcionarios terminó con contusiones.

«La situación es cada vez más complicada, hay escasez de personal y somos cada vez más mayores», expone Luis Miguel López, presidente de Csif en la administración estatal. «Nuestra edad media era de 54 años el pasado octubre, ellos son muy jóvenes, entregados y, desgraciadamente, la droga campa a sus anchas con bastante facilidad», avalan desde la sección sindical de UGT.

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