Álvaro Casillas, el día antes de comenzar la aventura.
Álvaro Casillas, el día antes de comenzar la aventura. - «Summit Aconcagua»
«Summit Aconcagua»

Álvaro Casillas, torero y triatleta: «En mi vocabulario, la palabra rendición no existe»

El español forma parte de una expedición solidaria que intentará coronar el Aconcagua a principios de marzo

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La vida es un sinfín de giros inesperados, como bien sabe el torero y triatleta Álvaro Casillas. Las oportunidades pueden surgir de los sitios más sorprendentes, de personas desconocidas. En su caso, vino del otro lado del Atlántico, de Buenos Aires, de la mano de Matías Gutiérrez, director del proyecto «Summit Aconcagua», por el que un grupo de personas que han superado momentos difíciles de su vida con ayuda del deporte intentarán coronar la cima más alta de América.

«Es un desafío importante», reconoce Casillas. Durante cerca de 20 días, compartirá vivencias tanto con nombres conocidos en Argentina -como el jugador de baloncesto Fabricio Oberto, la nadadora María del Pilar Pereyra, el jugador de fútbol Silvio Velo, la judoca Paula Pareto y el actor y presentador Julián Weich- como con personas más anónimas: Pablo Giesenow, Ezequiel Baraja, Peter Czanyo, Fernando Pedro Marino y Elisa Sampietro de Forti, la más veterana de grupo con unos 83 años incombustibles.

La expedición no sólo tiene como objetivo el fomento del deporte y de los valores olímpicos, simbolizados por la bandera de los Juegos de la Juventud -que se celebran este año en Buenos Aires-, que intentarán llevar a la cima. También tiene una vertiente solidaria. Tantolas fundaciones Leo Messi y Amalia Lacroze de Fortabat como Allianz Argentinadonarán dinero por cada metro que asciendan estos aventureros. Lo que recauden se destinará a la Fundación Baccigalupo, una ONG argentina que trabaja para que niños, jóvenes y adultos con discapacidad intelectual mejoren su calidad de vida a través del deporte. Esta faceta de compromiso social también encaja muy bien con Casillas, que forma parte de Cima de retos, un proyecto que busca recaudar fondos para luchar contra el cáncer infantil a través de retos deportivos.

Para Casillas, los integrantes de «Summit Aconcagua» no forman un grupo dispar: «Todos hemos tenido una desgracia, por desgracia». Él era una promesa de los ruedoshasta que el 12 de octubre de 2008 un toro le dio dos cornadas que le cambiaron la vida al provocarle una herida de 25 centímetros en la pierna derecha, que le rompió tendones y músculos, y otra de 15 en la ingle izquierda, que le partió una vena. «Las cornadas las recuperé bien, pero la rodilla me dio muchos problemas. El tendón rotuliano no se me partió del todo por un hilo. No era capaz de subir ni un bordillo».

«Esto me pilló en una época muy buena. Te tienen ahí como que vas a despuntar, como “éste va a ser, éste va a ser”. Y ahí me quedé, claro, con el “va a ser”», explica. Durante más de un año, los médicos le decían que no iba a recuperar la movilidad de la rodilla, que se olvidara de llevar una vida normal. «Cuando la gente usa el “no”, interiormente mi mente piensa en “sí”. Es algo que me pasa siempre. “¿Me estás diciendo que no lo voy a hacer? Ya te digo yo que sí”», afirma rotundo. «Nunca me rendí. Mi ilusión era volver a torear; a hacer deporte, porque siempre he sido un chico deportista; recuperar la vida que tenía. Cuando has luchado tanto como yo luché, ves que lo tienes al alcance de la mano y de repente se va todo al traste, tienes que pelear por recuperar las cosas. Si no, creo que terminas siendo un cobarde. En mi vocabulario, la palabra rendición no existe. Jamás».

En un nuevo giro de la vida, un día vio un reportaje sobre el doctor Ángel Villamor, una eminencia en traumatología deportiva que ha operado a futbolistas, toreros, motoristas… y al Rey Don Juan Carlos. Y se puso en contacto con él. «No se me olvidará… Le cuento un poco lo que me ha pasado y por qué y me dice: “Siéntate en la camilla”. Y no podía dar ese brinquito para sentarme. Cuando ve que cojo las piernas como un inválido…», comenta.

Una voluntad de hierro

El doctor Villamor le propuso someterse a una operación nueva en la que le inyectarían en el tendón rotuliano un concentrado de células madre que le sacarían de la cresta ilíaca. La alternativa era medicarse para intentar recuperarlo y esperar. «Tenía fechas para torear muy importantes para mí, plazas que no quería perder», explica Casillas. Además, le habían seleccionado junto a otras 14 promesas para entrenar y torear en Toledo durante un mes. Así que se operó. «Ese mismo día me fui para casa. Al siguiente comencé la rehabilitación y a los pocos empecé a torear. El doctor Villamor me dio el consentimiento (para ir a Toledo) y me dijo que podía ir entrenando poco a poco. Mientras mis compañeros hacían 15 kilómetros corriendo, yo los andaba. Terminaba a las mil. Por las noches, cuando ellos ya habían acabado, iba a nadar. Cada uno tiene que buscar su apaño. Saqué adelante las fechas, todo salió bien y a partir de ahí fui mejorando y, algo que muchas veces nadie hubiera pensado, he recuperado una vida normal. A día de hoy no tengo ningún problema con la rodilla». No sólo eso, sino que, desde hace años participa en triatlones, categoría Ironman incluida, y en ultratrails, competiciones de montaña en las que ha llegado a correr 166km.

El secreto para superar un revés como el suyo es una voluntad de hierro. «Hay que seguir luchando y siempre ilusionados por vivir. Si despiertas, es una oportunidad nueva para luchar. Con más dolor, con menos dolor… Porque problemas siempre vamos a tener. Siempre hay que luchar, luchar y nunca rendirse. Esta vida es para valientes», afirma. «Hoy no me puedo quejar del momento en el que estoy, pero sí te puedo hablar de lo que pasé. Y lo que pasó mi familia. Estás llevando una vida en la que las cosas funcionan y de repente pierdes eso y tienes que reinventarte. Yo había dejado todo por el toreo. Acabé mi carrera, estaba trabajando, tuve una ilusión y la suerte de hacerla realidad. Y luego la vida, igual que me dio la ilusión, me la quitó. Y ahora, igual que me quitó una me está dando otras. La vida hay que tomársela así. Nunca es justa. No porque seas muy bueno va a ser buena y no porque seas muy malo va a ser mala. La tienes que entender como es y disfrutar lo que te vaya a dar ese momento y ese día. Olvídate de mañana, porque no te lleva a nada».

De la expedición, lo que más le preocupa es la altura. Pero incluso ese reto le impulsa: «La dificultad es lo que me motiva. Odio las cosas sencillas. Ir allí, con este elenco de personas que han seleccionado -que son lo más de lo más, porque cada uno tiene una historia increíble-, lo que vamos a vivir, el proyecto... No puedo tener miedo. Al revés. Para mí es una aventura y soy un fanático de estas locuras. Me siento muy afortunado. Sé que va a ser algo único».