Vídeo: 20 años desde la muerte de Ana Orantes - ATLAS

En los 20 años de la muerte de Ana OrantesLo que nos dejó Ana Orantes, por la presidenta del Observatorio contra la Violencia Doméstica y de Género

María Ángeles Carmona analiza para ABC el antes y el después del crimen que cambió para siempre el maltrato en España

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El vigésimo aniversario del vil asesinato de Ana Orantes nos hace reflexionar sobre cómo hemos avanzado en la lucha contra la violencia de género en nuestro país y sobre qué nos queda por hacer.

Las declaraciones a través de un medio de comunicación sobre toda una vida de terror, las palizas y vejaciones que sufrió y el desenlace final de su asesinato por violencia machista fue el punto de partida hacia la visibilización de un problema social que hasta ese momento estaba totalmente silenciado y hasta permitido y tolerado como algo normal en una relación de pareja. Ello supuso el despertar de la conciencia y la obligación de los poderes públicos de acabar con estos crueles e inhumanos actos de violencia, considerándolos como manifestaciones de la histórica discriminación y desigualdad que sufren secularmente las mujeres.

Desde entonces, no cabe duda que nuestro país ha sido pionero en la lucha contra la violencia de género como consecuencia de un gran esfuerzo legislativo, político y social que persigue la erradicación absoluta de tales atentados contra los derechos humanos.

Esta lacra y problema social estaba hasta ese momento totalmente silenciado, incluso permitido y tolerado como algo normal en una relación de pareja

Entre los avances legislativos, el hecho más destacado fue la aprobación de la Ley Orgánica 1/04, llamada Ley Integral contra la Violencia de Género, que por primera vez aborda esta lacra desde un punto de vista multidisciplinar pretendiendo acabar con la impunidad, agravar las penas, garantizar la protección de las víctimas, prevenir la violencia y concienciar a la sociedad para conseguir el rechazo unánime a este tipo de tortura tan extendido. La ley crea instituciones especializadas, órganos judiciales, fiscalías, cuerpos de seguridad, unidades de atención sanitaria, jurídica, social y laboral..se regulan expresamente las medidas de protección judiciales e incluso se implica a los medios de comunicación que están teniendo un protagonismo esencial en la sensibilización social

Después de la Ley Orgánica otras muchas disposiciones legislativas han ido perfeccionando el sistema de protección integral como las recientes modificaciones en el Código Penal, el Estatuto de la víctima y las leyes de protección a la infancia y a la adolescencia que consideran a los hijos e hijas de las mujeres maltratadas como víctimas directas. Se ha perfeccionado la investigación científica sobre el fenómeno a través de las estadísticas y de los estudios del Observatorio del CGPJ y del Observatorio Estatal, se creó la línea 016 y el teléfono ATENPRO para la asistencia a las víctimas, se instalaron los dispositivos electrónicos de seguimiento o pulseras para los agresores, se implementó el VIOGEN o sistema informático de las fuerzas y cuerpos de seguridad para valorar el riesgo, se crearon recursos habitacionales como casas de acogida, recursos económicos, contratos bonificados y residencias temporales en territorio español para mujeres extranjeras, así como seguimiento sanitario especialmente psicológico para las mujeres y menores víctimas, sobretodo con la creación de las Unidades de valoración forense…

En 2014 España ha ratificado en el seno del Consejo de Europa el Convenio de Estambul, que considera violencia de género a todo tipo de manifestación de violencia contra las mujeres por el hecho de ser mujeres y no sólo la violencia dentro del seno de la pareja afectiva, y que además hace responsables a los Estados y les obliga a adoptar medidas para erradicar la violencia de género.

Pese a todos estos avances actualmente las mujeres siguen siendo controladas, amenazadas, agredidas y asesinadas. Y también sus hijos e hijas. Sigue habiendo un porcentaje muy elevado de hechos delictivos que nunca se denuncian y son escasas las denuncias de familiares, amigos, allegados y terceros en general, quienes primero suelen detectar los indicios de violencia. Incluso han repuntado otras formas de violencia sobre la mujer con implicaciones internacionales como la trata de mujeres y niñas con fines de explotación sexual, los matrimonios infantiles y la mutilación genital femenina. Los avances tecnológicos han permitido a los agresores acceder a nuevas formas de ejercer violencia, que sigue arraigando en jóvenes y adolescentes.

Por ello el momento en el que nos encontramos es crucial para construir una sociedad libre de violencia de género aprovechando la experiencia de estos últimos 20 años desde el asesinato de Ana Orantes, detectando disfunciones y fallos y perfeccionando el sistema.

Los informes sobre un pacto de estado contra la violencia de género elaborados hace unos meses en el Congreso y en el Senado supone un importantísimo hito en esta lucha. Supone elevar a la categoría de cuestión de estado la erradicación de la violencia de género, supone la implicación de todas las instituciones y de la sociedad en general para terminar con el silencio cómplice, supone extender el concepto de violencia machista a todo tipo de violencia sobre la mujer como los abusos y agresiones sexuales fuera de la pareja y supone una mayor actuación unitaria y coordinada de absolutamente todos los ámbitos profesionales y sociales.

Tenemos la esperanza de que el asesinato de Ana Orantes así como el de todas las demás mujeres asesinadas en España haya servido para despertar conciencias y paliar los tremendos sufrimientos que la barbarie machista sigue provocando en nuestra sociedad.