De las más de 350 especies de tiburón que existen tan sólo 3 suponen una amenaza para el hombre - s. sánchez

Karlos Simón: «A los tiburones no les gusta la carne humana»

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Pensar en un tiburón lleva inevitablemente a muchos a visualizar aquella escena de terror protagonizada por un grupo de bañistas en las playas de Amity Island, y que Steven Spielberg llevó a las pantallas de todo el mundo en 1975. Historias como aquella han infundado un miedo irracional a los escualos que resulta, hoy en día, difícil de erradicar. Expertos en el mundo del buceo como Karlos Simón, tratan de desmitificar falsas creencias como la de que un tiburón acude irrefrenablemente a la sangre humana o la de que atacan sistemáticamente. «Los tiburones acuden a la sangre de sus presas, principalmente atunes y chernas y aunque es cierto que si encuentran sangre humana en el agua por un accidente pueden acudir también, su interés es 10 veces menor que si fuera sangre de un atún por ejemplo». Y es que las más de 6.000 horas de inmersión en mares y óceanos de todo el mundo le valen para saber a ciencia cierta que este tipo de cosas, sólo ocurren en las películas.

Según explica, de las más de 350 especies de tiburón que existen tan sólo 3 representan una amenza para el hombre. El tiburón blanco, el tigre y el toro, pudiéndose encontrar los dos primeros principalmente en Bahamas y Sudafrica y el Toro en México y algunos ríos como el Zambeze o el Ganges, ya que tiene la capacidad de aguantar alrededor de 3 semanas en agua dulce.

Según explica el madrileño, los tiburones atacan por un error de identificación, pero no somos por naturaleza su presa. Cuando atacan a algún surfista, bañista o buceador lo hacen porque lo confunden precisamente con otro pez, o porque ven amenazado su territorio. Pero una vez han probado la carne humana la desechan automáticamente «no les gusta el sabor, el problema es que una mordida de tiburón es tan grande, que el daño que causan es desproporcionado, pudiendo llegar a provocar la muerte del deportista o el bañista en cuestión». Según explica, previo al ataque, el tiburón avisa nadando en círculos, realizando movimientos agonísticos y acercamientos extremos con golpeo. Siendo en última instancia cuando proceden a morder.

Para que nos hagamos una idea, según el registro internacional que cada año elabora El Museo de Historia Natural de Florida, en 2014 se registraron 130 incidentes con presunta interacción entre tiburones y humanos. De los cuáles 72 fueron confirmados como ataques directos, sin que hubiera provocación previa. El experto explica que estos ataques se producen porque el tiburón intenta marcar su territorio. Una cifra que resulta irrisoria frente a la de 100 millones de tiburones que se sacrifican cada año por la sobrepesca y la captura ilegal para el consumo de sopa de aleta de tiburón, además por brutales prácticas como el «finning», que consiste en capturar al tiburón vivo, cortarle la aleta y tirarlo al mar de nuevo provocando que muera desangrado a las pocas horas.

En cualquier caso, el buceador recomienda en las inmersiones con tiburones estar tranquilo para no alterarles y en ningún caso tratar de alimentarles, ya que «es algo que puede modificar súbitamente su comportamiento, recordemos que se mueven por instintos» y no olvidar tomar precauciones como llevar guantes y capucha, evitando colores claros y elementos brillantes y siempre evitar bucear solo.

Inmovilización tónica

Karlos Simón es una de las pocas personas capaz de inducir a una inmovilización tónica en su propio hábitat a un tiburón. Es un estado de parálisis que sufren algunos animales bajo diversos estímulos. Se trata de una técnica que consiste en inducir al escualo a un estado de relajación acariciando su hocico, donde tiene las ampollas de Lorenzini, que captan campos electromagnéticos. La interrupción de estos receptores mediante un suave masaje permite llevar a los mismos a la inmovilidad total durante unos segundos.

La inmovilidad tónica permite demostrar que se puede interactuar con ellos de forma pacífica, además de ofrecer la posibilidad de estudiarlos sin generarles el estrés que puede suponer el sacarles de su medio natural, el agua.

Dónde encontrar tiburones: