El Papa al pie del avión con el solideo en la mano junto a Raúl Castro - afp

El Papa comienza un histórico viaje de diez días en Cuba y Estados Unidos

El avión del Papa ha aterrizado en La Habana minutos antes de las 16.00 hora local

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Reconciliación será uno de las palabras que más se repitan en este histórico viaje de diez días que ayer empezó el Papa Francisco por Cuba y Estados Unidos. En su primer discurso, en el aeropuerto internacional de La Habana, animó a Cuba y a Estados Unidos a «continuar avanzando» en la normalización de sus relaciones y a «desarrollar todas sus potencialidades».

Tras las primeras palabras de bienvenida del presidente de Cuba, Raúl Castro, el Pontífice destacó cómo «estamos siendo testigos de un acontecimiento que nos llena de esperanza: el proceso de normalización de las relaciones entre dos pueblos, tras años de distanciamiento. Es un proceso, un signo de la victoria de la cultura del encuentro, del diálogo».

El Papa animó a los responsables políticos de ambos países «a continuar avanzando» por este camino «como prueba del alto servicio que están llamados a prestar a favor de la paz y el bienestar de sus pueblos, de toda América, y como ejemplo de reconciliación para el mundo entero. El mundo necesita reconciliación en esta atmósfera de tercera guerra mundial a trozos que estamos viviendo», insistió Francisco que recordó el ambiente bélico que vive el mundo.

Por la Iglesia cubana

También pidió que Cuba se convierta en un punto de encuentro para que todos los pueblos se reúnan en amistad. Y recordó las palabras que dijo san Juan Pablo II, durante su viaje a Cuba en 1998. «Que Cuba se abra al mundo y que el mundo se abra a Cuba».

En su discurso tampoco faltaron referencias a la Iglesia cubana «para que pueda seguir trabajando con libertad y con los medios y espacios necesarios para llevar el Evangelio hasta las periferias existenciales de la sociedad». No olvidó enviar un saludo a Fidel Castro, hermano del actual presidente, con el que está previsto un encuentro privado; ni «a todos los cubanos dispersos por el mundo». «Transmita mis sentimientos de especial consideración y respeto a su hermano», le pidió a Raúl Castro. Tras los discursos en el aeropuerto, Francisco recorrió las calles de la Habana.

Transición delicada

La pasión por reconciliar a los cubanos entre sí en vísperas de una transición delicadísima, ha empujado al Papa Francisco a visitar la isla, incorporando en el último minuto este «prólogo» cubano a su viaje a Estados Unidos, donde tomará la palabra en la Casa Blanca, el Congreso americano, Naciones Unidas y el Encuentro Mundial de las Familias en Filadelfia. Después de haber logrado la paz con Washington, el Papa quiere impulsar la reconciliación entre los cubanos -en la isla y en el exilio-, elemento clave para que el país emprenda el futuro feliz que se merece al cabo de medio siglo de sufrimientos. Francisco pedirá a Estados Unidos el levantamiento del embargo y a Cuba mayor libertad para los ciudadanos y para la Iglesia en un país necesitado de oxígeno espiritual ante una travesía delicada.

Incluso antes de emprender viaje, el Papa consiguió un «milagro» de sintonía entre el gobierno y el pueblo, pues tanto las autoridades como los ciudadanos le esperan con entusiasmo. Tan sólo los comunistas más recalcitrantes y los exilados más rencorosos se han quedado fuera del clima de esperanza general.

A lo largo de tres días, Francisco derrochará afecto y logrará que todos se sientan queridos. Pero también «pondrá deberes» a unos y otros para el bien de la convivencia dentro del país y con los cubanos del exilio. Y les sorprenderá por su devoción. El Papa es un líder religioso y llega para hablar, sobre todo, de espiritualidad.

En su saludo en vídeo del jueves, les dijo a los cubanos: «Quisiera transmitirles un mensaje muy sencillo. Jesús los quiere muchísimo, Jesús los quiere en serio, los lleva siempre en el corazón». Como en todos los temas importantes, Francisco sigue la línea marcada por Benedicto XVI quien, unos meses después de visitar Cuba en la primavera del 2012, dijo rotundamente al cardenal de La Habana, Jaime Ortega: «El diálogo es el único camino de la Iglesia. La Iglesia no está en el mundo para cambiar gobiernos sino para introducir el Evangelio en el corazón de los hombres».

El camino de apertura, iniciado por Juan Pablo II en su viaje de 1998 cuando pidió «que Cuba se abra al mundo y que el mundo se abra a Cuba», ha evitado sobresaltos y da ya frutos maduros. En su videomensaje a los cubanos, el Papa les dijo: «Quiero estar entre ustedes como misionero de la misericordia, de la ternura de Dios», y les invitó a «saber amar como Jesús, a saber perdonar».