El Papa Francisco se refirió a su encíclica el pasado domingo durante el rezo del Ángelus
El Papa Francisco se refirió a su encíclica el pasado domingo durante el rezo del Ángelus - AFP
encíclica sobre ecología

«La Tierra se ha transformado en un inmenso depósito de inmundicias»

El Papa pide a los ciudadanos estilos de vida sostenibles para evitar una catástrofe ambiental

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La primera encíclica sobre ecología en la historia de la Iglesia llama la atención por su extraordinario valor. El Papa Francisco se enfrenta a las empresas petroleras y a los poderosos mercados financieros sin pelos en la legua, y pide a todos los ciudadanos del planeta un cambio de estilo de vida. No se trata solo de mitigar los desastres del cambio climático sino de impedir que «la tierra, nuestra casa, se transforme en un inmenso depósito de inmundicias».

La tensión creada por el impacto cultural y económico de este documento –cuya presentación será el próximo jueves– llevó a un semanario nacional italiano a romper el embargo y colgar en su página web a media tarde del lunes el texto completo de la encíclica «Alabado seas» («Laudato si», en italiano), en la versión impresa presentándola como un borrador». Aunque, por tanto, puede todavía haber cambios, el mensaje central de la encíclica resulta ya muy claro.

El Papa comienza recordando el extenso magisterio medioambiental de Juan Pablo II –que introdujo el concepto de «ecología humana» y lanzó su primera alerta ante el calentamiento global en 1990» y de Benedicto XVI, quien pidió al cuerpo diplomático en el 2007 «corregir los modelos de crecimiento incapaces de garantizar el respeto del medio ambiente».

Resultan novedosas en una encíclica católica las citas del patriarca ecuménico de Constantinopla, Bartolomé I, quien califica de «pecados» la contribución al cambio climático, la deforestación, y la destrucción de los humedales pues «un crimen contra la naturaleza es un crimen contra nosotros mismos y un pecado contra Dios».

El título «Alabado seas» proviene del bellísimo poema del “Cántico de las criaturas” escrito por san Francisco en 1226, que refleja su sintonía religiosa con el «señor hermano sol», la «hermana luna», la «hermana nuestra madre tierra» y todos los elementos del cosmos. Según el Papa, «cada vez que Francisco miraba al sol, la luna o los animales más pequeños, su reacción era cantar».

El Santo Padre entra en materia alertando de «la contaminación producida por centenares de millones de toneladas de residuos al año, muchos de los cuales no son biodegradables», o incluso «altamente tóxicos y radiactivos». Por eso advierte con dolor que «la tierra, nuestra casa, parece transformarse en un inmenso depósito de inmundicias».

Un documento moral

Como una encíclica es un documento moral, el clima se considera bajo el aspecto de «bien común». Francisco advierte que «hay un consenso científico muy sólido sobre el preocupante calentamiento del sistema climático», manifestado en «la continua elevación del nivel del mar», y eventos meteorológicos extremos.

La parte del texto que más irritará a las compañías petroleras americanas, que organizaron ya un intenso «ataque preventivo» contra la encíclica, es la invitación a «combatir este calentamiento o, al menos, las causas humanas que lo producen o lo acentúan».

El Papa recuerda que «si bien hay otros factores como el vulcanismo, etc. numerosos estudios científicos indican que la mayor parte del calentamiento global de las últimas décadas es debido a la gran concentración de gases de invernadero (anhídrido carbónico, metano, y otros) emitidos sobre todo por la actividad humana», y que se agrava por la deforestación de las selvas tropicales.

Sin mencionar la próxima Conferencia de Naciones Unidas sobre Cambio Climático en diciembre en París, que fijará objetivos, el Papa considera «urgente el desarrollo de políticas que reduzcan drásticamente en los próximos años las emisiones de anhídrido carbónico y otros gases contaminantes, sustituyendo los combustibles fósiles y desarrollando fuentes de energías renovables».

Débil reacción política

Francisco toca cables de alta tensión al denunciar que la «debilidad de la reacción política internacional» se debe a «la sumisión de la política a la tecnología y la finanza, que se manifiesta en el fracaso de las cumbres mundiales sobre medio ambiente».

Con toda claridad afirma que «el mundo financiero sofoca la economía real. No se ha aprendido la lección de la crisis financiera mundial, y solo con lentitud se está aprendiendo la del deterioro ambiental».

Es necesaria mayor austeridad y mayor conciencia ecológica en los consumos personales, pero también «una lucha más sincera contra la corrupción», sin caer en extremismos de «una ecología superficial» o en la «divinización de la tierra».

Entre los puntos esenciales de moral recuerda el presentado por san Juan Pablo II en su primera encíclica, «Laborem exercens»: «El principio de la subordinación de la propiedad privada al destino universal de los bienes y, por lo tanto, el derecho universal a su uso, constituye una "regla de oro" del comportamiento social y el "primer principio de todo el ordenamiento ético-social”».

La encíclica está dirigida a todas las personas, con independencia de su religión, e invita a reflexionar en serio pues «nunca la humanidad ha tenido tanto poder sobre sí misma, y nada garantiza que lo utilizará bien».

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