El obispo de Alcalá de Henares, Juan Antonio Reig Pla
El obispo de Alcalá de Henares, Juan Antonio Reig Pla - martínez bueso
Entrevista

Reig Pla: «Sin la voz valiente de las víctimas de abusos sexuales no habríamos tomado conciencia de este drama»

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El obispo de Alcalá de Henares, monseñor Juan Antonio Reig Pla (Cocentaina, 1947), se ha convertido en el primer prelado español que ha anunciado la creación de un servicio de atención a las víctimas de abusos sexuales. El que fuera durante más de quince años presidente de la Subcomisión de Familia y Vida de la Conferencia Episcopal apuesta por abordar decididamente esta lacra con una «selección radicalmente exigente» de las personas que aspiran al sacerdocio y una formación más específica sobre esta materia en los seminarios y entre las personas que trabajan a diario con menores de edad, como profesores y catequistas.

—Usted se ha convertido en el primer obispo en España en anunciar un servicio de atención a las víctimas de abusos sexuales en su diócesis ¿cree que la Iglesia en España está lo suficientemente concienciada sobre este tema?

—Gracias al testimonio de las víctimas y las palabras firmes de los papas, todos estamos creciendo en sensibilidad y buen juicio en esta materia. Sin la voz valiente de las víctimas –en muchas ocasiones incomprendida– no hubiéramos tomado conciencia de la gravedad de este drama. Pedirles perdón y mostrarles gratitud debe ser lo que brote siempre de nuestros labios al dirigirnos a ellas. Por mi parte, acogiendo las indicaciones del Papa Francisco, he decidido crear un Servicio de Asistencia Pastoral a las posibles víctimas de abusos sexuales, sus familias y comunidades, vinculado al Centro de Orientación Familiar (COF) Regina Familiae de nuestra diócesis.

—El Papa ha pedido a los obispos que garanticen que las parroquias sean lugares seguros para los menores, ¿qué medidas cree serían necesarias?

—Al mismo tiempo que acogemos y ayudamos a las víctimas en todos los aspectos, lo que incluye apartar del ministerio sacerdotal, con todas las garantías jurídicas, a los agresores, lo que debemos hacer es poner todos los medios legítimos para evitar que estas atrocidades puedan ocurrir en la Iglesia.

—¿Cuáles por ejemplo?

—En mi carta pastoral he sugerido sólo algunas medidas preventivas que en mi opinión son esenciales. La diligente selección de los formadores de los seminarios, y de los candidatos al sacerdocio y a la vida religiosa; así como su correcta formación.

Sabemos que el abuso sexual es sobre todo un abuso de poder. La selección de las personas debe ser radicalmente exigente tanto en el ámbito psíquico como en el espiritual. Nadie debe ser ordenado si no reúne las mismas condiciones que son necesarias para ser un buen esposo y un buen padre de familia. Además de impedir la ordenación de personas no aptas, es necesario desenmascarar y desarticular, con actitud proactiva, cualquier red o estructura de corrupción intraeclesial.

—¿Solo se debe poner el foco en los seminaristas o en todo aquel que trabaje con niños o personas vulnerables?

—También los catequistas, profesores de colegios católicos, profesores de religión, etc., deben ser seleccionados con todo rigor.

—¿Cree que es necesario formar a los niños para que sepan cómo actuar ante un posible abuso?

—Sí, como ya se viene haciendo en otras naciones, las potenciales víctimas, según su edad, deberían aprender conceptos básicos para su propia protección. En esa carta también se propone preparar programas eductivos de prevención para propiciar ambientes

seguros para los menores, pero también para los adultos. La divulgación del Magisterio y de la disciplina de la Iglesia sobre esta materia tiene un efecto protector; la ignorancia sólo beneficia a los agresores. Por ello la página web del Obispado de Alcalá de Henares ha creado un portal específico que podrá resultar útil para todos los interesados.

—¿Cree que en la Iglesia en España hay suficiente formación entre los sacerdotes y los obispos para hacer frente a posibles casos de abusos?

—Todos, obispos y sacerdotes, necesitamos de formación permanente, también en esta materia. Gracias a Dios contamos con el específico Magisterio sobre este tema de los últimos tres papas que también nos han proporcionado instrumentos pastorales y jurídicos para poder abordar este drama. En todo caso, gracias a los recientes Romanos Pontífices ha quedado meridianamente claro que el gravísimo delito de los abusos sexuales debe ser tratado con claridad y determinación, las personas deben «saber que en el sacerdocio y en la vida religiosa no hay lugar para quienes dañan a los jóvenes».

—¿Hay alguna asignatura específica en los seminarios sobre este tema?

—No específicamente, aunque ciertamente a los seminaristas se les forma en la virtud de la castidad, el amor fraterno y respeto a todas las personas. En todo caso, estoy seguro de que poco a poco se va tomando conciencia de la necesidad de profundizar en la materia y prevenir este drama ya desde el seminario.

—La Conferencia Episcopal Española cuenta desde el año 2010 con unos protocolos sobre cómo se debe actuar ante una denuncia de abusos, ¿por qué cree que esos documentos se han mantenido reservados ante la opinión pública?

—Los protocolos civil y canónico de la Conferencia Episcopal Española a los que Vd. hace referencia no contienen ninguna novedad y menos aún que no pueda ser publicada. La legítima legislación civil y canónica que se cita en los protocolos obliga a todos sin lugar a dudas.

—¿Usted sería partidario de que la Conferencia Episcopal contase con una Comisión sobre Menores tal como tiene el Vaticano?

—Desde luego, creo que podría ser un buen instrumento para apoyar a las víctimas y ayudar a los obispos en su labor como pastores en esta materia. Toda ayuda será bienvenida por todas las partes implicadas en un tema tan doloroso y difícil.

—Los abusos sexuales no son un delito que ocurra solo en el seno de la Iglesia, sin embargo esta institución siempre aparece como la principal responsable ¿a qué atribuye esta confusión?

—Estadísticamente hablando es en el ámbito familiar donde se dan con mayor frecuencia los abusos sexuales, siendo los agresores en su mayoría varones y las víctimas niñas. Sin embargo, los medios de comunicación se hacen eco con mayor frecuencia e intensidad de los casos en el que el agresor es un sacerdote o religioso; y en cierto sentido es lógico, pues se les supone especialmente seleccionados para servir a Dios y al prójimo, especialmente a los más pequeños, débiles y sufrientes. Además, en este específico ámbito intraeclesial, siempre según datos de la Santa Sede, las víctimas varones son mayoría, lo que también suele llamar la atención por contraste con lo que sucede en la sociedad en general. En todo caso, la voz que han alzado las víctimas ha sido, y es, una bendición para la Iglesia porque la ayudan a purificarse.