Sociedad

La importancia de cuidar tu flora intestinal

Una nueva investigación señala que algunos aditivos alimentarios pueden alterar su composición favoreciendo la obesidad

La flora intestinal está compuesta por millones de bacterias que interaccionan con nosotros
La flora intestinal está compuesta por millones de bacterias que interaccionan con nosotros - efe
cristina garrido - Madrid - Actualizado: Guardado en: Sociedad

La microbiota intestinal, también conocida como flora intestinal, la componen cien billones de bacterias que van colonizando nuestro intestino desde que nacemos. En el canal de parto ya se adquieren las primeras bacterias procedentes de la madre. A partir de ahí, las colonias se van conformando en base a lo que ingerimos. Pero estos bichillos no viven aislados. Interaccionan con nosotros, y según cómo les tratemos, pueden funcionar a nuestro favor o en nuestra contra, favoreciendo la aparición de enfermedades metabólicas como la obesidad o la diabetes.

Diversas investigaciones han ido demostrando qué papel juega la composición de la flora en el organismo y qué elementos de la dieta o de estilo de vida interaccionan mejor o peor con ella. La última, publicada en la prestigiosa revista «Nature» el pasado 25 de febrero, señala que dos tipos de emulsionantes, polisorbato 80 y carboximetilcelulosa, aditivos que se añaden a los alimentos más procesados para mejorar su textura y extender su vida útil, pueden alterar la composición y localización de la microbiota e inducir inflamación intestinal, lo que favorece el desarrollo de enfermedades como la colitis ulcerosa, la obesidad o el síndrome metabólico (un grupo de trastornos muy comunes relacionados con la obesidad que pueden conducir a la diabetes tipo 2, y a enfermedades cardiovasculares y/o hepáticas).

Los hallazgos de los doctores Benoit Chassaing y Andrew T. Gewirtz, investigadores del Instituto de Ciencias Biomédicas de la Universidad Estatal de Georgia, sugieren que los emulsionantes podrían ser parcialmente responsables de los trastornos en la flora y el aumento de la incidencia de estas enfermedades.

En opinión de Gewirtz, una característica fundamental de estas «plagas modernas» es la alteración de la microbiota intestinal de una manera que favorece la inflamación. «El espectacular aumento de estas enfermedades se ha producido a pesar de la genética humana, lo que sugiere un papel fundamental del factor ambiental», asegura Chassaing, quien recuerda que los alimentos interactúan «íntimamente» con la microbiota, por lo que considera que «determinados aditivos que se añaden a la comida actual podrían hacer a las bacterias intestinales más pro-inflamatorias».

«Los cambios en las bacterias pueden afectar a la ingesta de alimentos haciendo que se coma más o influyendo en el metabolismo de hidratos y grasas y en la capacidad del hígado para almacenar sustancias», explica a ABC la doctora Irene Bretón, miembro del área de nutrición y obesidad de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (Seen). En su opinión esta y otras investigaciones en esta línea están demostrando la enorme importancia que tienen los gérmenes que habitan en nuestro intestino. «Tenemos que pensar que "yo soy yo y mis bacterias"», sentencia la experta.

Dieta mediterránea

Hasta el punto de que «si comemos bien, las bacterias serán buenas, pero si comemos mal irán a peor», señala el doctor José Manuel García Almeida, jefe de Servicio de Endocrinología y Nutrición del Hospital Quiron Málaga y miembro de la junta directiva de la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (Seedo), que afirma que con la dieta mediterránea la probabilidad de que sean malas es baja.

Aunque ambos médicos se muestran cautos, ya que se trata de un estudio en ratones, consideran que el mensaje que puede trasladarse a las personas es que tendrían que pensar más en si sus hábitos de vida favorecen o dañan sus bacterias.

Para proteger nuestra flora sería conveniente, según la doctora Bretón, «limitar los azúcares sencillos y las grasas». Para el doctor García Almeida un ejemplo de menú protector sería un primer plato a base de ensalada de verduras con aceite de oliva, un pescado azul, rico en omega 3, de segundo; y de postre, fruta de temporada.

Pero no solo la comida. El ejercicio también mejora nuestra flora intestinal. Así lo determinó un estudio publicado el pasado junio en «British Medical Journal», que determinó que aquellos que practican deporte tienen una mayor diversidad de bacterias, lo que se asocia a un perfil metabólico favorable y a una mejor respuesta del sistema inmunológico. Por contra, aditivos como los edulcorantes artificiales también podrían cambiar la composición y función de la microbiota favoreciendo la obesidad y la diabetes, tal como recoge un estudio publicado hace unos meses en «Nature».

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