El término procede de Argentina, México, Paraguay y Uruguay - FOTOLIA. vídeo: alfonso fdez. mañueco

Amigovio, ¿sexo sin compromiso... o algo más?

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Si algo ha quedado claro a lo largo de la historia, es el hecho de que la sociedad experimenta cambios de forma constante. Siguiendo una especie de espiral cíclica, los ciudadanos colocan primero el termómetro de los nuevos fenómenos sociales, y, en función de su acogida, tienen después más o menos posibilidades de quedarse. Algunos incluso reflejados en el diccionario, gracias al cada vez mayor esfuerzo de la Real Academia Española (RAE) por prestar atención a lo que se dice en la calle.

La vigésima tercera edición del Diccionario de la lengua española cuenta con 93.111 entradas (casi 5.000 más que en la edición anterior), 195.439 acepciones y alrededor de 140.000 enmiendas que afectan a más de 49.000 artículos. Una novedad que sobresale con fuerza es la gran cantidad de americanismos nuevos (casi 19.000), fruto del esfuerzo conjunto con las instituciones americanas por actualizar y reforzar los términos propios de los países de habla hispana.

Entre los artículos más curiosos de la 23 edición, llama sobremanera el término amigovio, via, cuya definición queda impresa como «persona que mantiene con otra una relación de menor compromiso formal que un noviazgo». Proveniente de la fusión de amigo y novio, esta voz coloquial, propia de Argentina, México, Paraguay y Uruguay, aterriza ahora en España... pero, ¿realmente sabemos los españoles que implica tener una relación de amigovios?

Lo primero de todo es resolver la pregunta de si se puede tener sexo y amistad con una misma persona. Esteban Cañamares, psicólogo clínico y sexólogo, explica que «una relación de este tipo sí se puede dar, pero suele presentar una serie de problemas. El primero es que uno de los dos quiera algo más en un momento dado. También, que demande una mayor frecuencia en los encuentros, o, por último, que se empareje».

Aunque tener un amigovio no está exento de contrariedades, Cañamares remarca que en algunos casos «duran bastante tiempo, para gratificación de ambos». La duración es un baremo que pone de relieve la estabilidad de cualquier pareja, «por normal general estas relaciones

no suelen extenderse más de dos años

, pero conviene diferenciar según la edad de los implicados. Los adultos acostumbran a mantener una actitud más comprometida en todos los campos, mientras que los jóvenes o adolescentes dan mayor prioridad a los encuentros sexuales».

Uno de los mitos más extendidos es la creencia de que no existe ningún tipo de responsabilidad con la otra persona. «Es importante no hacer daño pensando que vale todo. Ser sinceros y saber escuchar son dos pilares básicos para la supervivencia de la relación», explica Cañamares, para quien un amigovio no es comparable con un «aquí te pillo, aquí te mato» de una noche.

Desembarco en España

A pesar de que el criterio que han seguido las veintidós Academias para seleccionar determinadas palabras es que, como mínimo, se usen en tres países, el término amigovio no había calado aún España. La ruptura del concepto tradicional de noviazgo no es un terreno fértil para toda la sociedad española, «ahora mismo, las familias o padres de más de 45 años, difícilmente verán con buenos ojos que sus hijos alimenten una relación así. La clandestinidad está todavía muy presente».

No obstante, la inclusión en el Diccionario de la lengua española no solo plasma por escrito la creciente complejidad de las relaciones amorosas, si no también confirma la realidad evidente de que, aunque llegue con el lógico retraso, la RAE está en continúa actualización para adecuarse a los paradigmas actuales. Tener un amigovio o amigovia ya tiene definición. Un paso para la normalización de un hecho que, en palabras de Cañamares, «siempre es peor que una pareja formal, pero mejor que la soledad».