La «negación del embarazo» presenta una gestación sin casi síntomas
La «negación del embarazo» presenta una gestación sin casi síntomas - Juan Piedra

La «negación del embarazo»: una gestación sin síntomas, un hijo por sorpresa

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Existen embarazos sin síntomas: sin náuseas ni vómitos, sin vértigos ni desmayos, sin cansancio ni pesadez, sin antojos ni cambios en el apetito e, incluso, sin «tripa» y con el periodo. En los casos más extremos de «negación del embarazo», como se llama a esta patología, se trata de madres «por sorpresa» hasta el mismo día del alumbramiento.

Cada cierto tiempo, saltan a los medios de comunicación: ocurrió con una mujer en Bilbao, quien acudió al baño de un polideportivo tras sentir unos retortijones y acabó con un bebé llorando en sus brazos. También con otra en Valencia, aunque su historia fue trágica: dio a luz en su casa, pero su bebé murió por la hemorragia derivada de no anudar el cordón umbilical. Este último caso ha sido el primero en España en el que un tribunal ha reconocido la existencia de la «negación del embarazo» de cara a la sentencia.

Lo cierto es que se trata una patología de la que aún se sabe poco y socialmente rechazada por lo inverosímil que parece, cuenta el doctor Félix Navarro, especialista en Salud Pública en Francia, donde ejerce y donde preside la Asociación para el Reconocimiento de la Negación del Embarazo. Este experto ha respondido por email a las preguntas de ABC sobre esta extraña patología.

—¿Qué es la negación del embarazo?

—La negación del embarazo es una patología muy particular. Se define como el hecho de estar encinta más de tres meses sin tener conciencia de ello. La mayoría las mujeres en esta situación se dan cuenta de su estado al cabo de unos meses (6, 7 u 8 meses), casos en que se habla de negación incompleta, parcial. Pero en otros casos la mujer no toma conciencia de su estado hasta el final, realizándose entonces una negación completa, total.

Cuando una mujer padece negación del embarazo su cuerpo no da las señales típicas de una gestación. El punto quizás más significativo es que su vientre no se dilata o se dilata muy poco. Conozco varios casos de mujeres que, a pocas semanas de dar a luz, estuvieron en la playa (o en piscinas) con sus familiares y amigos sin que nadie notara nada. Estas mujeres no engordan, o engordan solo unos pocos kilos. Por dar un ejemplo: se conoce algún caso de mujeres en el Ejército que llevaron su uniforme de combate hasta dar a luz (sin cambiar de talla) aunque este tipo de prenda sea muy poco extensible.

Los trastornos habituales del embarazo son muy escasos: pocos mareos, pocas náuseas... Y como si esto no fuese bastante extraño, da el caso de que la menstruación no se interrumpe como sería lo normal. En un estudio que publicamos, se estableció que algo más del 60% de las mujeres que sufren negación siguen teniendo menstruaciones (o hemorragias genitales).

—¿Qué síntomas experimenta la mujer?

—En una palabra: ninguno. La negación del embarazo es una patología «blanca» [en francés, un examen clínico se dice «blanc» cuando no se encuentra nada] sin síntoma específico. Toda la dificultad reside en esto. Como hemos dicho, las mujeres en negación carecen de las señales habituales del embarazo o, por ser exacto, tienen solo algunas de ellas, pero de forma muy limitada. Además, al ignorar su estado, interpretan mal algunos síntomas. Por ejemplo, los movimientos del feto a menudo son interpretados como simples dolores de vientre o de vejiga. Esto explica que sigan con su vida como si no estuviesen embarazadas: las deportistas, con su deporte, las que trabajan, con su trabajo aunque este sea muy pesado… Para ilustrar este último aspecto, transcribo las palabras de una paciente que representa un caso extremo: «He de señalar que cada día iba a trabajar en ciclomotor a unos 15 kilómetros y que la víspera [del día en que dio a luz] estuve cortando leña con el hacha para mi abuela».

—¿Por qué se produce la negación?

Esto sigue siendo una gran incógnita. Hay varias teorías, la mayoría de ellas de orden psicológico. Se puede evocar quizás una actitud ambivalente acerca de la maternidad, quizás algún trastorno en la imagen corporal… pero, por ahora, me parece imprudente avanzar una explicación definitiva. El tema aún no está lo suficientemente estudiado.

Lo que se puede añadir de manera segura es que las mujeres que presentan una negación no padecen más que otras de patologías psiquiátricas, y que la inmensa mayoría de ellas, pasado el episodio de negación llevan una vida normal.

—¿Existe algún tipo de «perfil» predispuesto a sufrir esta patología?

A esta pregunta se puede responder muy rotundamente: sea cual sea el criterio que se tome en cuenta, no destaca ningún perfil. La negación afecta tanto a adolescentes como a mujeres maduras, tanto a mujeres que nunca habían tenido niños como a multíparas. Sea cual sea su nivel de estudios, su situación económica, social o personal. A nuestros grupos de apoyo acude toda clase de mujeres que parecen dar un reflejo bastante exacto de la sociedad.

—¿Existe alguna estadística o aproximación en tanto al número de mujeres a las que les ocurre esto?

—Aunque el fenómeno quede aún insuficientemente estudiado, disponemos de algunos estudios epidemiológicos de alto nivel entre los cuales destacan los del Privat-Dozent Jens Wessel (Berlín) que además concuerda bastante bien con el resto. Para ser breve, se puede decir, sobre estas bases, que por cada 500 embarazos ocurre una negación (siendo esta completa o incompleta) y que en un embarazo de cada 2500 nos encontramos con una negación total. Como nacen casi medio millón de niños anualmente en España, se puede calcular que los casos de negación total se sitúan en torno à unos 200.

—¿La negación del embarazo está reconocida como patología? ¿Desde cuándo se registran los casos?

—La denegación del embarazo es una patología emergente, no porque sea nueva (pues probablemente siempre ha existido) sino porque la sociedad europea empieza a darse cuenta de su existencia. Esto explica que su nivel de reconocimiento sea bastante desigual de un país a otro, en función de la difusión de los conocimientos. Pero estamos en una primera etapa para su reconocimiento generalizado.

En lo que se refiere al registro de casos, el pionero es ciertamente el Profesor Christof Brézinka (de la Maternidad universitaria de Innsbruck) que lleva recogiendo casos desde hace treinta años. En Francia, más específicamente desde Toulouse, llevamos registrando casos desde hace 10 años. Hemos recogido un material muy abundante que nos permitió organizar publicaciones científicas pero también informar al público (Por ejemplo con el libro «99 histoires de déni de grossesse» [99 historias de negación del embarazo]).

—Todo el mundo ha oído hablar del embarazo psicológico, pero no ocurre lo mismo con la negación, ¿por qué es tan poco conocida?

—Esta pregunta es muy interesante. Efectivamente, todo el mundo ha oído algo acerca del embarazo psicológico y no de la negación que es, para decirlo de manera algo aproximativa, como su contrario. Me parece que una de las razones es la apariencia extraordinaria, inverosímil, de la negación. Las primeras en encontrar la situación increíble e incomprensible son las propias mujeres que han padecido la negación. Aunque sea para ellas un sufrimiento muy hondo, no se atreven a dar su testimonio por miedo de que las traten de mentirosas o de locas. El personal sanitario, al encontrarse con un caso, tienden a rechazarlo porque no concuerda con lo que han aprendido.

—¿Qué suele ocurrirle a la madre y al hijo después del parto?

De manera muy general, las negaciones del embarazo son historias que terminan bien. Es decir, que después del parto, el lazo entre madre y bebé se establece ya sea inmediatamente o al poco tiempo. Según pude constatar en varios casos, este lazo es a veces algo más fuerte de lo habitual. Muchas mujeres, sobre todo las ya maduras, me han presentado el niño nacido de la negación como un «regalo de la vida», un poco como si buscasen una compensación a lo ocurrido.

Desgraciadamente, no todos los casos terminan bien. Algunas madres abandonan a la criatura al nacimiento, situaciones muy bien estudiadas por la psiquiatra Catherine Bonnet (de París). En definitiva, en algunos casos de negación total, si la mujer da a luz estando a solas, el bebé puede correr un peligro vital.

—¿Con el paso del tiempo, el desarrollo del niño es normal?

No hay ningún estudio sobre el tema y muy pocas personas nacidas de una negación me han consultado. A pesar de esto, por lo que me dicen las madres o sus parejas, los niños parecen desarrollarse normalmente.