María Lacalle, directora del Centro de Estudios sobre la Familia del Instituto de Investigación de la Universidad Francisco de Vitoria
María Lacalle, directora del Centro de Estudios sobre la Familia del Instituto de Investigación de la Universidad Francisco de Vitoria - abc

«El modelo de familia que propone la Iglesia se encuentra hoy en día con muchas dificultades»

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María Lacalle Noriega es una de las dos españolas convocadas por el Papa Francisco para participar como auditoras en el Sínodo de Obispos que arrancará este domingo y se centrará en la familia. Doctora en Derecho y directora del Centro de Estudios para la Familia del Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales de la Universidad Francisco de Vitoria, María Lacalle ha dedicado gran parte de su vida académica a cuestiones relacionadas con la familia, el derecho a la vida y la enseñanza del Derecho.

-¿Cuál es el trabajo de preparación previo al sínodo? ¿Qué quiere contarle al Papa y a los obispos sobre la situación de la familia y en España?

-Para preparar el sínodo he estado trabajando con el Instrumentum Laboris, que es el documento de trabajo que se ha entregado a todos los obispos y que se ha elaborado en base a las encuestas que el Papa envió hace un año a todas diócesis. En este documento lo que se refleja es la realidad de la familia católica por el mundo.

-Concretamente ¿Cuál va a ser su función en sínodo?

-Yo voy como auditora. No hay que olvidar que audire viene de

oír, escuchar. Yo voy de oyente. Sí, que es cierto que el sínodo va a trabajar, por una parte, en sesiones plenarias y, por otra, en grupos de trabajo. En los grupos de trabajo podré hablar cuando el obispo que presida me de la palabra. En las sesiones plenarias dispongo además de cuatro minutos. Hay que preparar muy bien esos cuatro minutos para decir todo que se quiere decir.

-¿Y qué ideas o reflexiones quiere transmitir a los obispos y al Papa?

-Quiero aterrizar en una propuesta concreta que todavía no tengo clara, pero sí quiero incidir en la idea de formar bien y de comunicar bien el Evangelio de la familia porque en el propio documento se reconoce que cuando se comunica bien es más fácilmente acogido. A mí me gustaría incidir en eso y, además, es lo propio de una universidad como en la que estamos.

-¿En qué consiste el «Evangelio de la familia»?

-Lo que defiende la Iglesia es una familia fundada en unos lazos de amor incondicionales. Esto es realmente bello y en el fondo es lo

que está en el anhelo y el corazón de todo el que ama de verdad porque todo el que ama de verdad quiere que su amor dure para siempre y le gustaría ser amado de la misma manera. Por eso pienso que cuando esto se formula bien y se enseña bien es bien acogido.

-¿Se comprende suficientemente este modelo de familia en la sociedad actual?

-Este modelo de familia que se propone desde la Iglesia se encuentra hoy día con muchas dificultades. Vivimos en una cultura en la que nos cuesta mucho comprometernos. Estamos acostumbrados más a lo provisional, a lo conveniente, a lo útil y vemos que un compromiso de este tipo a veces se ve como algo irrealizable. También porque hay un cierto pesimismo antropológico, que hace que no nos veamos capaces pero en realidad sí que lo somos. Lo puedo decir por experiencia personal porque llevo 29 años casada. Sé que es posible y que también es lo óptimo.

-Desde el punto de vista de una sociedad secularizada, este modelo de familia cristiana no deja de sonar incomprensible

-Cuando se explica bien, todos los comprendemos porque nuestra

propuesta de familia es una familia natural, es decir, ni el matrimonio ni la familia las inventaron los curas o los obispos. Es una institución natural que los cristianos podemos ver con la luz de la fe desde otra dimensión más elevada. Pero eso no quita que el matrimonio y la familia que proponemos sean comprensibles desde la razón natural.

-¿Este tema tan polémico de permitir el acceso a la comunión de los divorciados vueltos a casar es un tema que ha tratado o piensa que es periférico?

-Los medios de comunicación le han dado mucho espacio no tanto en España pero sí en Italia y otros lugares. Viendo el documento de trabajo creo que no es el problema del sínodo. Tristemente la familia atraviesa una crisis profunda y hay otros muchos problemas más importantes y graves que este.

-¿Qué expectativas tiene del sínodo?

-Creo que es muy bueno que la Iglesia se siente a reflexionar sobre la realidad de la familia y sobre las dificultades que atraviesa

porque no es fácil vivir ese ideal del que hemos hablado antes en la cultura actual, ni en Occidente ni en otros lugares del mundo. Allí hay otros problemas pero también hay problemas. El sínodo es una oportunidad fantástica para que la Iglesia reflexionando sobre esa realidad piense qué puede hacer para ponerse al lado de las familias y ayudarlas a vivir en plenitud.