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De vuelta con las pilas cargadas

Romper con la rutina nos oxigena psicológicamente, pero los efectos de las vacaciones se diluyen con rapidez si no se actúa

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¿Sirven las vacaciones para «cargar las pilas» o esta popular expresión usada hasta la saciedad no es más que un tópico que acompaña al inevitable regreso? «El verano, si sirve para algo, es para todo lo contrario (...) para olvidarse de las pilas, menuda metáfora más desgraciada, como si uno fuera un clon o un aparato de radio», se lamentaba el director del ABC Cultural, Fernando R. Lafuente, hace unos años.

Puede que el símil no sea acertado para aquellos a los que emplear el término «desconectar» les hace imaginarse el resto del año como autómatas conectados a una máquina, pero es un hecho que el descanso físico y mental que se alcanza durante las vacaciones resulta beneficioso para la salud. Jessica de Bloom, investigadora de psicología de la salud de la Universidad de Radboud en Holanda, estudió a un centenar de empleados durante semanas, durante y después de las vacaciones y concluyó que el bienestar de los participantes mejoró durante los días de asueto. Regresaron renovados.

«A lo largo del año llevamos al cuerpo a altos niveles de estrés y de ansiedad. Parar, desconectar viene bien a nivel físico y también de salud mental», afirma Silvia Álava, psicóloga del centro Álava Reyes. Tener más tiempo libre permite disfrutar de esas aficiones que «nos activan en positivo y contrarrestan el estrés», continúa la experta. Son los denominados «procesos de recovering (recuperación)», que «nos recargan las pilas», dice.

Algunas investigaciones lo han intentado demostrar científicamente. El estudio que se realiza desde hace ya tres décadas en Framingham (Massachussets) indicó que los hombres que no se cogían vacaciones tenían un 32% más de posibilidades de sufrir un infarto y otro realizado en la Universidad de Nueva York en Oswego, con encuestas a 12.000 hombres, concluyó que quienes se van de vacaciones todos los años reducen su riesgo de morir un 20%. Otras investigaciones han incidido en sus efectos beneficiosos contra la depresión o el insomnio.

«Cualquier ruptura de la rutina ya es buena», subraya el psicólogo Fernando Azor, director de GabinetedePsicologia.com. Olvidarse de los horarios, de la oficina y el ordenador, cambiar de entorno y hasta de vestimenta para permitirse un momento de placer «psicológicamente oxigena», afirma.

Y una mente oxigenada y sin presiones tiene más ideas creativas. «Cuando nos alejamos del problema somos capaces de verlo desde fuera, de forma global y en su conjunto, lo que nos permite atacarlos desde distintos ángulos, algo que resulta muy difícil cuando uno está inmerso en él», explica Álava. Se vuelve con más energía y más ideas, por lo que aumenta la productividad en la empresa.

El «efecto pila», sin embargo, se diluye con rapidez. La investigación de Jessica de Bloom mostró que a los 15 días había desaparecido casi por completo en la mayoría de los participantes. «En las primeras dos semanas se conservan recuerdos vívidos de lo que hemos hecho, pero a partir del mes ya quedan lejos», apunta Azor.

Para quienes experimentan estrés permanente su duración aún es menor. Según un estudio de la Universidad de Tel Aviv de 2001, éstos vuelven a sus niveles de ansiedad apenas tres días después de volver a trabajar. Por contra, quienes calificaron sus vacaciones como «relajantes» alargaron sus efectos hasta ocho semanas, a tenor de otra investigación llevada a cabo en 2010 por el psicólogo Jeroen Nawjin en la Universidad Erasmo de Rotterdam, en París. Investigaciones científicas han demostrado que el descanso permite generar recuerdos más duraderos.

«Cuanto más se haya roto con la rutina en vacaciones, más costará volver, pero mayor será su efecto oxigenante», dice el director de GabinetedePsicología.com.

Existen algunas pautas que ayudan a mantener durante más tiempo esta energía positiva y evitar caer en la tristeza, la apatía y el malestar conocido como «síndrome postvacacional». Fernando Azor admite que resulta difícil porque la tendencia es volver a la rutina anterior, pero «si se integra en el resto del año lo que a uno le hace sentir bien en vacaciones, no se pasa tan mal a la vuelta».

La actitud con la que se vuelve al trabajo es fundamental, a juicio de Silvia Álava. «Si hacemos un hueco a esas pequeñas cosas que nos motivan, a esos «procesos de recovering», no se agotarán las pilas», afirma. Su truco es identificar qué insufla vitalidad al día a día. «No hay que hacer una lista muy grande, sino proponerse pequeñas cosas alcanzables, con fecha y hora, siendo realistas para que no se conviertan en una carga», explica.