secuelas de la falsa violación en málaga La imagen de una sociedad banalizada

Día 22/08/2014 - 14.22h

Los expertos alertan de que las redes sociales contribuyen a que se pierda el respeto «a los demás y a uno mismo»

El fin de fiesta del puente del 15 de agosto dejó dos presuntos casos de violació con varias cosas en común. Dos grupos de cuatro y cinco jóvenes, uno en Gandía, Valencia, el sábado, y otro en Málaga, el domingo, habrían forzado a mantener relaciones sexuales a dos chicas sin su consentimiento. Cuatro días después, el caso de Málaga se ha archivado mientras que el de Gandía ha dado con tres de los supuestos agresores en prisión provisional. La diferencia, que se sepa, radica en que mientras que en Gandía varios testigos vieron cómo se forzaba a la chica, en Málaga los presuntos violadores pudieron aportar un vídeo grabado con el móvil en el que, al parecer, se prueba que el acto fue consentido.

«Que una juez ponga en libertad en 36 horas a cinco sujetos presuntos delincuentes sexuales hoy en España es increíble. Eso significa que lo tiene que tener claro no, lo siguiente», declara el psiquiatra forense José Cabrera. «En España, un país con discriminación negativa hacia el hombre, que una jueza ponga en libertad a estos sujetos implica que tiene unos elementos probatorios contundentes».

«Siempre ha habido violaciones. Lo que se nos está disparando un poco son los acosos y agresiones en multitud. Y es preocupante la ‘desresponsabilización’ del grupo, diciendo que surgió de una fiesta, o que ella lo consentía. Esto es banalizar la conducta», matiza Javier Urra, exdefensor del Menor de la Comunidad de Madrid. «Lo curioso es que con estas nuevas tecnologías se crea una tendencia a grabar un hecho que legalmente es punible, socialmente es reprobable, y personalmente es dañino. Es llamativo, porque cuando alguien hace algo que está mal intenta pasar desapercibido para que no le descubran».

Pérdida de intimidad

La prueba, el vídeo, puede convertirse en agravante si, además de poder llegar a ser una violación, aparecen menores implicados en él. Ejemplos como el de Cádiz del año pasado, donde una menor practicaba una felación a un joven mientras otro lo grababa, cada vez se dan más a menudo. «Antes un adolescente también podía tener conductas relacionadas con el sexo, el alcohol o las fiestas, pero no disponía de esos medios para grabarlo y difundirlo», cuenta Fernando Azor, director de ‘GabineteDePsicología.com’. «En situaciones como el ‘sexting’ con la pareja, hay una sensación de inmunidad, de que se tiene un contrato con el otro. Pero si ese acuerdo afectivo se rompe las consecuencias pueden ser devastadoras. Se pueden crear estigmas sociales que puede acompañar a esta persona durante toda la vida». «No ha habido un repunte en las agresiones sexuales. Igual que en Japón no hay ni una y en La India están a la orden del día, en los países mediterráneos hay una tónica que no ha aumentado», dice Cabrera. «Lo de las grabaciones del móvil forma parte consustancial de nuestra actividad diaria, se ha generalizado. Hay en España millones de móviles que son cámaras: un incendio, un robo, un beso…. Es algo a lo que tenemos que acotumbrarnos, es un testigo por excelencia que tiene la policía, es probatorio en sí mismo», apunta Cabrera. «Ahora bien, aplicado a este caso concreto, no me cuadra. ¿Quién y por qué grabó el vídeo? En este caso concreto, ellos pudieron decir ‘esto no se lo va a creer nadie, grábalo no sea que vayamos al trullo’».

Estigmas sociales

La presunta inocencia de los implicados en el caso de Málaga no quita que el vídeo sea o vaya a ser difundido por la red, con la dificultad que implica impedir que se reproduzca. «Es algo muy frecuente. Cuando el contenido entra en la red se difunde hasta el infinito. Es imposible hacerlo desaparecer del todo», informan desde la Unidad de Investigación Tecnológica de la Policía.

«Yo creo que se esta perdiendo, en algunos casos, el respeto. A los demás y a uno mismo. A tu imagen, a tu honor. Muchas veces la gente actúa bajo los efectos del alcohol o de las drogas, pero creo que a veces se busca esa excusa que sirva de parapeto para algo que se tiene casi previsto», dice Urra.

«Es evidente que la difusión es bestial, aunque bajará con el tiempo», explica Azor. «A veces, casos como el del ‘mamading’ de Mallorca pueden inspirar, pero no siempre. Aunque tener el arma, la cámara, facilita dispararla».

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