El «bonzai», la droga sintética que azota Turquía

El gobierno turco presenta un plan de acción contra este narcótico y endurece las penas para los traficantes

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Las autoridades la consideran «la droga más peligrosa de Turquía». El ‘bonzai’, un cannabinoide modificado químicamente con aspecto similar al de la marihuana, arrasa en el país: su uso se multiplica por 9 cada año desde 2011, cuando fue detectado por primera vez. En 2012, el número de arrestos relacionados con el ‘bonzai’ se multiplicó por 58 respecto al año anterior.

La popularidad de esta droga se ha disparado aún a pesar del severo riesgo que supone para la salud, «cien veces superior a la de la heroína», según Ismail Karakas, director general de la Asociación para Combatir la Drogadicción y el Alcoholismo. «Esta droga destruye completamente la serotonina del cerebro, que es una hormona que contribuye a las sensaciones de bienestar y felicidad. El ‘bonzai’ es famoso por producir sensaciones extremas de ansiedad, provocando que muchas víctimas mueran de ataques al corazón», explica Karakas en una entrevista con la agencia Anadolu.

Pero precisamente esta experiencia es lo que venden sus distribuidores, que lo califican de «viaje de la muerte». A su éxito contribuye su bajo precio: dos liras turcas (unos 70 céntimos de euro) por dosis, hasta el punto de que muchos ‘camellos’ se están pasando de la heroína al ‘bonzai’. «Se puede vender mucho más en poco rato», explica un adicto llamado F.S. en el reportaje de Anadolu.

Barrios deprimidos

La droga, además, no entiende de ideologías. «Si señalamos en el mapa los distritos donde esta droga es popular, vemos números similares de adictos tanto en barrios islamistas como izquierdistas», comenta un agente de la Oficina de Narcóticos de Estambul a la publicación «Al Monitor». «El factor común es que todos ellos son distritos subdesarrollados socioeconómicamente, donde los niveles de desempleo y pobreza son elevados, y los niveles educativos más bien bajos. Los traficantes están tan desesperados que hemos cogido a algunos vendiéndoles a niños de primaria de diez años», asegura.

Los barrios de Huzurevi y Gülsuyu cumplen este perfil: antiguas zonas de ‘gecekondu’, chabolas erigidas de la mañana a la noche por inmigrantes rurales de baja extracción, donde las oportunidades escasean, y donde los narcos imponen su ley. «Todos mis vecinos son traficantes», explica a ABC una señora de edad madura, que lleva décadas viviendo allí. «Es triste, porque yo les he visto crecer, pero no tienen muchas alternativas», indica.

El pasado 18 de junio, el Parlamento turco aprobó una ley que endurece las penas para los narcotraficantes, especialmente para aquellos que vendan a menores de edad. Este miércoles, ante la alarma social generada por esta droga, el gobierno turco presentó un plan de acción contra el ‘bonzai’, en el que los menores adictos arrestados serán obligados a asistir a centros de rehabilitación, cuya ampliación exponencial de recursos está contemplada en el proyecto. El plan también prevé la cooperación de escuelas y asociaciones de padres, y formación especial para los cuerpos policiales.