Médicos polacos se rebelan contra las prácticas que «dañan su fe»

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Más de 3.000 médicos y enfermeras polacos han firmado una declaración de fe donde afirman el derecho a negar tratamientos que contradigan sus creencias religiosas, tal y como recientemente hizo el facultativo que rechazó practicar un aborto a pesar de estar entre los supuestos permitidos por la Ley.

El caso del médico Bogdan Chazan, quien semanas atrás negó el derecho a abortar en un hospital público a una mujer cuyo feto presentaba serios daños cerebrales, ha reabierto en Polonia el debate sobre religión y ética médica.

Una encuesta hecha pública esta semana por el instituto CBS revela que el 52% de los polacos cree que un médico no puede negarse a practicar un aborto legal, algo que según grupos proabortistas sucede con demasiada frecuencia en los hospitales polacos.

La legislación polaca sobre la interrupción del embarazo se encuentra entre las más estrictas de Europa, ya que sólo permite el aborto cuando la salud de la mujer corre serio peligro o cuando se ha demostrado que el feto sufre defectos graves. Esta situación provoca que en Polonia se practiquen cada año hasta 180.000 abortos clandestinos, según señalaron a Efe desde la Federación Polaca para la Mujer y Planificación Familiar.

Al mismo tiempo casi tres cuartas partes de los encuestados (73%) opina que, incluso en una situación de conflicto de conciencia, un médico no puede negarse a realizar pruebas prenatales cuando existe riesgo de un defecto genético o de desarrollo del feto.

A pesar de ser considerado como uno de los países más católicos de Europa, el 59% de los encuestados considera que los facultativos están obligados a realizar tratamientos de fecundación in vitro si la pareja que lo solicita cumple los requisitos, mientras que el mismo número de ciudadanos piensan que los doctores no pueden negarse a expedir anticonceptivos.

Frente a la opinión de la mayoría de ciudadanos, el movimiento médico católico ha tomado fuerza en los últimos años con opiniones como la de la doctora Wanda Póltawska, vieja amiga del difunto Papa Juan Pablo II, una de las iniciadoras de este movimiento para quien «la medicina actual representa el mal».

«Aborto, inseminación artificial y, finalmente, rechazar a Dios como el Creador mediante la práctica de la fecundación in vitro representa una amenaza para la vida eterna de todas las personas que cometen estos actos», justifica Póltawska, adalid de los facultativos que esgrimen su derecho a no practicar tratamientos que atentan contra sus convicciones religiosas.

Mientras el debate continua y hasta el primer ministro, el liberal de centro-derecha Donald Tusk, tomó parte tras el caso entre Chazan y la paciente a la que le negó el aborto, cuando afirmó que «ningún médico debe estar por encima de la Ley».

De hecho, este viernes el ministerio de Salud polaco afirmó en un comunicado que el ginecólogo Bogdan Chazan vulneró con su negativa la norma de practica médica, ya que al rechazar el aborto debería de haber facilitado a la paciente un médico o centro alternativo donde poder realizarlo. Desde el ministerio no se descartan sanciones contra este facultativo, que además de ejercer en un hospital de Varsovia es un destacado profesor de ginecología.