¿Son realmente tan tóxicos los ambientadores de casa?

Actualizado:

La Comisión de Sanidad y Servicios Sociales del Congreso aprobó ayer una proposición no de ley presentada por el Partido Popular por la que se insta al Gobierno «a estudiar los posibles efectos nocivos de los ambientadores para (...) impulsar la retirada de aquellos que produzcan un nivel de emisiones tóxicas que sean perjudiciales para la salud».

El motivo de esta propuesta no es otro que recoger el guante de un informe publicado a finales del pasado año por la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) en el que se denunciaba que algunos difusores, velas perfumadas, inciensos y aceites emitían productos «que resultan peligrosos cuando superan una determinada concentración». En concreto, la OCU avisaba de la presencia de componentes «particularmente dañinos, como el benceno y el formaldehído».

Cancerígenas y tóxicas

El estudio de la OCU no es el único que habla de estas sustancias en los ambientadores. La BEUC, la Oficina Europea de Uniones de Consumidores, ya publicó en 2005 «Emisiones de químicos por ambientadores. Test sobre 74 productos vendidos en Europa». Y sus resultados hablaban entonces de benzeno, formaldehído, terpenos, estireno, ftalatos y tolueno, a los que otros estudios añadían el naftaleno.

Desde la Fundación Vivo Sano, el director de la campaña Hogar sin tóxicos, Carlos de Prada, advierte del peligro de estas sustancias, «que en el caso del benceno es cancerígeno, y en el de los ftalatos producen alteraciones en el sistema hormonal». Un peligro que se acrecienta, subraya, «por el estilo de vida de los occidentales, que pasamos cerca de un 90% de nuestro tiempo en espacios cerrados, respirando una media de 15.000 litros diarios de aire». Pese a ese riesgo, en las etiquetas de estos productos, explica Prada, «por aquello del secreto comercial, no figuran todos los componentes. Como mucho, el principio activo. Pero no el resto. Y su combinación puede ser incluso más nociva. Se cubren con advertencias del tipo de no usar en ambientes no ventilados, aprovechando el vacío legal que existe».

Pasamos un 90% de nuestro tiempo dentro de espacios cerradosJoan Grimalt, experto en Química Ambiental del CSIC, no pone en duda que en esos estudios se hayan encontrado esas sustancias, ni de su peligrosidad. «Efectivamente, el benceno es cancerígeno; el formaldehído es un oxidante muy agresivo y un contaminante que medimos en la atmósfera; los ftalatos tienen un efecto de disruptor endocrino y el naftaleno es directamente un insecticida, y por tanto, un producto pensado para matar... insectos». Pero rápidamente señala que «una cosa son los estudios de las asociaciones y otra los trabajos científicos, en los que antes de su publicación se pasa un estricto filtro de validación de mediciones y conclusiones por parte de otros expertos». Una opinión que no se distancia mucho de la expuesta en 2006 en un documento del Comité Científico de Salud y Riesgos Ambientales», respecto del estudio del BEUC, en el que no se ponía en duda la toxicidad de las sustancias encontradas pero se advertía de ciertas carencias metodológicas.

«Realizar estudios sobre productos de uso cotidiano para mejorar su legislación, está bien. Pero yo me preocuparía mucho más por la contaminación del tráfico, o, dentro de casa, por el uso de insecticidas domésticos» termina diciendo, Joan Grimalt.