Sociedad

Las fantasías sexuales, ¿tabú o terapia para estimular el deseo?

Día 30/03/2014 - 11.36h

Casi tres de cada diez españolas padecen falta de deseo sexual recurrente; en los hombres el porcentaje se reduce a la mitad

Las fantasías sexuales, ¿tabú o terapia para estimular el deseo?
fotolia

Gratuitas, fáciles de elaborar, personales y además «nadie se entera»: son las fantasías sexuales, un tabú hasta hace pocos años que integra parte de la terapia recomendada ante la falta de deseo sexual recurrente, un problema que padecen el 28% de las españolas.

La «ciencia del deseo» ha sido uno de los temas tratados en el XII Congreso de la Sociedad Española de Contracepción que entre el 27 y el 29 de marzo ha reunido en el palacio del Kursaal de San Sebastián a alrededor de un millar de expertos nacionales e internacionales.

En dos mesas consecutivas bajo los títulos «Tengo ganas de ti: el papel de las fantasías sexuales» y «¿Tienes ganas de mí?. La ciencia del deseo», Francisco Cabello, director del Instituto Andaluz de Sexología, y José Luis García, sexólogo que trabaja en el servicio navarro de Salud, respectivamente, analizaron la importancia de un asunto que durante años ha estado encerrado en los denominados «secretos de alcoba».

Lejos de restarle importancia, ambos recomiendan acudir a un profesional que ofrece «recursos» como las fantasías sexuales, el «músculo del deseo», en palabras de José Luis García. «Puede servir un libro, una película o cualquier estímulo que tenga que ver con los sentidos y que se aleje de la rutina», uno de los grandes enemigos de la pasión, según García, que sin atisbo de broma, alienta a las mujeres a «trabajar sus propias fantasías a diario, aunque sea con el fontanero o el carnicero».

Aconseja no obstante cautela porque, a pesar de que «las fantasías sean el músculo del deseo y haya que estimularlas», ponerlas en práctica puede resultar «más arriesgado».

Cabello asegura que los estudios sitúan en casi 3 de cada diez las mujeres españolas que «nunca encuentra el momento» para mantener relaciones sexuales con su pareja, una circunstancia que en lenguaje médico se denomina «deseo hipoactivo». Bajo este concepto se engloba la falta de deseo de forma «recurrente y persistente» durante más de seis meses continuados.

En los hombres el porcentaje se reduce a la mitad y, aunque es cada vez más frecuente la presencia masculina en las consultas, la mayoría son «hombres vinculados al éxito profesional, a la política o las altas finanzas que descuidan la parte afectiva de sus vidas».

En todo caso, el primer paso para solucionar el problema pasa por saber «qué está sucediendo» y, según Cabello, la causa prioritaria de falta de deseo sexual en las mujeres reside en problemas con su pareja, «fundamentalmente la falta de comunicación que se traduce en falta de intimidad». Sin embargo, puede ocultar también otras dolencias y es entonces cuando el «no tengo ganas» puede convertirse en un «síntoma centinela» de otras disfunciones como un transtorno de excitabilidad u hormonal, que puede esconder un tumor, aunque no es lo más frecuente.

«El 70 % de las mujeres que sufren este tipo de disfunciones terminan con falta de deseo», sentencia Cabelllo. El «entrenamiento» en las fantasías se lleva a cabo en las terapias pidiendo a la mujer que las escriba para detectar sus bloqueos y actuar sobre ellos. Ambos expertos coinciden en que las razones de la carencia de deseo en las mujeres no residen en la biología sino en la educación.

Un asunto de educación

En España la «presión religiosa durante la dictadura de Franco en la que la asociación entre política e Iglesia fue prácticamente total no se ha dado en otros países de Europa» y, de hecho, los españoles están en la cola de la clasificación en cuanto a frecuencia sexual se refiere.

Respecto a posibles factores externos como la crisis económica que pudieran influir en la pasión, Cabello cita un estudio llevado a cabo en Andalucía según el cual durante los dos primeros años de paro las parejas aumentan su frecuencia sexual, «bien porque se refugian en el sexo o bien porque tienen más tiempo», aunque una vez transcurrido ese periodo la ansiedad y el estado depresivo que conlleva el no tener trabajo acaba repercutiendo.

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